Putin, Jodorkovsky y el drama social ruso

Por K. S. Karol, periodista francés especializado en cuestiones del Este (EL PAIS, 05/11/03):

De forma casi unánime, la prensa rusa y la occidental defienden al oligarca Mijaíl Jodorkovski, propietario de Yukos y hombre más rico de Rusia. Su arresto espectacular, diez días atrás en Novosibirsk, ha sido considerado como una muestra del autoritarismo de Vladímir Putin, y algunos -y no los menores, como el Financial Times de Londres o Le Monde de París- temen incluso una vuelta a los métodos estalinistas. Nadie se atreve a pretender que Mijaíl Jodorkovski, que partió de la nada, haya podido hacerse multimillonario respetando las leyes. Pero subrayan que esto también es válido para todos los oligarcas que se parecen mucho a los magnates ladrones estadounidenses del siglo pasado. Al parecer, últimamente, el propietario de Yukos (que el pasado lunes renunció a la presidencia de esa empresa) habría demostrado ser el mejor subvencionando las instituciones benéficas, al comprar la Universidad de Ciencias Humanas de Moscú y al contemplar vender el 40% de su empresa a grandes compañías petroleras de Estados Unidos. Era la forma de integrar a Rusia en la economía mundial globalizada y de convertir a su empresa en intocable.

Vladímir Putin y su entorno no apreciaron este proyecto. Investigando los documentos de Yukos, el fiscal general se convenció de que Jodorkovski era culpable de estafa a gran escala y de evasión fiscal, unos cargos que le pueden costar 10 años de cárcel. Tras esto, el fiscal general congeló el 44% de las acciones de la empresa situadas en paraísos fiscales en Chipre o en la isla de Man. Al mostrar esta resolución, el fiscal y el presidente aparecieron como los siloviki (representantes de la fuerza), como se llama generalmente a los hombres del KGB (FSB en la actualidad). ¿Qué hay de cierto en ello?

El presidente de Rusia fue un kadrovyi officer (oficial de alto rango) del KGB y no lo oculta. Confió algunos de sus ministerios a sus antiguos amigos de trabajo, originarios como él de San Petersburgo. Pero esto no es suficiente para ocupar todos los puestos del Gobierno, por no hablar de la pletórica administración del presidente. Además, no todos los antiguos miembros del KGB permanecen en contacto con dicha institución. Muchos han pasado al sector privado, donde se les paga mejor. Otros no mantienen ningún contacto con su antiguo trabajo. Conozco en Moscú a un ex presidente del KGB y a otros que trabajaron allí anteriormente que en la actualidad no tienen ninguna relación con este temible comité. ¿Se les puede calificar de siloviki? Opino que es absurdo.

La realidad es completamente distinta. En 1999, último año de la presidencia de Borís Yeltsin, éste estaba tan débil que en el Kremlin reinaban Borís Berezovski, Tatiana Diatchenko (la hija del presidente) y Valentín Yumachev, su antiguo redactor de discursos (estos últimos se casaron más tarde). En marzo de 1999 eligieron a Alexandr Volochin, un ex socio de Berezovski con dificultades con la justicia, como jefe de la administración presidencial. Cuando llegó la hora de ceder el mando a su sucesor, Yeltsin se fió de Vladímir Putin, pero juzgó útil imponerle dos ángeles de la guarda: Alexandr Volochin y el actual primer ministro, Mijaíl Kasianov (conocido como “Don 2 %”, el porcentaje que retenía de las grandes transacciones). Berezovski, muy hablador, presumía demasiado de haber sido el autor de estos arreglos en la cumbre y tuvo que ser obligado a exiliarse.

Durante los cuatro años de Putin en el poder, Alexandr Volochin, el número dos del Estado, ha permanecido en la sombra, sin ofrecer ruedas de prensa, ni conceder entrevistas en televisión. Silencioso, se sentaba a la derecha del presidente. En la primavera pasada, viajó a Estados Unidos para reunirse con el mundo empresarial y probablemente para facilitar la operación de Jodorkovski, que tenía por objetivo la alianza de los grandes del petróleo. De repente, el 25 de octubre fue informado de que el empresario más importante de toda Rusia había sido arrestado y encarcelado. Inmediatamente redactó su carta de dimisión. Pero ésta sólo fue aceptada una semana después, ya que Putin trató de disuadirle. Así pues, “el cerebro” dejó el Kremlin y fue reemplazado por Dimitri Medvedev, joven jurista de San Petersburgo, que nunca perteneció al KGB, a pesar de la afirmación de un importante diario francés.

El segundo guardaespaldas de Yeltsin, el primer ministro Mijaíl Kasianov, menos discreto que Volochin, ya ha hablado en dos ocasiones de su oposición al arresto del empresario. Pero Putin, tras encarcelar a Jodorkovski, pidió solemnemente a los miembros del Gobierno que no se volvieran a mezclar en los asuntos judiciales. No obstante, a partir del día siguiente, Mijaíl Kasianov volvió a pronunciarse en contra el arresto del oligarca y contra la congelación de las acciones protegidas en paraísos fiscales. En la actualidad, se espera la reacción del presidente. Es posible que también se deshaga de Kasianov, lo que significaría que se siente lo bastante fuerte como para andar sobre sus piernas, sin “ayuda” de los hombres de Yeltsin. Pero es sólo una hipótesis.

Mientras se desarrollaba este drama que provocaba una conmoción en la Rusia de las grandes fortunas, ocurría un accidente trágico en Novochaktinsk, cerca de Rostov en el Don. La prensa y la televisión informaron que 46 mineros estaban bloqueados a 700 metros bajo tierra, y mostraron cómo 33 eran salvados y cómo, tras luchar duramente a lo largo de cinco días, se lograba subir a la superficie a otros 11, mientras que dos habían muerto o desaparecido. Mientras esperaban el desenlace, las esposas de los mineros explicaron que sus maridos bajaban a la mina sin que se les hubiera pagado desde el mes de marzo. Las familias sólo llegan a fin de mes gracias a las mujeres que trabajan en la fábrica textil o que venden en el mercado. A este panorama de miseria popular se ha añadido la declaración del alcalde de Rostov en el Don, ¡que promete a todos los supervivientes una prima de 40 dólares!

Recientemente, en Moscú, una asociación de jubilados organizó una manifestación para protestar contra las condiciones de vida de las personas mayores y para hacer algunas preguntas molestas: ¿es justo que el multimillonario Jodorkovski pague el 13% como impuesto sobre la renta como cualquier obrero? Rusia es el país del impuesto único, que no hace ninguna diferencia entre los muy ricos, los ricos y los que apenas tienen para sobrevivir.