Pujol: la caída del mito del 'payés arreglado'

Resumiendo: procedo de aquellos sectores sociales que por su mentalidad, sus actitudes básicas ante la vida y su escala de valores han construido la Cataluña moderna... Pero mi origen es éste: el de la pequeña, incluso muy pequeña burguesía de pueblo, ahorradores y sentimentales, que aspira a promocionar, a subir, a que los hijos sean más que los abuelos y los nietos más que los hijos, pero a través del trabajo e incluso de la aceptación del riesgo y sus consecuencias".

Esto era lo que escribía Jordi Pujol Soley en un artículo publicado en 'La Vanguardia' el 12 de diciembre de 1979 y que el ex presidente, el ya ex Molt Honorable, incluye orgulloso en su libro 'Historia de una convicción', publicado en 2008 por la editorial Destino. Lo que se ha venido abajo con la confesión del líder de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC) de que durante 34 años ha tenido dinero oculto en cuentas en paraísos fiscales, no es sólo su buen nombre, su prestigio, sino la identificación del nacionalismo con ese "payés arreglado" que cuelga de la pared de su casa el retrato de Sant Pancráç: "St. Pancráç, doneu-nos salut i faina".

Lo que se ha destruido es esa imagen que el propio Pujol se encargó de construir pacientemente durante décadas y que se resume en su lema "somos el partido de los lunes", para resaltar precisamente el amor al trabajo, al esfuerzo, que identificaba la senyera con la honestidad y, por supuesto, con CDC.

Es lo que tiene la fabricación de los mitos, algo en lo que sí ha sido pionera la acomodada sociedad catalana, que ha permitido la construcción de una gran mentira porque le venía bien o, sencillamente, porque tenía miedo a levantar la voz, a desafinar en medio de un coro tan uniforme.

Todo en la manera de hacer de Pujol ha tenido ese toque de trascendencia, de conexión con algo superior, simbólico o... sentimental. Hasta la creación de CDC está rodeada de ese misticismo: el 17 de noviembre de 1974, en Montserrat, ¡justo cuando se celebraban los 75 años de la fundación del Barça!

No, Pujol ya no puede envolverse en la senyera como hizo cuando se produjo la quiebra de Banca Catalana. "Nos pusieron en el mismo saco que a los banqueros aventureros y delincuentes e intentaron que los acompañáramos a prisión. Un acto vergonzoso que, con toda la razón, me haría exclamar desde el balcón de la Generalitat: Han cometido una acción indigna" (Historia de una convicción). Cuando el entonces presidente del Gobierno de Cataluña hizo esa declaración institucional, las cuentas opacas en paraísos fiscales ya llevaban abiertas cuatro años.

Qué lejos quedan las plegarias a San Pancracio de comportamientos definidos por la UDEF ("¡Qué coño es la UDEF!", ¿recuerdan?): "falsedad de las relaciones mercantiles"; "falsedad de las facturas y de los supuestos servicios"; "interponiendo además sociedades y personas, a modo de capas de cebolla"; "transacciones que supusieron un revertimiento de ingentes caudales a las arcas personales"; "recalificación urbanística"; "plusvalías ilícitas"; "simulación de la intermediación, disimulando la percepción de una comisión"; "plusvalía millonaria a cuenta de pelotazo urbanístico y pago a la familia Pujol".

Todos estos entrecomillados los he extractado del informe de la UDEF fechado el 14 de junio de 2014, en el que se da cuenta de la investigación de las actividades de Jordi Pujol Ferrusola, el hijo mayor del ex presidente de la Generalitat.

¡Ah, la familia! Oriol (la esperanza blanca de CDC), Jordi, Oleguer,... ¿Tendrá todo ello que ver con la "aspiración a promocionar, a subir, a que los hijos sean más que los abuelos"? Bueno, mejor será que no hablemos de los abuelos...

La pujanza de esta familia fundadora de la nueva Cataluña, cuya fortuna, que podría alcanzar los 1.800 millones de euros (sólo en Andorra han movido 500), se ha acumulado en el ambiente fétido del miedo, del temor al poderoso que han denunciado ante la Policía los empresarios Laura Cutillas y Jorge Juan Flor.

Es lo que pasa cuando un partido se identifica con una persona, con una familia. ¿Cómo justificar ahora, como hace Artur Mas, el hijo político de Pujol, que se trata de un problema particular, privado?

No. Eso es imposible y por ello los nuevos cachorros del nacionalismo hablan de "refundación".

CDC, el nacionalismo moderado, está herido de muerte. Y el gran beneficiario de este batacazo monumental no es otro que ERC y su líder, Oriol Junqueras.

Algunos de los colegas, fundadores como Pujol de CDC, después CiU, reconocen que la situación es «insostenible». Más aún cuando temen que las revelaciones policiales o judiciales aporten nuevos datos que aumenten aún más la ignominia del enriquecimiento ilícito organizado y protegido por la Generalitat.

"Lo que tememos", me confiesa uno de ellos, abogado de reputación en Barcelona, "es que las investigaciones liguen de alguna manera esas cuentas en paraísos fiscales con las que tenía el padre de Artur Mas".

En efecto, esa es una de las líneas de investigación de la Policía. ¿Cómo puede negociar, desde una posición supuestamente de fuerza, el líder de un partido con ese techo de cristal? Sin embargo, se equivocan los que creen que el escándalo de la familia Pujol va a parar el reto soberanista, que tiene marcada su primera meta volante en la consulta del 9-N. Mas ya no se puede bajar de ese tren que él ya no conduce. Es demasiado tarde.

La confesión de Pujol y las investigaciones sobre el origen de las fortunas de sus hijos, con el debilitamiento consiguiente de CDC, van a tener consecuencias políticas inmediatas.

Aunque ERC ha mantenido una prudencia exquisita, e impropia de un partido que dice luchar contra la corrupción, respecto a las cuentas de los Pujol, la decisión del partido independentista de apoyar la comparecencia del ex Molt Honorable es un síntoma de que algo puede cambiar en las próximas semanas.

La especulación, todavía sólo especulación, que recorre los despachos ilustrados de Cataluña, es que ERC, fortalecida por los escándalos de su socio, tiene la tentación de romper amarras e intentar forzar un adelanto electoral con la intención de formar gobierno con la CUP, ICV y el conglomerado que se está formando en torno a Podemos.

Una Cataluña gobernada por la izquierda independentista. ¿Se imaginan? Un Gobierno catalán que, unilateralmente, decida proclamar la independencia.

No, no es ciencia ficción. Es una posibilidad real. Tan real que está siendo seriamente analizada por algunos departamentos del Gobierno. "¿Y en ese caso?", pregunto a un ministro. "Nosotros no tendríamos más remedio que suspender la autonomía".

Casimiro García-Abadillo, director de El Mundo.

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