Que no hablen por ti

Íñigo Errejón, Mónica García y Elizabeth Duval, este domingo en la manifestación de Madrid en contra de Israel.
Íñigo Errejón, Mónica García y Elizabeth Duval, este domingo en la manifestación de Madrid en contra de Israel.

Dwight Eisenhower temió, cuando no había acabado aún la Segunda Guerra Mundial, que los horrores del Holocausto pudieran llegar a ser negados en el futuro. Por ello invitó a los medios de comunicación a documentar las atroces imágenes de los campos de exterminio.

Eisenhower no previó sin embargo un Mahmoud Abbas ni a tantos como él, que han negado el Holocausto por fanatismo o por conveniencia. Quizá previó el hecho, pero no su magnitud.

Porque el Holocausto es la magnitud: su objetivo fue eliminar industrialmente a los judíos. Eisenhower no previó, en definitiva, que las evidencias son prescindibles para quienes pretenden, o bien construir un nuevo relato, o impugnar la historia.

El atentado masivo y sangriento del grupo terrorista palestino Hamás del pasado sábado 7 de octubre ha generado una impúdica nueva maniobra en tal sentido.

Comienzan los palmeros, los correveidiles de Hamás, de Irán o del antisemitismo a secas, introduciendo la duda y la desinformación en los resquicios que ofrece la certeza que aún está saliendo, dolida, a la luz.

La voz de quienes van encontrándose con el rastro de la barbarie, dicen, no vale nada. En cambio, la de los terroristas y su horroroso trayecto de sangre, de eslóganes, de advertencias, de amenazas, sí son creíbles.

Sólo vale la duda. La "escéptica posición", dicen, con esa superioridad que ondean los mediocres. Pero no vale la duda en general, es decir, la que también haría sospechar de quienes la publicitan. Sino, claro está, la duda particular, precisa, que recetan para la salud ideológica de su prejuicio. De sus bochornosas alianzas.

En resumen, no es una duda (pobre Descartes). Es ruido que busca deteriorar la señal, la información veraz. Y es un decreto que parece decir: "Cree, porque luego serás lo que precisemos" (carne de consenso, tonto útil…).

Por ello no hay evidencia que valga. Porque la realidad no vale. Todo es relativo, incierto. Se funda en la fe, en la obediencia. En la cadena de fabricaciones con aire de conspiración. En el afán de creer en poderes ocultos, supremos, que condicionan la vida del ciudadano sencillo.

Pero la conspiración está más a la vista de lo que creen. Son esos descarados hacedores de nada, proponedores de gastadas utopías, que sólo aspiran a mantener sus breves privilegios y monederos terrenales. Charlatanes de toda la vida.

El problema es que estos trafican con el odio.

Y ya se sabe lo que sucede con estos nefastos personajes. Lo anunció el pastor Martin Niemöller: "Primero vinieron a por (…) Luego vinieron a por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre".

Por ello, que no hablen por ti los que van a por unos y otros.

Marcelo Wio es periodista especializado en Medio Oriente.

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