Qatar, 365 días después

Este es el artículo que me hubiera gustado no escribir nunca, la opinión que jamás debería haberse publicado. Por desgracia, los deseos no siempre se corresponden con la realidad. El 5 de junio de 2017, el pueblo qatarí amaneció con la noticia de la ruptura de relaciones diplomáticas decretada por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Egipto y Bahréin. Sin previo aviso y sin razón alguna, estos Estados establecieron un cruel bloqueo contra Qatar que se prolonga 365 días después. Desde un primer momento, los impulsores cerraron sus fronteras terrestres, aéreas y marítimas, impidieron la llegada a nuestro país de todo tipo de productos, entre los que se incluyen muchos de primera necesidad, y expulsaron a los ciudadanos qataríes residentes en su territorio. Esta crisis global podría haber tenido consecuencias aún más graves de no ser por la reacción del Gobierno y el pueblo qataríes, así como por el apoyo de naciones amigas y aliadas.

Podría detenerme en este artículo en las falsas e infundadas acusaciones esgrimidas en un primer momento contra Qatar para justificar una decisión que atenta contra el derecho internacional y los derechos humanos. Podría explicar con más detenimiento que este movimiento estratégico solo responde a la necesidad de crear una crisis inexistente y un enemigo imaginario para justificar cambios en la política de los países impulsores. Podría mencionar que los proyectos económicos, culturales, educativos y de desarrollo impulsados por Qatar han creado un modelo en la región que quizá haya destapado las debilidades de algunos Estados vecinos. Podría hacer estas y otras cosas, pero estoy seguro de los datos son de sobra conocidos por buena parte de la opinión pública y no es mi intención ahondar en los aspectos negativos que encierra esta prolongada crisis.

Me gustaría aprovechar esta oportunidad para centrarme en la capacidad de Qatar para sobreponerse a unas circunstancias tan adversas como las actuales. Quizá hace doce meses, pocos apostaban por las opciones de un país aislado geográficamente por sus vecinos y obligado a establecer nuevas rutas comerciales. Hoy podemos afirmar que el bloqueo ha puesto de manifiesto la capacidad de toda una nación, tanto de sus gobernantes como de sus ciudadanos, para superar las dificultades y convertir una coyuntura compleja en una oportunidad de mejora.

A nivel político, el Gobierno de Doha apostó por el fortalecimiento de las relaciones internacionales y por la defensa de una causa justa. Este hecho nos ha valido el apoyo y el entendimiento de la comunidad internacional. En el apartado económico, numerosas cifras ponen de relieve el crecimiento experimentado durante este último año. Nuestro PIB aumentó un 1,9% en 2017 y las previsiones apuntan a un ascenso de un 2,8% en 2018. La llegada de empresas a nuestro territorio ha experimentado el mayor crecimiento de su historia, con un 66%, y la apuesta por la diversificación económica confirma una cada vez mayor independencia del sector de los hidrocarburos. Además, en los últimos meses se ha experimentado un aumento de la producción interna y una decidida apuesta por las pymes. Finalmente, en el terreno social y humano, en todo momento se ha hecho un esfuerzo para paliar los posibles efectos adversos derivados del bloqueo y ayudar a los afectados.

Fuera de nuestras fronteras, numerosos analistas y expertos han señalado el resurgimiento de Qatar a raíz de esta crisis regional y su capacidad para gestionar acertadamente el bloqueo. Si bien es cierto que Arabia Saudí, EAU, Egipto y Bahréin no han obtenido los resultados que esperaban en un primer momento y que su imagen se ha visto seriamente dañada en el ámbito internacional, la situación actual no resulta beneficiosa para ninguna de las partes implicadas, ni en nuestra región ni a nivel global.

Tal y como hemos reiterado en estos larguísimos doce meses, Qatar defiende el diálogo, la negociación y el entendimiento. Agradecemos la posición de algunas naciones, entre las que destaca la vecina Kuwait, para mediar en la resolución de la crisis. No obstante, nuestra postura no puede ser interpretada por los impulsores del bloqueo como un cheque en blanco, como una invitación sobre la que pueden imponerse todo tipo de condiciones. En la Conferencia de Seguridad celebrada en Múnich el pasado mes de febrero, S.A. el emir de Qatar manifestó la necesidad de crear un nuevo acuerdo regional que garantice la protección de todos los países, con independencia de su riqueza y tamaño, la no injerencia en los asuntos internos de los Estados y la consolidación de principios que promuevan la cooperación en todos los ámbitos. Qatar defiende el diálogo en cualquier circunstancia y se muestra dispuesto a encontrar una solución coherente y beneficiosa para todos. Es responsabilidad global conseguir que esta crisis no continúe robando días al calendario. Espero que este sea el último de esos artículos que nunca hubiera querido escribir.

Mohamed al Kuwari, embajador de Qatar en España.

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