¿Qué es el ‘pujolismo’?

Por Vicenç Navarro, catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra (EL PAIS, 13/11/03):

El pujolismo es el proyecto político de sectores de la burguesía, pequeña burguesía y clase media de renta alta, así como de componentes importantes de la Iglesia en Cataluña, que intenta movilizar a amplios sectores de la sociedad catalana, incluyendo sus clases populares, con el objetivo de alcanzar una cohesión multiclasista alrededor del concepto de nación catalana, que definen como incluyente. Ni que decir tiene que el pujolismo, como proyecto político, tiene muchos otros componentes que han sido ampliamente debatidos en los medios de información. Pero poco se ha escrito sobre las bases sociales más importantes e influyentes que definen sus políticas bajo el manto nacionalista. Este tipo de nacionalismo, por cierto, es distinto, incluso antagónico, al nacionalismo español de las clases dirigentes en España (cuya expresión más acentuada está reflejada en el proyecto político que podríamos definir como aznarismo).

La diferencia entre estos dos nacionalismos aparece simbólicamente en la fecha y forma de celebración de las fiestas nacionales de España y Cataluña. El nacionalismo español celebra el 12 de octubre (denominado por la dictadura franquista el Día de la Raza) como la fiesta nacional, día de inicio en 1492 de su Imperio Latinoamericano, con un desfile militar. El nacionalismo catalán, por el contrario, celebra (junto con otras fuerzas políticas catalanas) la fiesta nacional de Cataluña el 11 de septiembre, conmemorando el día que Cataluña fue derrotada en 1714 por las tropas borbónicas españolas, que ahogaron su identidad. Una es la celebración de la victoria de un imperio en expansión y la otra es la conmemoración de una derrota. Las fechas y la manera de celebrarlo es muy representativo de la naturaleza tan distinta de estos dos nacionalismos. Uno es un nacionalismo históricamente expansionista y el otro es defensivo, de carácter fundamentalmente identitario, que da pie, en su versión pujolista, al victimismo, el cual responde a una discriminación histórica que es real y que explica su capacidad de movilización. La dictadura franquista, máxima expresión del nacionalismo español (sus tropas se autodefinían como las tropas nacionales), fue una dictadura brutal, enormemente represiva, contra las clases populares de Cataluña, la gran mayoría de las cuales hablaban y se expresaban en catalán. Gran parte de la burguesía y pequeña burguesía catalanas, junto con la Iglesia, por cierto, apoyaron el golpe militar y el franquismo, pero no así las clases populares. Ello explica la falta de arraigo popular en Cataluña de las fuerzas políticas que se perciben herederas de aquella dictadura y la gran capacidad de movilización que el nacionalismo tiene en Cataluña y que el pujolismo ha sabido utilizar hábilmente recuperando la memoria histórica que da una versión nacionalista de nuestro pasado con sesgos y silencios importantes que señalaré más tarde. El pujolismo capitaliza esta memoria histórica y este sentir popular frente a un nacionalismo español que en su versión más agresiva, el aznarismo (que errónea y maliciosamente identifica los otros nacionalismos con separatismo que divide y rompe con la unidad de España), facilita la movilización nacionalista catalana de la que el pujolismo se beneficia. De esta manera, las dos expresiones nacionalistas, el pujolismo y el aznarismo, son antagónicas, pero ambos se necesitan electoralmente, pues la existencia del uno antagoniza a las bases del otro. Esta situación continuará independientemente de quien lidere tales fuerzas políticas. Este antagonismo nacional oculta, sin embargo, una realidad importante, escasamente visible en nuestra cultura mediática y política, donde el lenguaje políticamente correcto excluye el concepto de clase social y poder de clase. En realidad, detrás de los discursos nacionalistas antagónicos hay una gran comunalidad de intereses de clase que explica la existencia de la alianza entre el pujolismo y el aznarismo que ha gobernado Cataluña y España desde 1996, y que se ha expresado a través de sus políticas fiscales, presupuestarias y sociales.

Las políticas fiscales, resultado de tal alianza PP-CiU, han supuesto la reforma fiscal más regresiva que se ha hecho en España desde el establecimiento de la democracia, y que ha polarizado la distribución de la renta en España de tal manera que hoy el 10% de la población más adinerada de España (incluyendo Cataluña) dispone del 34% de la renta del país, mientras que el 51% de las familias declaran tener dificultades para llegar a fin de mes.

Por otra parte, las políticas presupuestarias del Gobierno conservador español, aprobadas todas ellas por CiU, han sido responsables de que el enorme déficit de gasto público social entre España y el promedio de la UE haya aumentado un 20% durante el periodo 1996-2000 (último año que Eurostat ha publicado datos para la UE), y entre Cataluña y el promedio de la UE, un 22% durante el periodo 1996-1999 (último año que la Agencia Estadística de la Generalitat, Idescat, ha publicado datos comparativos de Cataluña con la UE). Hoy, Cataluña y España tienen el gasto público social como porcentaje del PIB más bajo de la UE, después de Irlanda. Esta austeridad social, común en ambos proyectos políticos, se complementa con unas políticas igualmente descohesionadoras que favorecen a los servicios privados utilizados por sus bases sociales a costa de los servicios públicos utilizados en su mayoría por las clases populares. Así, la Generalitat de Cataluña da los subsidios más elevados de España a las escuelas privadas que sirven, por lo general, al 35% de familias de renta superior de Cataluña, mientras que el gasto por alumno en las escuelas públicas (tanto primarias como secundarias) a las que asisten las clases populares es uno de los más bajos de España. No es de extrañar, por lo tanto, que el único estudio realizado en España comparando el conocimiento académico de los escolares en las distintas comunidades autonómicas de España, los de Cataluña tenían un conocimiento inferior al promedio español. Tal estudio, realizado en 1997, no se repitió debido a presiones del partido gobernante de la Generalitat, aliado del gobernante en España. Una situación semejante aparece en sanidad, donde la escasez del gasto público sanitario se ha hecho todavía más acentuada debido a las prioridades expresadas en los presupuestos de la Generalitat que han priorizado a los servicios privados sobre los públicos. Como consecuencia, Cataluña tiene, junto con Galicia, la reforma de la atención sanitaria primaria (donde la mayoría de las clases populares reciben su atención sanitaria) más retrasada de España. Donde el déficit del Estado de bienestar está más acentuado, sin embargo, es en los servicios públicos de ayuda a las familias, y ello a pesar del discurso retórico de las fuerzas conservadoras catalanas y españolas, que consideran a la familia como el centro de la sociedad. En realidad, Cataluña y España tienen uno de los mayores déficit de ayudas financieras y servicios de ayuda a las familias (tanto escuelas de infancia como servicios domiciliarios y residencias de ancianos) existentes hoy en la UE. Estas deficiencias suponen una enorme sobrecarga de las familias, y muy en particular de las mujeres, las cuales cubren las enormes insuficiencias del Estado de bienestar de nuestro país.

Tal escaso desarrollo del Estado de bienestar catalán quedó ampliamente documentado en las ponencias presentadas en las Jornadas sobre el Estado de Bienestar en Cataluña (celebradas en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Barcelona durante los días 21, 22 y 23 de julio de este año), en las que expertos de varias universidades catalanas analizamos los diferentes componentes de los cuales la Generalitat de Cataluña tiene plena responsabilidad. Tales estudios señalaron los grandes avances que se habían realizado desde el establecimiento de la democracia, documentando a su vez dimensiones todavía muy preocupantes, incluyendo la conclusión de que la España social no iba bien, y que en algunas áreas (como educación escolar, servicios de atención primaria sanitaria, servicios domiciliarios para las personas con discapacidades, entre otros) la Cataluña social iba peor. Tales estudios fueron silenciados prácticamente por los medios de información de la Generalitat, instrumentalizados abusivamente por la opción que la gobierna. Éstos dan gran visibilidad a los temas simbólicos de la identidad catalana, tales como el acto de homenaje a pensionistas (que se hace cada año electoral) en el que la Generalitat repartió banderas catalanas a cada pensionista sin que en ningún momento se informara, como se documentó en aquellos trabajos, que el déficit de gasto público en pensiones de Cataluña y de España con el promedio de la UE ha aumentado un 23% desde 1996, y ello como resultado de los presupuestos del Estado aprobados por la coalición PP-CiU. Hoy, el gasto público en pensiones en Cataluña y en España es uno de los más bajos de la UE.

Esta alianza de clases entre los conservadores catalanes y españoles desaparece en los medios de información de la Generalitat de Cataluña en tiempo electoral, enfatizándose en su lugar el discurso nacional identitario, presentándose a sí mismo como antagónico al nacionalismo español para movilizar sus bases electorales. El nuevo dirigente del pujolismo, señor Mas, representa la rama más clasista de aquella opción política (el gasto público social como porcentaje del presupuesto de la Generalitat descendió en educación de un 21,06% a un 20,3%, y en sanidad, de un 39,4% a un 38,6%, durante su mandato como conseller en cap de la Generalitat), lo cual explica que sea también el que intente presentarse como más nacionalista, postura más difícil de sostener que el señor Pujol debido a su biografía personal. Como la mayoría de dirigentes del pujolismo, el señor Mas no luchó contra la dictadura en defensa de la identidad catalana (el señor Pujol fue de los pocos que lo hicieron), siendo las fuerzas de izquierda las que protagonizaron la resistencia antifranquista identificando la lucha por la democracia en España con la defensa de la identidad nacional en Cataluña. Y es ahí donde la tergiversación de la historia de Cataluña adquiere mayores proporciones. Presentar la Guerra Civil como un conflicto entre Cataluña y España (como hace el pujolismo) es ignorar que las clases dominantes y la Iglesia de Cataluña (bases importantes del pujolismo) apoyaron el golpe militar y la dictadura que estableció, olvidando también que hijos de las clases populares de muchas partes de España murieron en Cataluña defendiendo a la República y a la Generalitat de Cataluña. Y fueron también hijos de las clases populares de toda España (también enormemente oprimidas por la dictadura) los que vinieron a Cataluña como inmigrantes que, junto con los trabajadores nacidos en Cataluña, han contribuido enormemente a su desarrollo económico, posibilitando el bienestar social que las clases populares todavía no tienen pero se merecen. El pujolismo y su aliado el aznarismo (que continuarán independientemente del nombre del que los dirija) están obstaculizando este último desarrollo.