¿Putin derribó a Draghi?

Las huellas digitales del presidente ruso, Vladimir Putin, parecen estar por todas partes en los recientes desenlaces políticos que culminaron con la renuncia de Mario Draghi como primer ministro de Italia.

Luego de la invasión de Ucrania por parte de Rusia a fines de febrero, Draghi respondió decisivamente respaldando fuertes sanciones contra Rusia y ofreciendo respaldo político, financiero y militar a Ucrania. Pero ambas acciones exigieron superar la resistencia de los partidos populistas al interior de su propia coalición de gobierno de unidad nacional: el Movimiento 5 Estrellas, liderado por el ex primer ministro Giuseppe Conte, y el partido Liga de Matteo Salvini. Y a medida que se prolongó la guerra, el contraataque de estas dos fuerzas pro-Putin creció.

La embajada rusa en Roma, que presumiblemente detectó una oportunidad, ha venido cortejando a Salvini desde hace meses, consiguiéndole inclusive un billete de avión a Moscú para una “misión de paz” en mayo pasado (sobre la que ni se preocupó de informar a Draghi). Si bien este viaje fue cancelado a último momento luego de una protesta pública clamorosa, Salvini había cenado con el embajador ruso a comienzos de marzo, justo una semana después de la invasión de Rusia.

Asimismo, el ex primer ministro Silvio Berlusconi, un amigo personal de larga data de Putin, había tenido por lo menos una llamada telefónica con el embajador ruso en los días previos a la salida de Draghi. Y, en mayo, se informó que un funcionario del partido de Berlusconi, Forza Italia, y un alto diplomático ruso le preguntaron a un emisario de la Liga cuándo Salvini planeaba abandonar el gobierno de Draghi.

Sabemos todo esto porque el sistema político de Italia es demasiado caótico y está abarrotado de amateurs como para ser opaco. Muchos partidos y políticos lisa y llanamente carecen de disciplina para las maquinaciones secretas. En este sentido, es probable que más detalles sobre los esfuerzos rusos por alentar la remoción de Draghi salgan a la luz.

Estas maniobras no son nuevas. En 2018, funcionarios de la Liga viajaron a Moscú en busca de financiamieto de Rusia; y a comienzos de 2020, el gobierno de Conte permitió a Putin enviar una misión militar gigantesca a Italia con el pretexto de ofrecer ayuda humanitaria durante la pandemia. Frente a estas acciones pasadas sospechosas, hay observadores políticos y agentes italianos que hoy simplemente dan por sentado que el Kremlin presionó a sus socios italianos para sacar al gobierno de Draghi del camino. Después de todo, se sabe que el Kremlin se inmiscuye en la política democrática occidental, desde interferir en el referendo por el Brexit de 2016 y la elección presidencial de Estados Unidos hasta financiar al partido de extrema derecha Asamblea Nacional de Marine Le Pen en Francia. No hay motivos para pensar que no implementaría una táctica similar en Italia, dada la oportunidad de sembrar división al interior de la Unión Europea.

En la misma línea, el Grupo Wagner, la organización mercenaria vinculada al Kremlin, supuestamente está facilitando flujos de refugiados a Italia desde los territorios libios donde opera, dándole a Salvini un pretexto para seguir apelando a su plataforma habitual anti-inmigración antes de las elecciones anticipadas en septiembre. Nuevamente, esto no es nada nuevo: Bielorrusia desplegó la misma estrategia contra Polonia y Lituania el año pasado, casi con certeza con la connivencia de Putin.

Las encuestas de opinión recientes le han dado una clara ventaja a una coalición de derecha integrada por la Liga, Forza Italia y los “post-facistas” Hemanos de Italia, bajo la conducción de Giorgia Meloni. Pero lo que todavía está por verse es si el aparente rol de Rusia en la caída de Draghi afectará la elección italiana. Si bien las revelaciones hasta el momento generaron agitación, la cuestión se diluyó rápidamente.

Sin duda, una encuesta reciente demuestra que Putin es profundamente impopular en Italia: el 56% de los italianos culpa a Rusia por la guerra. Pero los italianos no son los únicos en su tendencia a votar en base a cuestiones cotidianas, más que en respuesta a intrigas internacionales y, aquí, la coalición de derecha ofrece algo para todos. Si bien quienes son pro-rusos pueden votar por la Liga o Forza Italia, quienes se sienten más pro-occidentales o pro-ucranianos pueden emitir su voto por Hermanos de Italia, que hoy lidera firmemente las encuestas.

Si bien Meloni se oponía a las sanciones contra Rusia en las elecciones de 2018, desde entonces ha adoptado una postura diferente, respaldando la decisión de Draghi de entregarle armas a Ucrania y advirtiendo sobre la posibilidad de que Italia se convierta en “el eslabón débil de la alianza occidental”. Pero no está del todo claro cuál sería la postura en materia de política exterior de un gobierno liderado por Meloni.

Meloni le debe su ascenso político en gran medida al carisma personal y a una agenda de “Dios, familia y patria” consistentemente vaga, que le ha permitido no brindar detalles sobre lo que realmente piensa o lo que tiene intenciones de hacer en el cargo. Prácticamente no ha dicho nada sobre su agenda de política económica, sobre las raíces fascistas de su propio partido o sobre sus relaciones amistosas con el primer ministro autoritario de Hungría, Viktor Orbán, y el partido español neo-franquista Vox. Por lo tanto, muchos italianos han tomado sus declaraciones de lealtad pro-occidental al pie de la letra.

Ahora bien, ¿Meloni realmente seguiría los pasos de Draghi e implementaría sanciones contra Rusia, o inclusive las haría más severas? Lo más probable es que estaría mucho menos comprometida con el régimen de sanciones que Draghi. A comienzos de esta primavera, dijo no sólo que Italia debía recibir una “compensación” de la UE por el costo de las sanciones, sino también que Estados Unidos no debería esperar que Italia sea el “caballo de batalla de Occidente” al reducir sus exportaciones a Rusia.

Más allá de cuánto más sepamos sobre los esfuerzos rusos por pergeñar la caída de Draghi, una cosa ya es clara: el Kremlin debe de estar mirando la perspectiva de un gobierno de Meloni-Salvini-Berlusconi con esperanza y júbilo.

Federico Fubini, an economics journalist and editor-at-large at Corriere della Sera, is the author, most recently, of Sul Vulcano (Longanesi, 2020).

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