Que digan qué pasa con las drogas

Hace unas semanas, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) nos situaba a la cabeza de Europa en el consumo de cocaína. Tan deshonroso podio no debería interpretarse como un completo fracaso de los esfuerzos que se realizan para impedir que nuestros jóvenes consuman drogas. No sería justo para los miles de profesionales que trabajan como asesores y terapeutas y que, a pesar de cobrar sueldos mileuristas, realizan su tarea con toda la dedicación que los recursos económicos les permite.

Casualmente, esos mismos días en los que el organismo consultivo de la ONU nos puso en evidencia, TVE recreaba en un capítulo de la serie Cuéntame el momento especialmente dramático que les tocó pasar a los primeros padres que vivieron la adicción a la heroína en carne propia. La desorientación con la que Antonio Alcántara y Mercedes se enfrentaban al compulsivo deseo de inyectarse de su hija mayor, su autoinculpación, los porqués sin respuesta y la búsqueda de ayuda contra reloj, nos permite reflexionar sobre lo que hemos perdido y ganado en esta batalla con tantos frentes que parece no tener fin.

Entonces no había expertos en el tratamiento de drogas, se paliaba con voluntarismo y las administraciones andaban tan sorprendidas como los propios ciudadanos. La angustia de las familias es similar, pero ahora pueden recurrir a una extensa red de centros públicos y oenegés dispuestos a arroparles en tan difícil situación, con tratamientos profesionalizados y teléfonos de consulta de emergencia. No se ha acabado con las listas de espera, provocadas por la relajación de la Administración a la hora de dotar de recursos a un colectivo que ya no causa alarma social, pero hoy existen recursos para tratar a adictos de 16 años.

Mientras leen estas líneas, en el Aula Magna de la Universitat de Barcelona se está celebrando el 13º Simposium Internacional sobre el Tratamiento de Abuso de Sustancias, organizado por la UB y la Associació Projecte Home Catalunya. Representantes de universidades y organizaciones de toda Europa comparten los avances en materia de adicciones y, sobre todo, soluciones a largo plazo, porque entrados en el siglo XXI no podemos soñar con que las drogas desaparezcan. Hasta la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, un histórico de la prevención basada en la abstinencia, en su último manifiesto reconoce que las drogas han llegado para quedarse. Sin que eso signifique tirar la toalla, cuanto antes lo asumamos mejor se podrán paliar sus efectos.

Las drogas adictivas tienen en común que, al inicio, producen placer, y ese es un enorme atractivo para las personas. Siempre que exista algo susceptible de dar placer se probará, explica el psiquiatra José Pérez de los Cobos, jefe de la unidad de adicciones del Hospital de Sant Pau. Por eso lo verdaderamente importante es estudiar bien a fondo los factores de protección que todos tenemos. El Plan Nacional sobre Drogas (PNSD) reconoce que solo una cuarta parte de las personas que han probado la cocaína de forma experimental han consumido de nuevo alguna vez en el último año. Otros profesionales manejan porcentajes de entre el 10% y 15% de los jóvenes que pasan del consumo por curiosidad y porque lo hacen los amigos a una adicción que necesita tratamiento. Aun en esos casos, el éxito de la terapia tiene mucho que ver con la intervención temprana.

Algo grave está pasando cuando niños de 13 años comienzan a probar drogas, pero flaco favor les estamos haciendo cuando polarizamos el problema en los padres y se les acusa de no saber transmitir valores. Un tema tan complejo requiere asumir responsabilidades compartidas, incluidos los propios jóvenes y su capacidad de decisión. Si el 3,1% de la población, según el Observatorio Europeo sobre Drogas, toma coca, casi un 97% no la prueba. Eso es importante destacarlo, para evitar el peligro de hacer sentirse raro al que no lo hace.

La corresponsabilidad atañe especialmente al Gobierno. Hace muchos años que las drogas no figuran entre los problemas que más preocupan a los españoles, según el barómetro del CIS. Sin embargo, con las cifras de consumo actuales es inadmisible que, desde que en 1993 el PNSD llegó a tener rango de Secretaría de Estado con Baltasar Garzón, este organismo haya ido reduciendo su perfil. La actual delegada, Nuria Espí, nombrada hace unos meses por la ministra de Sanidad, carece de experiencia en el mundo de las drogas. Le honra haberlo reconocido públicamente y me consta que algunas oenegés están encantadas con su actitud receptiva hacia lo que ellas le explican con sus años de experiencia.

Puede que la ministra Leire Pajín haya acertado al buscar a alguien de sensibilidad social por encima de todo. Falta esperar que eso se traduzca en una mayor inyección de recursos y no, como está sucediendo en otros sectores de la sociedad, que se derive a las oenegés la responsabilidad del problema por los recortes de las administraciones.

Begoña del Pueyo, periodista.

1 comentario


  1. uno de los problemas es que aún no se sabe como se pasa de consumidor espontáneo a adicto. por lo visto, es algo del cerebro que tenemso algunas personas, que de repente hace “click” y que transforma el consumo en adicción. yo tuve un problema de adiccion y tuve que recibir tratamiento de cocaina en el FSYC. ahora puedo decir que estoy rehabilitado

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