¿Qué está pasando en CIU?

A mediados de septiembre, es decir, alrededor del mítico día 11, los dirigentes de CIU estaban convencidos de que, por primera vez en la historia de la democracia, iban a ser en Catalunya el partido más votado en unas elecciones generales. Más que euforia, lo que mostraban era seguridad. Y sus razones tenían.

Efectivamente, en los comicios autonómicos y municipales del pasado curso político, CIU obtuvo muy buenos resultados, resurgió de su difícil travesía del desierto, mostró que sin Jordi Pujol seguía siendo un gran partido. Artur Mas, un líder muy distinto a Pujol, se había afianzado entre los suyos y estaba empezando a ser respetado en la sociedad.

A su vez, el PSC estaba pasando por el momento más confuso de su historia y ERC seguía devorando a sus dirigentes, una rara afición, no se sabe si genética o freudiana. La Casa Gran del catalanismo, que parecía un esoterismo semejante a la Alianza de las Civilizaciones, en la práctica empezaba a hacerse realidad. Desde la concepción convergente de la vida y de la historia, las cosas volvían a su lugar natural: Catalunya no les podía fallar, al final Dios siempre protege a los suyos.

Además, a diferencia de cuatro años antes, Duran Lleida fue elegido esta vez como indiscutible cabeza de lista. Al parecer, sin disputas internas. El tándem entre Mas y Duran parecía funcionar. La pasada legislatura ha consagrado a Duran en Madrid: en todos los sondeos aparecía como el político mejor valorado de España, para que luego digan que los españoles nos tienen manía.

Pero algo malo empezó a sucederle a CIU en pleno agosto: Oriol Pujol, el hijo, declaró públicamente que aspiraba a ser el número 2 de la lista de CIU en las elecciones generales, algo que no entraba en los planes de Duran, quizás tampoco en los de Mas. Agosto es mes de vacaciones y los debates se cierran con rapidez. Pero no era normal que el actual portavoz en el Parlament de Catalunya aspirara a semejante puesto. Algo raro pasaba: ¿desconfiaba el núcleo duro de Convergència de lo que Duran podía hacer en Madrid? Pactar, pactar: ¿a costa de qué?, ¿en beneficio de quién? En fin, ¿pactar con el PP, ese enemigo declarado de Catalunya, como todos sabemos? ¿Hasta dónde podemos llegar, hasta participar en un gobierno del PP? Este Duran es peligroso, hay que marcarle de cerca.

La cosa no prosperó y Pujol hijo renunció a sus aspiraciones madrileñas. Pero sucedió otra cosa notable. También en torno al 11 de septiembre, Artur Mas pronunció una conferencia en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Fue algo sonado. El actual presidente de la Generalitat tiene fama de puritano y sostiene, por lo visto, que hay que decir lo mismo en Barcelona que en Madrid, algo que nunca se le había pasado por la cabeza a Pujol, a Pujol padre. Mas andaba, además, irritado con Zapatero y Rajoy porque habían pactado una reforma de la Constitución sin contar con ellos, un mal augurio en estos complicados tiempos. Así pues, Mas largó en Madrid que el consenso constitucional se ha roto, que ya no pueden confiar en España, que el pacto fiscal va en el mismo sentido del concierto económico vasco y que, tal como están las cosas, si no se les da lo que piden, están dispuestos a marcharse, a abandonar España aunque, por supuesto, no la Unión Europea. A las pocas horas, según me han contado, casi ningún embajador de los más importantes países de la UE asistió, como era habitual, a la recepción que tradicionalmente ofrece el delegado de la Generalitat en la capital… Primer aviso, esta vez desde el exterior. ¿Hay que plegar velas? ¿En qué lío nos hemos metido?

El segundo aviso les vino desde el interior, contado por este periódico. En el sondeo de Noxa Consulting publicado en La Vanguardia del 9 de octubre, el PSC perdía en Catalunya, pero no tanto (se quedaba en 18-19 diputados), a cierta distancia le seguía el PP (13-14 diputados) que sobrepasaba por muy poco a CIU (11-12 diputados). O sea: en un mes habían pasado de ser los primeros a ser los terceros. Y de forma humillante: por detrás del PP, ese enemigo recalcitrante de Catalunya… con quien Duran quiere pactar y Trias ya lo ha hecho en el Ayuntamiento de Barcelona. El escalofrío que recorrió a CIU fue importante. ¿Qué hacer?

Desde entonces los nervios han dominado la campaña de CIU. Duran no se parece a Duran, va dando tumbos con un discurso en el que no cree y se le nota: ya no es el político más valorado. CIU se ha quedado con el discurso de la Liga Norte italiana: el de España nos roba, nuestro dinero se va y no vuelve, deseamos un pacto fiscal para reducir “nuestra solidaridad”, no pretendemos privilegios pero queremos ser como los vascos ¡que son unos privilegiados! En fin, que piden lo imposible, como los de Mayo del 68. El mismo Pujol padre acaba de publicar un grueso tomo de reflexiones recientes en el que se muestra decidido partidario de la independencia.

El votante moderado empieza a sentir vértigo. Un amigo me decía: “Voté a CIU el año pasado para acabar con el tripartito y cambiar de alcalde, no para que nos metan en nuevos líos”. CIU está perdiendo centralidad y eso explica lo que le está pasando.

Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional UAB.

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