Punto de vista: «2015 será el año del despegue definitivo»

Juan T. Delagdo: Recuperación con riesgos políticos

Las crisis económicas suelen estallar de manera brusca: sin esperarlo, millones de ciudadanos y empresas se precipitan hasta el suelo desde la cima en caída libre, en un batacazo brutal que revienta hogares felices y destroza negocios sólidos. Pero el retorno a la cumbre es fatigoso. Las heridas sanan a un ritmo desigual según el escalón que cada cual ocupe en la pirámide: a las rentas más altas la onda expansiva les llega sólo de refilón; a las medias les rebana el salario o les enseña lo frías que son las oficinas del Inem; y a las bajas las expulsa de un volantazo a la cuneta de la sociedad, a un terraplén baldío del que resulta difícil -o imposible- salir.

2015 será el año del despegue definitivoEn 2015, muchos españoles tendrán un nivel de vida cercano al que disfrutaban en 2007, cuando la crisis apenas asomaba las orejas. La mayoría con nóminas podadas, con ojeras y arrugas ya perennes, después de años peleando por recobrar el empleo o mal durmiendo por miedo a perderlo. Pero habrán recuperado algo parecido a su vida anterior y, sobre todo, la confianza. Y ésta es el gran pilar de la recuperación.

La esperanza en el futuro no cobra forma como una inspiración repentina, sino tras un proceso de asimilación de factores externos. Uno no da determinados pasos -comprarse una casa, lanzarse a abrir un negocio o cambiar de coche- si la realidad no le transmite garantías. Muchos españoles ya las vislumbran: funcionarios, empresarios que han soportado el pulso, asalariados con elevada formación y amplia experiencia… Todos verán respaldadas en 2015 sus certezas, gracias a una conjunción de elementos que remarán a favor de la recuperación.

El primero son los datos: salvo el paro humillante, los principales vectores de la economía son cada vez más consistentes: el impulso del consumo, el turismo o la inversión auguran un crecimiento del PIB mayor del 2% que prevé el Gobierno. El segundo es la aparición -por fin- del crédito: el dinero barato repartido por el BCE, los bajos tipos de interés y la fuerte reducción del endeudamiento familiar alentarán la guerra entre las entidades por dar nuevos préstamos. Y el tercero es un regalo caído del cielo: el descenso de los precios de la energía, desinflados por el pinchazo del crudo, dará oxígeno a las arcas del Estado y a los bolsillos de los consumidores.

El mayor riesgo para 2015 no viene, paradójicamente, del exterior (donde se detonó la crisis), sino de dentro. Si quienes gobiernan caen en la complacencia por el trabajo ya hecho o el electoralismo ante lo que queda por hacer, si la inestabilidad política se convierte en un alto riesgo para la prima, la recuperación quedará en un espejismo y millones de parados perderán las pocas posibilidades que tienen de abandonar la cuneta.

Pedro Simón: Se llama Hilaria Jiménez

Podríamos decir que, a 28 de diciembre de 2014, sólo uno de cada tres españoles tiene todas sus necesidades cubiertas, que a estas horas de la mañana cinco millones se encuentran en situación de exclusión severa, que a día de hoy un 15% de los que tienen trabajo también es pobre o que, desde que Lehman Brothers hizo catacrack, la diferencia entre ricos y parias se ha incrementado en España en un 30%.

Pero mejor lo vamos a resumir en dos palabras. Dos palabras arrugaditas, desmemoriadas, en zapatillas de fieltro: Hilaria Jiménez.

Se llama Hilaria Jiménez la anciana de 91 años y 362 días a la que la Administración le ha denegado este noviembre la alimentación terapéutica que le venía financiando desde 2009.

Se llama Hilaria Jiménez la enferma de alzhéimer que vive con su hijo («fui a hablar con el endocrino y me dijo que era por los recortes») y cuya pensión ya no le alcanza para la nutrición farmacológica.

Se llama Hilaria Jiménez la mujer que languidece desde que le quitaron el compuesto, y luce úlceras en la boca, y aplasta una pelota de espuma en la mano con la mirada perdida.

España va mejor porque Rajoy ya lo adivinó, porque el salario mínimo subirá la desorbitante cantidad de tres eurazos, porque el número de millonarios durante la crisis ha crecido el doble que en el resto del mundo y porque Rita Barberá se ha comprado otro bolso Louis Vuitton donde le caben todos los Calatravas.

A Zapatero le costaba un horror decir la palabra crisis y Rajoy pone los morritos de Vaquerizo cuando llega a la u de la palabra recuperación.

A nosotros ya sólo nos salen dos palabras: Hilaria Jiménez.

Uno no conocerá la letra pequeña de la macroeconomía, pero sí conoce a un montón de gente que se pasa los días haciendo cuentas.

(…)

O hablamos en idiomas distintos o aquí hay alguien que no consulta el diccionario de la RAE: Recuperación. De recuperar: volver a tomar o adquirir lo que antes se tenía.

Volver a tomar lo que antes se tenía supone que a las 700.000 familias que viven sin ingresos en España les devuelvan las ganas de mirarse al espejo, que a Raquel Martínez -una madre de seis hijas que este viernes nos llamó al periódico porque no tenía leche para desayunar y antes de la crisis sí- se le aparezca la vaca de Milka en su casa, que alguien reconstruya un puente de madera que saltó en mil astillas hace tiempo.

Vivimos sobre una grieta que crece como una metástasis. Ya hay toda una España a la deriva, cada vez más náufraga. A lo peor, la niña de Rajoy acaba siendo una anciana sin memoria que el 31 de diciembre cumple 92 años.

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