Qué debe hacer Carrie Lam ahora

No conozco muy bien a Carrie Lam, la controvertida jefa ejecutiva de Hong Kong. Trabajó para mi administración cuando fui gobernador allí. Diligente y apreciada (y católica, como muchos otros funcionarios públicos de la entonces colonia) había estudiado en la Universidad de Hong Kong y en Cambridge. Cuando me fui, en 1997, tras la devolución de la soberanía sobre la ciudad a China, Lam hacía carrera en el Tesoro. En la mayoría de las administraciones, los más inteligentes suelen gravitar hacia los departamentos económicos, allí donde se cuida el dinero. No recuerdo haber oído jamás un comentario negativo en relación con ella.

Pero hoy, Lam está sola y en problemas, aunque no está claro que la culpa de todo lo que le sucedió sea de ella. Como sea, es momento de que muestre liderazgo real, para aliviar las crecientes tensiones en la ciudad.

Lam seguramente sabía en qué se metía cuando en 2017 asumió el gobierno de Hong Kong. Fue designada mediante un complejo sistema, diseñado para asegurar el nombramiento de la persona deseada por el régimen comunista en Beijing. Pero desde 1997, este no parece haber sido muy bueno para elegir a los ocupantes del cargo. Y sus intentos de darle al proceso alguna apariencia democrática no convencen a nadie.

El principal adversario de Lam para el puesto fue un ex secretario de finanzas, John Tsang, que le llevaba mucha ventaja en las encuestas de opinión. Pero para el gobierno chino, Tsang cometió el error fatal de sugerir conversaciones con los líderes estudiantiles durante y después de las manifestaciones prodemocracia del “movimiento de los paraguas”, en 2014. Imagínense: alguien que trata de negociar con los críticos y convencerlos, en vez de someterlos a palos y encarcelarlos.

De modo que desde el primer día, los ciudadanos de Hong Kong sabían que Lam no era “su” gobernante. Es una lástima, porque podría ser buena para el cargo si lo fuera. Aunque tiene la posición, carece del poder, ya que recibe órdenes de Beijing, o de sus comunistas a sueldo en el Frente Unido de Hong Kong.

La causa inmediata de los problemas de Lam es su intento de introducir una ley de extradición que destruiría la barrera entre el Estado de Derecho que impera en Hong Kong y el ejercicio arbitrario del poder por parte del Partido Comunista de China (PCC) en el territorio continental. Los argumentos a favor del proyecto eran bastante trillados. La mayoría de los hongkoneses (juristas, representantes empresariales y ciudadanos de a pie) temieron que la ley acabara de un solo golpe con uno de los pilares principales del acuerdo de “un país, dos sistemas” que supuestamente protegerá el modo de vida de la ciudad y un alto grado de autonomía hasta 2047.

Si Lam no se daba cuenta de lo impopular que iba a ser el proyecto de ley, ahora ya lo sabe. El 9 de junio, más de un millón de ciudadanos salieron a las calles a protestar; el 16 de junio, hubo más o menos el doble. Y las protestas no se detienen. Hasta el gobierno de China tomó nota y le soltó la mano a Lam, argumentando que el proyecto de ley no fue idea de ellos: aseguran que la jefa ejecutiva actuó por cuenta propia.

¿Quién sabe? Tal vez China sólo dejó que Lam, como dicen los locales, le diera una lustradita de zapatos: sólo hizo algo que, como bien sabía, se esperaba de ella. La nueva ley libraría a China de la necesidad de seguir secuestrando a hongkoneses que no le agradan. En cualquier caso, antes de anunciar la postergación del proyecto de ley, Lam cruzó la frontera hacia Shenzhen para aclarar la situación con alguien del Comité Permanente del Politburó del PCC. Este repentino, y más bien vergonzoso, intento de obtener aprobación se filtró enseguida a un periódico local favorable a Beijing, sólo para que quedara en claro dónde está el poder real.

Lam quedó políticamente muy dañada. Pero ahora mismo la ciudad necesita un liderazgo unificador, y no puede dejar todo en manos de jóvenes activistas prodemocracia como el valiente y elocuente (y doble de Harry Potter) Joshua Wong. Así que tengo dos consejos para Lam, que espero no serán rechazados simplemente por venir de mí. No quiero que Hong Kong quede sumida en un estado de crisis permanente.

En primer lugar, la jefa ejecutiva debe tranquilizar a la ciudadanía, poniendo en claro que no volverá a presentar el proyecto de ley de extradición este año o el próximo. Debe anunciar que es un asunto terminado, y que pedirá al Colegio de Abogados de Hong Kong y a otros juristas sugerencias sobre cómo tratar futuros casos en los que pueda ser necesaria la entrega de fugitivos a Taiwán o China, sobre la base del derecho consuetudinario.

En segundo lugar, Lam debe anunciar una investigación transparente e independiente de cómo actuó la policía durante las protestas, algo que puede beneficiar a todos (incluso a la policía). Tras el acuerdo de paz en Irlanda del Norte en 1998, estuve a cargo de reorganizar su servicio de policía, y de lo referido al mantenimiento del orden público, y puedo decir que no está bien disparar balas de goma a mansalva sobre los manifestantes, no está bien rociarles gas pimienta en la cara a corta distancia, no está bien molerlos a bastonazos en el suelo.

Lam debería dedicar media hora a mirar las imágenes de Hong Kong que vio el mundo. Y si hubo alguna conducta violenta de los manifestantes, también se puede investigar. Hacerlo no significaría un retroceso ante los críticos del gobierno de la ciudad, sino darle a la jefa ejecutiva una base desde la cual hablar con la comunidad y unir a la gente.

Sin duda Lam ahora es consciente de que sólo la ciudadanía de Hong Kong puede ser su verdadero aliado. Debe tratar de comprender sus inquietudes y ganarse su apoyo. Nunca conseguirá el mismo grado de respaldo de los apparatchiks comunistas en Beijing, porque para ellos, siempre será descartable.

Chris Patten, the last British governor of Hong Kong and a former EU commissioner for external affairs, is Chancellor of the University of Oxford. Traducción: Esteban Flamini.

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