Propiedad

Por José Ignacio González Faus, responsable de teología de Cristianisme i Justicia (LA VANGUARDIA, 14/03/07):

El Govern catalán prepara una ley sobre el derecho a la vivienda que contempla la posibilidad de poner en alquiler casas no habitadas, y medidas semejantes. El anuncio de la ley desencadenó protestas airadas, por considerarla un ataque al más sagrado de los derechos,que es el de propiedad. En toda ley hay que considerar dos aspectos: valor moral y eficacia. No siempre van unidos pues, en sistemas injustos o enfermos, medidas éticamente muy rectas pueden resultar ineficaces, porque aquella sociedad no puede digerirlas (algo parecido pasa en el campo de la medicina). Aquí no hablaré de la oportunidad política de la ley, sino sólo de su moralidad.

1. Contra la protesta aludida debemos decir que la propiedad no es un derecho sagrado. Es derecho, pero secundario.Es decir: un derecho que está al servicio de otros primarios. El derecho de propiedad es un medio, no un fin: sirve a otra finalidad más amplia y más justa que es el destino universal de todos los bienes de la tierra. Cuando impide la realización de ese derecho primario en lugar de facilitarla, el derecho de propiedad cesa. Por eso en el campo cristiano, se ha hablado siempre de la función social de la propiedad; expresión que Juan Pablo II intensificó, hablando de una hipoteca social.En situaciones de dificultad grave de acceso a la vivienda, pesa sobre todas las casas y pisos deshabitados una clara hipoteca social.

2. Del principio anterior se sigue que si algo es superfluo para mí y necesario para mi prójimo, deja de ser mío y pasa a ser suyo. Quizá no jurídicamente pero sí moralmente. Por eso, moralmente hablando, quien retiene algo que a él le sobra y otro necesita está robando. Este principio puede encontrarse en toda la historia de la teología moral. De ahí el afán de los moralistas clásicos por aquilatar el concepto de lo necesario según estados y situaciones sociales. Su esfuerzo prueba que se sentían obligados por el principio dicho. Ésa fue la conciencia de la sociedad hasta que Voltaire le dio un golpe de gracia con su hábil desplante: “Lo superfluo ¡tan necesario!”.

3. Por eso, el que da a lo Bill Gates no es un héroe a lo Teresa de Calcuta, sino un señor normal y nada más (por bienvenida y muy de agradecer que sea su donación). Pues no ha hecho ningún acto de caridad heroica, sino lo que estaba obligado a hacer; y la caridad consiste en dar de lo que uno necesita, no de lo que a uno le sobra. No estoy diciendo que quien ha currado inteligentemente no tenga derecho a una retribución mayor, dentro de unos límites (aunque ningún gobierno por izquierdoso que se crea osa hablar hoy de un salario máximo).Por eso, en una economía mucho más primitiva y de intercambio, los padres de la Iglesia repetían que la limosna no era un acto de caridad sino de justicia.

Norma hoy inaplicable, por estar en formaciones económicas mucho más complejas.

4. Terminaré con tres citas, pidiendo al lector a ver si consigue adivinar sus autores:

A. “Refiriéndonos a la ´producción´ de la riqueza, la propiedad es lícita por estas tres razones: a) así todo el mundo es más solícito de procurarse lo que necesita…, b) las cosas funcionan mejor si a cada cual le corresponde el cuidado de una cosa; mientras que si todos han de producirlo todo indistintamente, se arma un lío. Y c) es más fácil vivir en paz allí donde cada cual puede estar contento con lo suyo… Pero refiriéndonos al uso de las cosas, el hombre no debe tenerlas como propias sino como comunes, de tal manera que las comparta con los otros si éstos las necesitan”.

B. “Lo que es de derecho positivo nunca puede derogar lo que es de derecho natural. Pero, según el derecho natural, las cosas inferiores al hombre están destinadas a satisfacer las necesidades de los hombres. Por tanto, lo que procede del derecho humano – como la distribución y apropiación de las cosas- no puede impedir que esas cosas remedien las necesidades de los hombres. Por tanto: ´por derecho natural, todo lo que uno tiene de más lo debe a los pobres para su sustento´. Claro que, si muchos padecen necesidad, no puede ayudárseles a todos con la misma cosa: por eso se deja a cada cual el reparto de sus propias cosas, pero de modo que ayude a los que padecen necesidad”.

C. “Cuando la necesidad de alguien es tan grave y urgente que resulta evidente que debe ser remediada con lo primero que esté a mano, entonces ´cualquiera puede remediar su necesidad con bienes de los demás, tanto si se los quita de modo público como secreto´. Esta acción no revestirá carácter de robo ni de hurto”. [ Por ejemplo: según La Vanguardia,2. II, p. 67, Beckham tiene casi todos los teléfonos móviles de la firma Vertu, hechos con metales preciosos y pantalla de zafiro, entre 3.600 y un millón de euros: más para fardar que para llamar ( “el número de los necios es infinito”, dice la Biblia). Si algún día le desaparece a Beckham el 90% de esos teléfonos inútiles, quizá vayan a la cárcel los autores. Pero quizá no habrán cometido hurto ni robo].

¿Adivina usted de quién son las citas anteriores? ¿Quizás una de Marx el impío? ¿Otra de Proudhon o Lenin? ¿Quizás otra del dictador Castro o del loco de Chávez? O a saber de qué pájaro… Pues no: son todas de Tomás de Aquino, a quien la Iglesia proclama su maestro y teólogo oficial, y que concluye así su tratadito: “Los mismos donativos que se dan a los ministros de la Iglesia deben ser distribuidos por éstos para uso de los pobres”…

Tradúzcanse los textos a una economía donde es ya evidente que enseñar a pescar es mejor que dar pescado. Pero que traducción no signifique traición o desnaturalización.