Promesa y peligro para la presidencia argentina del G20

Es junio de 2016 y las cosas parecen estar yendo bien para el presidente argentino, Mauricio Macri. Acaban de aprobar que la Argentina ejerza la presidencia del G20 en 2018. La carrera presidencial estadounidense se está calentando, pero todo indica que es casi seguro que Hillary Clinton va a ganar la nominación demócrata y se encaminará hacia la victoria en noviembre. Macri se siente optimista de poder promover su agenda internacional con un aliado de ideas afines.

Pasemos rápido al día de hoy. Macri se debe de estar retorciendo las manos frente a un contexto internacional que es mucho más desafiante de lo que probablemente anticipó. Aun así, no todo está perdido para la inminente presidencia argentina del G20.

Sin duda, enfrentar al presidente norteamericano, Donald Trump, y su agenda de “Estados Unidos primero” no será tarea fácil. En la Cumbre del G20 en Hamburgo el mes pasado, Trump ya se las ingenió para aislarse de los otros 19 líderes, incluido Macri, al mantenerse firme en su decisión de retirarse del acuerdo climático de París -un acuerdo que prácticamente toda la comunidad internacional considera irreversible.

De la misma manera, Trump ha exigido la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Es poco probable que ese proceso, que comienza este mes, se resuelva rápidamente y, si se lo maneja con torpeza, podría alterar las relaciones de Estados Unidos con los miembros del G20 México y Canadá.

Es más, Trump no es el único factor fuera del control de Macri que puede afectar su capacidad para manejar la presidencia del G20. Existe otra posibilidad concreta de que las negociaciones por el Brexit no se completen para la fecha límite, lo que conducirá a un escenario de “no acuerdo” que genera una sacudida económica seria para Gran Bretaña y posiblemente para la Europa continental. De la misma manera, los muchos conflictos en Oriente Medio, los desastres humanitarios que se desarrollan en África y el deterioro de la situación en Venezuela podrían tener consecuencias desestabilizadoras mucho más allá de las fronteras nacionales.

Las elecciones inminentes en países miembro del G20 en América Latina son otra causa de incertidumbre. En la Argentina van a tener lugar elecciones legislativas en octubre de este año y México y Brasil tendrán elecciones presidenciales el año próximo, donde se espera que a los candidatos populistas les vaya bien.

¿Qué puede hacer entonces Macri para maximizar las posibilidades para la Argentina de una presidencia exitosa del G20? En lo que concierne a Trump, tal vez intente capitalizar su amistad, que es anterior a sus carreras políticas. Sin embargo, esta relación conlleva algunos riesgos, debido a los interrogantes sobre las relaciones comerciales de Trump en la Argentina.

Más prometedor es el hecho de que Macri puede y debería trabajar estrechamente con grupos de la sociedad civil y activistas para garantizar espacio suficiente para la participación. En Hamburgo, los enfrentamientos violentos con los manifestantes dejaron cerca de 200 policías heridos y compañías de seguro alemanas con una factura de 12 millones de euros (14,2 millones de dólares). La Unidad G20 argentina debe admitir la posibilidad de conflicto, especialmente si se considera lo impopulares que son algunas de las medidas de austeridad del gobierno, que ya han derivado en protestas masivas.

En términos más generales, la presidencia argentina del G20 sigue siendo una oportunidad importante para promover la agenda de política exterior de Macri, que hace hincapié en la cooperación internacional. Con el presidente de México, Enrique Peña Nieto, en su último año en el poder y el presidente brasileño, Michel Temer, sacudido por los escándalos, Macri tal vez aspire a posicionar a la Argentina como el líder regional que lleva las perspectivas latinoamericanas al G20.

Este liderazgo le podría permitir a Macri rejuvenecer el aquejado bloque del Mercosur, que incluye a varios países latinoamericanos, y podría respaldar los esfuerzos nacionales por reducir la pobreza a través de un mayor comercio e inversión. Este esfuerzo -y la agenda más amplia del G20 de la Argentina- recibirían un impulso adicional si las negociaciones sobre un acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur se concluyen de manera exitosa en diciembre.

La Argentina también está bien ubicada para utilizar su presidencia del G20 para desarrollar el plan climático y energético acordado por el G19 (sin Estados Unidos). Macri ha declarado a 2017 como el “año de la energía renovable” y se comprometió a que la Argentina satisfaga el 20% de su demanda de electricidad con energía renovable en 2025.

Es más, el gobierno argentino ahora participa en la Coalición de Gran Ambición, que fue instrumental para garantizar el acuerdo climático de París en 2015. Este grupo informal, conformado por países que van desde Alemania y Brasil hasta las Islas Marshall, declaró su compromiso “firme” con el acuerdo. Y la Argentina fue el primer país en presentar un plan de cambio climático nacional más ambicioso como parte del acuerdo de París.

Macri debería sacar ventaja de la credibilidad que confieren estas medidas -que, por supuesto, deben ser ratificadas por el progreso en cuanto a las metas de energía renovable y de reducción de la deforestación de Argentina -para alentar a otros países a revisar sus promesas. El momento no podría ser más oportuno. Como el actual conjunto de promesas es inadecuado para limitar el ascenso de la temperatura global al objetivo del acuerdo de París de “muy por debajo de dos grados Celsius”, las Naciones Unidas llevarán a cabo un diálogo especial en 2018 para alentar a los países a presentar compromisos más ambiciosos antes de 2020.

La Argentina también podría vincular sus metas del G20 en materia de empleos y tecnología con el objetivo de desarrollar una economía de bajo consumo de carbono. Un componente importante de cualquier esfuerzo por combinar estas agendas es la concreción de la estrategia de desarrollo de bajas emisiones de largo plazo de la Argentina antes de la cumbre del G20 de 2018. Después de todo, el progreso en este tipo de estrategias -parte del acuerdo de París- envía una fuerte señal a los inversores que buscan mitigar los riesgos relacionados con el clima y sacar provecho de nuevas oportunidades en renovables, vehículos eléctricos y baterías.

La volatilidad global sin duda afectará la presidencia argentina del G20. Pero también lo harán las propias acciones de la Argentina. Para maximizar las posibilidades de una presidencia exitosa, Macri debería concentrarse en trabajar estrechamente con los aliados europeos y latinoamericanos de la Argentina, reforzando a la vez la credibilidad de su gobierno en cuestiones que son críticas para todos.

Guy Edwards is a research fellow and co-director of the Climate and Development Lab at Brown University. He is co-author of A Fragmented Continent: Latin America and the Global Politics of Climate Change (MIT Press, 2015).

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