Próxima estación: India

Todavía no está en el centro de las conversaciones, pero todo llegará. Las señales empiezan a ser elocuentes, basta con leer bien. Primero fue la reunión del G-8 en L´Aquila, donde Obama lo formuló así: “No tiene sentido pensar que podemos abordar los retos globales sin la presencia de potencias tan relevantes como China, India y Brasil”. Después fue la fiesta nacional francesa del pasado 14 Juillet,que tuvo por vez primera como invitado de honor a un primer ministro extranjero, Manmohan Singh, de India, que se reunió con Sarkozy después del desfile que este año abrieron, en una iniciativa insólita, cuatrocientos soldados del ejército de India.

¿Qué sucede con India?

Es conocido su carácter de potencia emergente: es la mayor democracia del planeta en términos demográficos; su apuesta por la innovación tecnológica es un caso de estudio; es una potencia nuclear que la convierte en nudo estratégico de la geopolítica sudasiática.

Además, las producciones del cine del llamado Bollywood van por el mundo con voluntad hegemónica, hasta el extremo de que su punto de vista está colonizando culturalmente incluso a una parte de sus vecinos más hostiles. Y es el tercer país con más musulmanes del mundo, después de Indonesia y Pakistán. Sin embargo, ¿basta esto para que empiece a señalarse a India como el centro de un debate de futuro? No, está claro. Hay algo más, realmente esencial, que ahora empieza a adivinarse.

Por eso es tan oportuna la traducción de un ensayo deslumbrante de Martha C. Nussbaum, India. Democracia y violencia religiosa (Paidós), que acaba de llegar a las librerías. Pocas lecturas ensayísticas, entre las recientes, pueden ser tan provechosas este verano. Nussbaum, profesora en la Universidad de Chicago, es una filósofa realmente importante, a la que no se ha prestado entre nosotros excesiva atención, a pesar de que buena parte de su obra está aquí bien editada. Gran conocedora de los clásicos griegos y del pensamiento político contemporáneo, está llamada a ser, a mi juicio, la voz más autorizada y compleja del giro teórico de la época Obama, después del fundamentalismo neocon.No es casualidad que en Chicago Obama diera sus primeros pasos institucionales en la política. Ni lo es que ella figure entre las más tempranas contribuyentes, con mil dólares (allí estas cosas son públicas), en las ya lejanas primarias del año 2000, que llevaron a Obama al Congreso.

En noviembre del 2008, Nussbaum dirigió una carta pública a Obama, entonces presidente electo. ¿Adivinan el tema? Pues sí: India. En concreto, una crítica a la carta que Obama había enviado a Singh a raíz de los atentados en Delhi. Nussbaum le recriminaba un desconocimiento de la complejidad del pluralismo de India y el uso de estereotipos sobre los musulmanes que viven allí. Y, sin cortarse un pelo, le reclamaba un giro estratégico no sólo en las relaciones con India, sino en el orden conceptual. La carta es accesible en internet. Pero el libro, que ahora aparece en castellano, ofrece el punto de vista de Nussbaum sobre India en toda su complejidad y con todos sus matices. Y además, el giro ha llegado.

Según Nussbaum, India puede convertirse, depende de cómo evolucione su pluralismo fundacional, en laboratorio de una grave amenaza para la democracia del mundo. La filósofa despacha como definitivamente obsoleta la visión del choque de civilizaciones (y esa bobada de la alianza,su réplica invertida) y la división del mundo entre islam y Occidente o entre culturas denominadas buenas y malas,que tantos partidarios tiene en todo el espectro ideológico.

India es, para Nussbaum, un ejemplo en positivo, para Estados Unidos y para Europa, de cómo la democracia puede sobrevivir a los ataques y amenazas del extremismo de carácter religioso.

Nussbaum emplea, como motor de la reflexión, el pogromo étnico y religioso del año 2002, en el estado de Gujarat, que acabó entonces con el brutal asesinato de dos mil musulmanes a manos del extremismo hindú, inspirado ideológicamente por los fascismos europeos y avalado por la derecha religiosa en el poder. Y sus conclusiones ofrecen consideraciones de elevado calado para la defensa del pluralismo democrático de nuestra época, más allá del multiculturalismo buenista a lo Benetton y, por supuesto, mucho más allá del racismo cultural de la época Bush que dividió al mundo en países buenos o malos.

En el fondo, el debate en cuestión, que además es de futuro, podría formularse de la siguiente manera: “El choque entre los defensores de la homogeneidad étnico-religiosa y los defensores de un tipo de ciudadanía más inclusiva y pluralista es un choque entre dos tipos de personas dentro de una única sociedad. Al mismo tiempo, este choque es la expresión de tendencias que, en cierto sentido, están presentes en la mayoría de los seres humanos: la tendencia a la dominación como forma de autoprotección frente a la capacidad de respetar a quienes son diferentes y de ver en la diferencia una riqueza para la nación en lugar de una amenaza para su pureza”. Hay que leer a Nussbaum, ¿no les parece?

Xavier Antich