Que nadie te haga sentir culpable por no tener hijos

Las visitas por las fiestas de fin de año traen consigo una gran cantidad de conversaciones incómodas, desde peleas sobre política hasta la presión sobre cuándo tú y tu pareja comenzarán a tener hijos; ¿A quién no le gusta una porción de culpa por no tener hijos (todavía) para acompañar la cena navideña? Si tus familiares comienzan a arrojarte estadísticas terribles sobre cómo están disminuyendo las tasas de fertilidad en el mundo, y lo que puede suceder si esperas demasiado para tener hijos, puedes tranquilizarlos: la supuesta brecha entre la cantidad de niños que la gente dice es ideal tener, y la cantidad que están teniendo, no es tan alarmante como lo hacen parecer. Y las tasas de fertilidad más bajas tienen beneficios al igual que costos.

El tamaño de familia ideal reportado en los Estados Unidos se ha mantenido estable en alrededor de 2 a 3 niños durante la última década. Sin embargo, la fertilidad ha seguido disminuyendo, con la tasa de fertilidad total —una estimación de la fertilidad de por vida— ahora en un mínimo de 1.73. Esto parece implicar una brecha cada vez peor entre lo ideal y la realidad.

Pero, ¿cómo debemos interpretar esta brecha? Con frecuencia, discusiones sobre estos temas dan por sentado que lo que las personas —generalmente las mujeres— dicen que ven como un tamaño de familia “ideal” y la cantidad de hijos que quieren tener es lo mismo. Pero el tamaño ideal de la familia puede ser demasiado abstracto para ser un dato útil. Por ejemplo, algunas personas responden sobre el tamaño ideal con la norma general de dos hijos, pero eso no quiere decir que ellos quieren tener dos hijos. En cambio, es preferible medir cuántos niños dicen las personas que quieren tener; es aún mejor si tenemos información sobre sus deseos de tener hijos a corto plazo, ya que muchas personas cambian sus planes a largo plazo a medida que la vida se desarrolla.

Por supuesto, algunas personas tienen menos hijos de los que les gustaría, con muchas mujeres de 40 años —especialmente sin hijos— que todavía desean tenerlos. Para algunas personas, el no alcanzar sus objetivos sobre la maternidad se produce debido a la infertilidad involuntaria. Cuanto más esperen las personas para tener hijos, más probable será que la edad se convierta en un problema para poder quedar embarazada y llevar un hijo a término.

Otra suposición en estas discusiones sobre no tener hijos es la idea de “preferencias que compiten”: actividades, comportamientos y estados que son difíciles de combinar con tener y criar hijos. Para algunos, esto les evoca imágenes de milénials perezosos que sólo juegan videojuegos o pasan su tiempo comprando y cenando; otros interpretan esta preferencia como evidencia de que las personas que no quieren hijos, especialmente las mujeres, son egoístas y narcisistas y anteponen estas necesidades al deseo de formar una familia.

Esta es una suposición errónea y esconde una razón por la cual las tasas de natalidad más bajas deberían celebrarse. Históricamente, los niveles de fertilidad involuntaria son altos, con personas que tuvieron hijos antes de lo que deseaban o cuando no querían tenerlos. Los últimos años se ha dado la primera disminución de tales nacimientos en décadas. Muchos hombres y mujeres quieren hijos, pero también tienen en mente un contexto ideal para tenerlos: quieren haber terminado la escuela, tener seguridad económica o tener una relación estable. Las dificultades para cumplir con esos objetivos pueden significar que algunas personas decidan no tener hijos, pero el que las personas estén mejor capacitadas para manejar sus comportamientos reproductivos y solo tengan hijos cuando se sientan listos es un gran logro. Beneficia no solo a las personas, sino a las generaciones futuras y a la sociedad en general.

La disminución actual de la fertilidad en todo el mundo no significa el “fin de los bebés”, sino que las personas están buscando tener hijos más tarde, cuando sienten que están listos. Las mediciones tradicionales, como la tasa de fertilidad total, no muestran este aplazamiento de la maternidad, pero otras mediciones muestran que la gente sin hijos en realidad ha disminuido, y que la mayoría de las personas terminan sus años reproductivos con aproximadamente dos hijos. Los avances continuos en las tecnologías reproductivas seguirán facilitando la maternidad a quienes deciden retrasarla para poder alcanzar sus metas personales antes de tener hijos.

Si el objetivo es ayudar a las personas a tener la familia que desean, en lugar de tratar de aumentar la fertilidad del mundo por un pánico irracional sobre el declive de la población, necesitamos políticas públicas que aborden las dificultades para combinar la paternidad con la educación y el empleo. También los obstáculos como las deudas de préstamos estudiantiles, la asequibilidad de la vivienda, el alto costo de la atención médica y la desigualdad generalizada de ingresos. Entonces, si en las cenas familiares llegan las preguntas sobre cuándo vas a tener hijos, o cuándo pueden esperar la llegada de otro nieto, cambia la jugada: pregúntales cuándo planean reestructurar la economía del país.

Leslie Root es candidata a doctorado en Demografía por la Universidad de California en Berkeley; Karen Benjamin Guzzo es directora interina del Centro de Investigación Familiar y Demográfica de la Universidad Estatal de Bowling Green; y Alison Gemmill es profesora asistente en la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg.

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