Putin sobre hielo

Las temperaturas globales est√°n en aumento, pero los conflictos congelados de la ex Uni√≥n Sovi√©tica no dan se√Īales de querer derretirse. Por el contrario, el hielo se est√° expandiendo.

El respaldo por parte de Rusia de la elección llevada a cabo por los separatistas en Donetsk y Luhansk -ciudades clave en la región Donbas de Ucrania- indica que el Kremlin ha decidido crear otra "mini Guerra Fría" semipermanente, esta vez en zonas controladas por los rebeldes del país vecino más importante de Rusia. Pero hacerle el vacío al gobierno legítimo de Ucrania en la región es potencialmente mucho más desestabilizador que el respaldo que el Kremlin les pueda dar a los otros territorios ex soviéticos separatistas: Transnistria de Moldova y las regiones georgianas de Abjasia y Osetia del Sur.

Al desdibujar su frontera con Ucrania, Rusia está creando una nueva relación con una entidad anómala e internacionalmente irreconocible que pertenece, cultural e históricamente, no a la imaginaria "Novorossiya" (Nueva Rusia) proclamada por los separatistas, sino a la Unión Soviética "no muerta". El interrogante es por qué el presidente ruso, Vladimir Putin, y su entorno ven el conflicto congelado en Donbas, creado para impedir un acuerdo político o una paz duradera, como un desenlace positivo para su país.

En el marco de sus fronteras actuales, Donetsk y Luhansk tienen una importancia geoestratégica insignificante para Rusia. Es más, una Donbas independiente le impondría costos sustanciales a Rusia, que supuestamente se vería obligada a reconstruir y sostener una economía privada de cualquier otra inversión extranjera.

A diferencia de Transnistria o Abjasia, Donbas est√° sumamente industrializada y depende de subsidios; su infraestructura est√° devastada; y sus empresas son, en gran medida, propiedad de oligarcas, que huyeron a Kyiv, Londres o Par√≠s, y no a Mosc√ļ, para escapar del conflicto. Si a esto le sumamos el estado legal irregular de estas "rep√ļblicas populares" autoproclamadas, que torna imposible que los productores industriales de Donbas puedan hacer negocios con el mundo, las perspectivas econ√≥micas (y sociales) de la regi√≥n parecen desalentadoras.

Los ciudadanos de las otras regiones separatistas respaldadas por Rusia desde hace mucho tiempo están subyugados por sus escuálidos sistemas "democráticos feudales", en los que los líderes locales sistemáticamente montan elecciones falsas y basan su poder en corrupción y clientelismo de características mafiosas. Después de meses de promesas vacías de los líderes separatistas, es improbable que los ciudadanos de Donetsk y Luhansk acepten silenciosamente la transformación de Donbas en otra entidad paria aislada internacionalmente que beneficia a las redes criminales con sede en Rusia.

Al establecer un conflicto congelado en Donbas, Rusia le ha clavado una espina a Ucrania y, en el corto plazo, complicó las relaciones entre el presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, y el primer ministro del país, Arseniy Yatsenyuk. Pero también garantizó que, en el más largo plazo, el estado ucraniano se vuelva a consolidar en torno a un sentimiento y políticas anti-Rusia -lo que implica que Rusia no podrá normalizar sus relaciones con Ucrania por décadas.

Es m√°s, el respaldo de Putin a los separatistas de Donbas es el clavo final en el ata√ļd de su proyecto de integraci√≥n regional, una Uni√≥n Econ√≥mica Euroasi√°tica (UEE) liderada por Rusia. Ir√≥nicamente, las ambiciones rusas de una UEE es lo que aliment√≥ su respuesta en√©rgica a la tendencia occidental de Ucrania. Putin reconoci√≥ que, sin Ucrania, el bloque no podr√≠a cumplir su visi√≥n de un rival viable para la Uni√≥n Europea. Sin embargo, la violaci√≥n flagrante y sin remordimientos de la integridad territorial de Ucrania por parte de Rusia no s√≥lo contamin√≥ las relaciones con Kyiv, sino que tambi√©n amenaza impl√≠citamente a los potenciales miembros de la UEE, especialmente Kazajst√°n, cuya categor√≠a de estado independiente Putin cuestion√≥ abiertamente.

¬ŅCu√°l es el r√©dito geopol√≠tico para Rusia de transformar una Donbas inestable en un contexto perdurable del interior sudoccidental de su pa√≠s? ¬ŅPor qu√© el Kremlin mostrar√≠a "respeto" por elecciones que pr√°cticamente ning√ļn otro pa√≠s reconocer√°?

La respuesta podr√≠a ser simplemente que el Kremlin se meti√≥ en camisas de once varas. Los medios estatales de Rusia, junto con los nacionalistas dom√©sticos, han fomentado una atm√≥sfera p√ļblica fren√©tica que priva a la pol√≠tica de Rusia hacia Ucrania de toda flexibilidad t√°ctica. En lugar de una estrategia integral, el Kremlin se basa en gestos ad hoc para asegurar que la poblaci√≥n rusa, de cuyo apoyo depende, no vea esto como una traici√≥n a los rebeldes en Ucrania. Por su parte, los l√≠deres rebeldes ucranianos, reacios a perder sus feudos recientemente adquiridos, est√°n haciendo un lobby ferviente contra cualquier reacercamiento entre los gobierno ruso y ucraniano.

Al mismo tiempo, Putin presuntamente quiere mostrarle a Occidente que sus pol√≠ticas hacia Rusia, incluidas las duras sanciones econ√≥micas, no funcionar√°n. Crear m√°s conflictos congelados, que Occidente aborrece pero que no puede resolver, puede parecer una manera √ļtil de lograrlo.

En resumen, las acciones de Rusia en Donbas pueden ser m√°s simb√≥licas y oportunistas que estrat√©gicas. Pero eso no las hace menos peligrosas. Putin ahora ha perdido la iniciativa que gan√≥ en Crimea al convertir la batalla sangrienta por Donbas en un impasse irresoluble. Frente al derrumbe de los precios del petr√≥leo, Putin ahora puede sentirse en la obligaci√≥n de tomar otra medida desesperada y destructiva, con la esperanza de convencer al mundo de que sigue controlando la situaci√≥n. Sin embargo, los esfuerzos por identificar alguna gran visi√≥n estrat√©gica detr√°s de estas t√°cticas destructivas seguir√°n resultado in√ļtiles.

Putin, que enfrenta presi√≥n de todos lados, est√° perdiendo su posici√≥n geoestrat√©gica. Sus logros en materia de pol√≠tica exterior en el √ļltimo a√Īo no deber√≠an sobreestimarse. Al anexar a Crimea, perdi√≥ a Ucrania. Y al "congelar" a Donbas, ha enterrado su sue√Īo de una UEE cuasi imperial de una vez y para siempre.

Stephen Holmes is a professor at New York University School of Law and is the author, most recently, of The Matador's Cape: America's Reckless Response to Terror. Ivan Krastev is Chairman of the Center for Liberal Strategies in Sofia, and Permanent Fellow at the Institute for Human Sciences (IWM) in Vienna. His latest book is In Mistrust We Trust: Can Democracy Survive When We Don't Trust Our Leaders?

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