‘Puigdedios’, jefe de la tribu Aché, y el cuco nacionalista

SÍ. Mi sobrina más devota está cumpliendo la Cuaresma, a rajatabla, de una manera muy original: durante cuarenta días y cuarenta noches no utilizará el ‘guasap’. Veremos si aguanta hasta el Jueves Santo, 29 de marzo. Mi promesa para esta Cuaresma era no escribir sobre Puigdemont. Porque ¿de qué sirve seguir hablando de las batallitas del susodicho personaje desde su Waterloo si la Cuaresma, precisamente, es tiempo de purificación y de iluminación?

Iluminación no da mucha Puigdemont, pero un iluminado sí es. Precisamente por esto el president por accidente (de Artur Mas) se ha convertido en el líder ideal y natural para un suicidio colectivo catalán en vías de ser abortado. Si el nacionalismo independentista es la religión más peligrosa, Puigdemont es el único dios verdadero posible, o al menos eso cree él.

En realidad, Puigdemont, más que independentista, es independenteista: la suma explosiva de independentista y teista. Como saben ustedes, el orden universal del teísmo se basa en una relación jerárquica entre los humanos y un pequeño grupo de elegidos que se sienten dioses y hacen comulgar al resto con ruedas de molino. Eso es lo que ha estado sucediendo en Cataluña entre la mayoría de los ciudadanos, nada o poco nacionalistas, y un grupo organizado que ha mangoneado prometiendo la arcadia feliz independentista.

A estas alturas, tal y como está el partido, 120 días después de la aplicación del 155, con Puigdemont en Bruselas y la revolucionaria Anna Gabriel en Suiza, vecina de Urdangarin, el independenteismo nacido el 1 de octubre se parece, sobre todo, a la tribu de los achés.

En 1960 se entró en contacto con una tribu perdida en la selva paraguaya. La comunidad científica se entusiasmó con el descubrimiento porque a través de los Achés, al ser un grupo aislado de la civilización durante cientos o miles de años, podía entenderse cómo vivieron los sapiens, nuestros ancestros, incluso los neandertales.

La tribu de los Achés mantenía una serie de costumbres que coinciden con actuaciones que vemos a diario en la vida política, especialmente en Cataluña. Cuando un enfermo perjudicaba el libre movimiento del grupo y se convertía en una carga, era abandonado. ¿Acaso no es esto lo que ha pasado con Jordi Pujol, el padre del nacionalismo independentista que padecemos ahora?

Cuenta Yuval Noah Harari, en su libro Sapiens, de una lectura luminosa y recomendable, que en cierta ocasión un desahuciado, abandonado junto a un árbol, sobrevivió. Semanas después dio alcance al grupo y al llegar cubierto por los excrementos de las aves que vivían en la copa arbórea, el recuperado fue bautizado como ‘Deyecciones de buitre’. Algo parecido le ha sucedido al superviviente Artur Mas.

Entre los Achés no había una jerarquía fuerte. Sin embargo, cuando moría un miembro principal sacrificaban a la joven más bella de la tribu para que le hiciera compañía en su nueva vida. Esto es lo que quiere Puigdemont: el sacrificio con la repetición de elecciones, a sabiendas de que el resultado favorable del pasado 21 de diciembre no se repetirá en la Cataluña desencantada.

No se llegará a tanto. En los próximos días tendremos “un alivio de luto”, como se decía antiguamente cuando las mujeres, de negro durante meses o años en memoria de un fallecido, se atrevían a ponerse una blusa oscura con puntitos blancos. O, a lo sumo, morada.

El alivio de luto será seguramente la elección como presidente de la Generalitat de uno de los dos Jordis, Jordi Sánchez, el preso al que no aguanta ningún compañero de celda por su monotema catalán. ¿Qué mejor que hacer público el acuerdo entre JxCat y ERC en las próximas horas, mientras el rey está de visita en Barcelona? Si a su tatata…abuelo Felipe V le pusieron bocabajo en un cuadro, a él, si pudieran le mandarían de rey de Cuba o de Venezuela, que es donde debería haberse ido Anna Gabriel en un acto de coherencia.

Y el circo seguirá, en Cuaresma y después de Cuaresma, por poca gracia que haga a nadie. A la ciudadanía normal le pasa con sus políticos como al sultán del cuento: “No es posible que a las 300 les duela la cabeza”, gritó una noche. No es posible que con los miles de políticos que tenemos no sepamos cuál es peor.

Inés Arrimadas, en Cataluña, y Albert Rivera con sus Ciudadanos se han convertido en una tibia excepción que gana temperatura a la vez que sus rivales enfrían el favor de sus votantes. Rivera, catedrático en Nacionalismo, seguramente ignore que el ave que más se parece a un nacionalista es el cuculus canorus. El cuco es un pájaro que al poco de poner sus huevos los lleva a un nido de otra especie. Los deposita allí para eludir sus deberes de crianza, no sin antes tirar los huevos que encuentra. Hasta cien especies diferentes de pájaros son engañados por los cucos, los cuales alimentan las crías de estos como si fueran suyas. En casos como el carricero, la cría del cuco puede ser hasta cinco veces mayor que el involuntario adoptante.

Albert Rivera tuvo la visión y el valor de denunciar el engaño del cuco nacionalista y ahí está, camino de convertirse en el político más votado de España.

Miguel Ángel Mellado es autor del libro ‘Miguel Ángel Blanco, el hijo de todos’ y director adjunto de EL ESPAÑOL.

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