Proxen(ETA)s de la idea

La Lehendakaritza socialista ha recién amanecido con dos manifestaciones, una en forma de huelga y otra de sentencia judicial. Ambas en sendos planos físicos de realidad aparentemente desagregados que encuentran, sin embargo, una relación metafísica en los propósitos de gobierno de Patxi López. El estrenado gobernador de los vascos y las vascas se ha confesado determinado a desarraigar a ETA de la sociedad vasca, además de perseguirla legal y judicialmente. Desde luego, la huelga no ha sido convocada por ETA y la lista electoral de Iniciativa Internacionalista tampoco tiene relación con los etarras, según el Tribunal Constitucional. Bien, en efecto, lo que ha determinado el Constitucional es que el Supremo no ha acreditado probadamente la vinculación de Iniciativa Internacionalista con ETA y con Batasuna… lo que en democracia quiere decir que, de momento, Iniciativa Internacionalista no es ETA hasta que pueda ser demostrado. Y eso por mucho que Otegi haya tenido la amabilidad de aclararnos cuál es la realidad a pesar de las pruebas, pidiendo efusivamente el voto para Iniciativa Internacionalista.

Desarraigar a ETA de la sociedad vasca es una labor compleja que trasciende el ámbito de lo penal, como es obvio. Además va más allá de desconectar a ETA de algunos ciudadanos, como ya se ha logrado desparasitarla de las instituciones con algún que otro fracaso que invariablemente es coyuntural. No es sólo que haya que trasladar al ciudadano la convicción de que ETA es una estructura criminal intolerable en Euskadi, sino que hay que liberar las ideas que ETA ha prostituido, los conceptos que ETA ha estado chuleando durante cuatro décadas. Ése es el trabajo complicado con el que Patxi López se ha juramentado.

ETA ha prostituido el euskera, las ideas de independencia y de autodeterminación, del movimiento social de trabajadores. Esos conceptos en Euskadi están sometidos a tráfico ilícito con fines de explotación terrorista, como si las ideas fueran personas esclavizadas a las que una mafia ha privado de libertad. Cuando se realizan estudios sobre clientes de prostitución en España, muchos hombres se muestran sorprendidos con la idea de que las prostitutas que han consumido estén ejerciendo una labor forzada. Ellos creían que, aunque cobrando, esas mujeres se expresaban libremente en su amor mercantil. Pues igual ocurre con el euskera y otros conceptos prostituidos por ETA. En la lengua de muchos (afortunadamente cada vez menos) vascos el euskera es como una virgen cuyas caricias se creen recibidas con amor pero que en realidad son fruto de la extorsión. Es una extorsión en este caso simbólica, porque ETA -que sepamos- no es responsable de la política lingüística, pero sí de que muchos relacionen la libertad del euskera con una determinada lucha de liberación. Ese proxenetismo de la percepción lo ha venido aplicando ETA sobre algún porcentaje de la sociedad vasca durante estas décadas.

El seguimiento de la huelga de trabajadores convocada por sindicatos alineados con el nacionalismo abertzale en Euskadi ha sido minoritario. En porcentaje, el seguimiento ha sido equivalente al que se considera apoyo social a corrientes más o menos pro-etarras. Igual es una casualidad. En todo caso, planteándose como un movimiento tectónico de la clase obrera en una especie de rebelión del sustrato nacionalista contra un Gobierno socialista en Euskadi, ha sido un estruendoso fracaso. La huelga es una especie de alegoría de lo que sucede. El abertzalismo creía que toda la masa de trabajadores estaría indignada porque el nacionalismo, supuesto único gobierno legítimo en la mística jeltzale, ha sido desalojado del poder nada menos que por la democracia. Partiendo de esa premisa irreal, se convoca una huelga para comprobar que tras la mística jeltzale se asienta la realidad de los votos. Y que, ahora mismo, la correlación entre una y otra no es la que plantea la Ilíada abertzale.

El territorio de los trabajadores abertzales debería ser el primero por el que comenzaran los esfuerzos libertadores del lehendakari sobre las ideas chuleadas por ETA. El trabajador está por naturaleza apegado a la realidad. El problema es que el pastoreo político que se ha venido haciendo con los trabajadores durante estos años o ha sido de adoctrinamiento nacionalista o de adoctrinamiento abertzale. El constitucionalismo se ha involucrado poco en ese movimiento, también es cierto que atento a la imperiosa necesidad de protegerse de ETA. Los movimientos sociales han sido un feudo nacionalista, lo cual es legítimo, pero también blanco del proxenetismo etarra, que ya es menos legítimo por cuando va encaminado a alimentar las raíces del movimiento totalitario de ETA. Eso que llamaban MLNV.

El último comunicado de ETA insiste más que ningún otro en la última época en la materialización de las vías políticas abertzales como camino hacia un Euskadi sin terrorismo. Incluso existe un apoyo implícito a las aventuras unificadoras que está promoviendo Otegi. Es paradójico, porque está comprobado que el apoyo sociológico a ETA se ha reducido cuando las bases abertzales han comprendido que la banda perjudicaba a la causa política del independentismo, es decir, cuando se ha ilegalizado a Batasuna y a sus siglas. La política abertzale tiene que interiorizar que ETA es su mayor enemiga. Por ahí hay que seguir, aunque ahora las coyunturas procesales les hayan concedido un respiro. La principal vía de intervención contra ETA y su aparataje es la criminológica. Y desde esa línea debería diseñarse el compromiso re-educativo de Patxi López sobre alguna parte de la sociedad vasca ante ETA. No tienen demasiado sentido operaciones destinadas a convencer al abertzalismo de que pueden defender sus ideas bajo el marco democrático: de eso ya tienen plena conciencia. La operación, por el contrario, debería ir dirigida a fomentar ese sentimiento que ya lleva un par de años calando como el sirimiri de que ETA es perjudicial, una rémora, un obstáculo para el progreso del abertzalismo y de sus ocurrencias. En ese punto, cuanto más cercana sienta la presión ese 10% de huelguistas y electores vascos, mejor. También hay que impulsar la liberación del euskera como vehículo de comunicación alejado de las redes proxenetas de ETA. Pudiera ser que una acción psicológica de esas características, si se diseña bien, atraiga votos hacia Aralar. Pero, si es a causa de disminuir el oxígeno a ETA, ¿no estaría bien invertido?

Andrés Montero Gómez