Propaganda ‘fake’ y debates

La campaña electoral del 28-A se edifica sobre las procesiones de Semana Santa, las cenizas de Notre Dame y la escandalosa gestión de los debates entre los principales candidatos. La televisión sigue siendo determinante pese al auge de las redes y lo digital y la tradición de la radio y el papel. La final se juega a doble vuelta en la caja lista, que permite a los políticos llegar de forma directa en tiempo y manera a los votantes, siempre y cuando haya reparto proporcional del llamado criterio informativo; esto es, neutralidad y pluralidad, que son obligaciones de todos los medios decentes y libres. Eso incluye a RTVE, donde debiera haber más margen para el periodismo de la verdad, que es el único y el auténtico porque no atiende a lutos partidistas, lazos de militancia o demagogias de urgencia a gusto del relator. Tampoco a la ideología única administrada desde la provisionalidad por decreto impositivo.

Sin la pedantería histórica y recurrente de los debates made in Spain y del legendario Kennedy-Nixon, siempre se ha dicho que su influencia en el elector es relativa por estar limitada a un porcentaje mínimo de indecisos. Pero esta vez, con un 40% del voto sin decidir, los debates a cuatro en RTVE y Atresmedia se convierten en decisivos para el resultado del 28-A en un extraño dos por uno. Pero no nos emborrachemos de marketing ni propaganda: con esta cortina de humo del club de la comedia se ha privado a la democracia y a los españoles del cara a cara Sánchez-Casado por puro cálculo político, estrategia mediática y conveniencia electoral.

La patética ceremonia de la confusión ha glorificado la manipulación de los debates rozando la ruindad populista, la tiranía bolivariana y el engaño global. Pedro Sánchez se ha visto obligado a rectificar y debatir en RTVE, grupo que por sucesivas veces fue humillado debido a esa emergente forma fake de hacer política. Fuimos humillados en el primer rechazo de Sánchez a debatir en RTVE por pura necesidad electoral personal y partidista de visualizar en Atresmedia a la triderecha. Humillados en la propia gestión del plan de cobertura de campaña y oferta de debates de RTVE, que excluye a Vox a sabiendas de que la Junta Electoral Central (JEC) lo va a rechazar asumiendo que pueda colar en Atresmedia, lo cual no es imputable sólo a la responsabilidad de Rosa María Mateo. Humillados al ser obligada RTVE por Ferraz y Moncloa a rectificar la fecha inicial de emisión del debate para favorecer los intereses gubernamentales provocando la mayor crisis histórica de credibilidad de la radio y la tv públicas. Y humillados porque el PSOE finalmente anunció su presencia en los dos debates, incluido el de TVE de hoy, sin que la Corporación rectificara antes, lo cual definitivamente nos puso los pies de los caballos. Las razones para la dimisión de Mateo, que debiera extenderse a buena parte de su dirección, convierten en una broma los trapos de Pilar Miró y la propia legislación electoral.

El flashback de moviola-VAR retrata la pifia de una parte de la clase dirigente y de la dirección de RTVE pero también salpica al Consejo de Informativos. La entrada en pánico por contagio político despertó al CdI del letargo para salvar los muebles de la independencia, esa obligada virtud periodística en orfandad ética tras cohabitar, proteger y contribuir durante nueve meses a la farsa y el dedazo de la era Mateo a la que los suyos han crucificado sin penitencia para salvarse a sí mismos en plena Semana Santa. Sánchez dijo si al debate de TVE en cumplimiento de la doctrina de la JEC que desde el CdI se pone en cuestión por considerar la proporcionalidad una «imposición»; crítica a la que diariamente se da altavoz mediante rótulo en todos los Telediarios. Es precisamente esa doctrina tan vilipendiada la que permite a RTVE organizar el primer debate a cuatro después de una gestión ojalá no deliberada que renuncia a máximos desde la Dirección de Informativos al no ofrecer inicialmente el cara a cara, el debate a cuatro, el debate a cinco y el ya celebrado debate a seis, lo cual hubiera asegurado el encuentro de líderes en TVE sin tener que someternos a carambolas ni que padecer el bochorno de los últimos días hasta alcanzar el esperpento mediático y político.

Dado que se apela a criterios profesionales, resulta paradójico que desde el principio se excluya a Vox en la propuesta de RTVE facilitando la puja de Atresmedia y olvidando el interés general que toca ambos extremos. Precisamente el argumento de la pluralidad fue utilizado por este grupo privado para incluir a Vox, y utilizado en 2015 por el propio CdI para incluir a Podemos en las entrevistas electorales junto a «las fuerzas políticas con representación significativa en la Legislatura recién finalizada», apelando entonces a la presencia «de las que tendrán representación tras las elecciones del 20 de diciembre como recogen todos los estudios demoscópicos», situación actual de Vox por encima de prejuicios ideológicos.

Como algún sindicato ha dicho, el manual de incompetencia demostrado en la gestión fracasada de los últimos meses rige pues para todos los colaboradores necesarios que se tragaron el decretazo como primera decisión del Gobierno de la moción con gran complacencia y contribución de quienes ahora forman la dirección de RTVE. Esa deriva engloba la pérdida de audiencia, el desprestigio continuado, la purga de profesionales líderes, una precampaña de dudosa objetividad con emisión incluida de videos de insulto a la oposición y otras malas prácticas silenciadas hasta llegar a la mutilada oferta electoral y a la gestión fake de los debates que avergüenza a quienes trabajamos en la radio y la televisión públicas.

En consecuencia, cabe esperar que lo que queda de campaña se complete con limpieza mediática y política, incluido el decisivo debate de RTVE. Lo que dicten las urnas servirá para otro gran debate sobre la Loreg y la instrumentalización de RTVE. El futuro pasa por un obligado Pacto de Estado sobre la Radiotelevisión Pública que supere las anomalías evidentes de un defectuoso Concurso Público cuyo mayor escollo está en su viabilidad judicial y la falta de transparencia. Una empresa con 6.500 trabajadores y 1.000 millones de presupuesto que vertebra el sistema y contribuye a las libertades no puede permitirse el espectáculo reciente del decreto a la fuerza y el secuestro de una RTVE que aunque sólo sea por instinto de supervivencia y salud democrática debe ser inevitablemente de todos. Porque no nos engañemos querida Rosa, queridos compañeros, queridos políticos: esta televisión no es de todos, como demuestran los hechos.

Jenaro Castro es periodista de RTVE.

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