Prolongar la vida laboral

Por Manuel Pimentel, escritor y ex ministro de Trabajo (EL PERIÓDICO, 16/01/06):

Tantos ríos de tinta vertidos sobre el asunto de las pensiones, tantos debates políticos, tantos acuerdos sociales, para que ahora resulte que los españoles son los ciudadanos del mundo menos preocupados por sus asuntos de la jubilación. Al menos eso se desprende de la interpretación literal del estudio que la compañía AXA ha realizado entre los trabajadores de 11 países: Estados Unidos, Italia, Japón, Alemania, Australia, Reino Unido, Canadá, Bélgica, Francia, Hong-Kong (China) y España. En efecto, mientras que el 44% de los trabajadores de Estados Unidos o el 22% de Alemania conocía al dedillo las cuantías de sus pensiones futuras, sólo el 9% de los encuestados españoles reconocía saber, más o menos, cuánto cobrará a la jubilación. El dato, siempre parcial y limitado, nos suscita inmediatas reflexiones. Primera: o somos los más desahogados y optimistas, o bien los que más confianza tenemos en las cuestiones públicas. Aunque oímos con relativa frecuencia la pregunta de si los jóvenes de hoy cobrarán su pensión mañana, todos estamos seguros de que, de una forma y otra, lo podrán hacer. El sistema de pensiones españoles inspira hoy seguridad y, aunque no debemos decirlo en voz alta, es de los más solventes del mundo. Goza en la actualidad de unos increíbles superávits y está dotándose anualmente de un significativo fondo de reserva, que aún irá a más en estos próximos años. La verdad es que nuestra seguridad social se ha ganado esa confianza entre los ciudadanos, que no encuentran a día de hoy razones de peso para preocuparse demasiado de su pensión. Si esta misma encuesta se hubiese realizado en la crisis de mediados de los años 90, cuando el mensaje oficial fue el de que no habría pensiones para todos, quizá el resultado hubiese sido otro bien distinto. De este desconocimiento de la cuantía de nuestras pensiones deberían tomar nota los responsables del sistema. Quizá es que no lo hayamos sabido explicar con suficiente claridad, refugiados siempre en la compleja terminología técnica de los sistemas de previsión. Una campaña en la que se explique de forma sencilla cómo se estima la pensión que quedaría en función del salario que se cotiza serviría para incrementar ese conocimiento.

ES ESTABLE a largo plazo nuestro sistema de pensiones? Pues depende. Es bien conocido que funciona por el sistema de reparto. Las cotizaciones de los trabajadores de hoy entran en una caja de la que salen las pensiones de nuestros mayores, en un hermoso ejercicio de solidaridad intergeneracional. Y los trabajadores del mañana pagarán las pensiones de los trabajadores de hoy. Como es evidente, ese sistema funciona siempre que entre en la caja el mismo dinero del que sale. La caída de nuestra natalidad y el progresivo envejecimiento de nuestra población parecieron poner en duda la viabilidad del sistema. Esa incertidumbre se ha relativizado con la llegada de la inmigración a nuestro país, que ha Prolongar la vida laboral suplido con creces nuestra bajada de la natalidad. La variable en la actualidad ya no es la de población, sino la de empleo. ¿Seguiremos manteniendo capacidad de generar nuevos empleos? Pues de la respuesta a esta pregunta dependerá la viabilidad del sistema de pensiones público. Personalmente soy optimista, aunque con noticias como la de la elevada inflación que hemos sufrido el pasado año debemos alertarnos contra las realidades que están carcomiendo nuestra competitividad, como el retraso tecnológico o la inflación antes citada. Nuestro sistema público de pensiones será viable a medio plazo, ya que, además del factor de los ingresos –totalmente vinculado al empleo, ya que en ningún caso se podrían subir cotizaciones–, los responsables podrán actuar en otros campos, tal como el de la edad de jubilación o la consideración de la vida laboral completa para el cálculo de la pensión. Aunque la edad legal de jubilación es la de 65 años, nos jubilamos de media a los 62. La encuesta nos indica que la mayoría de los trabajadores españoles desea hacerlo a los 57 años y, de forma casi unánime, los encuestados rechazan la posibilidad de retrasar la edad de jubilación, considerando que no debe prolongarse más allá de los 65 años. Los italianos y estadounidenses se jubilan a los 58; los alemanes, franceses, belgas y británicos, a los 59; los australianos y habitantes de Hong Kong, a los 57, y los japoneses, a los 60 años. Entre los nuevos jubilados españoles esa distancia se está reduciendo: 6 de cada 10 trabajadores se están jubilando antes de la edad legal, colocándonos en el segundo lugar de la muestra detrás de Alemania. Debemos repetir que el interés público apunta hacia otra dirección que la preferencia personal. El sistema no debe incentivar la jubilación anticipada. Al contrario, deberíamos apoyar la prolongación voluntaria de la vida laboral, dado el progresivo incremento de la esperanza de vida y la mejora de las condiciones físicas y psíquicas con las que actualmente encaramos la madurez.

NUESTRAS pensiones no son altas, por lo que muchos pensionistas tienen que reducir bruscamente su nivel de vida. En efecto, la pensión media se sitúa en 915 euros, mientras que el importe necesario para los gastos de la casa se eleva a 1.068 euros, lo que provoca que el 86% tenga que ajustar su nivel de gastos. Por todo ello, además de saber qué pensión tendremos, es recomendable dotarnos de un fondo de pensiones complementario, incentivados, además, fiscalmente. Los españoles somos los que menos ahorramos para este fin, unos 171 euros al año, frente a los 1.040 de los estadounidenses, los casi 500 de Hong Kong o los 418 de Canadá. En fin, que haríamos bien tomando un poco más de interés por nuestras pensiones.