¿Qué pasará en Oriente Medio?

Oriente Medio sigue siendo el principal foco de inestabilidad en la política mundial. ¿Se ha roto el círculo vicioso con el acuerdo de Ginebra? Este es el problema principal en juego en el amargo debate en EE.UU. Los optimistas dicen que fue un acontecimiento de importancia histórica mundial y el mundo es ahora un lugar más seguro. Incluso si el acuerdo fracasa, era obligación de las potencias mundiales intentar resolver el conflicto por vía diplomática, que implicaba concesiones por su parte. Incluso si resultara que el actual liderazgo de Irán no tiene el respaldo del poder en la sombra –los mulás radicales, Ali Jamenei, el líder supremo, los Guardianes de la Revolución y otros grupos– no había alternativa. Las quejas de Israel y otros opositores son alarmistas y poco realistas. El liderazgo iraní habría proseguido su trabajo en busca de la capacidad nuclear independientemente de las sanciones. Habrían sufrido como resultado de ellas, pero hubieran continuado construyendo su programa nuclear militar.

Los escépticos y detractores directos sostienen que Ginebra no era más que un dispositivo para salvar la cara a la Casa Blanca, una manera más o menos elegante de retirada. Habiendo afirmado una vez que en ningún caso aceptarían una capacidad nuclear de Irán, ahora en principio la han aceptado. EE.UU. ha logrado una promesa temporal (seis meses) de una desaceleración del programa nuclear. Según la CIA, los iraníes tenían la capacidad técnica para producir armas nucleares desde el 2007. Hasta ahora no la han construido. Si querían producir una única bomba hubieran necesitado un poco más de un año para hacerlo.

Algunos miembros de la línea dura en Teherán han comparado el acuerdo de Ginebra a un cáliz envenenado que limita severamente el programa nuclear de Irán. Pero los principales medios de comunicación iraníes y sirios se han felicitado mutuamente en lo que han denominado una gran victoria que confirma el derecho de Irán a enriquecer uranio. Los optimistas en Occidente afirman que ahora existen estrictas salvaguardias de supervisión, como acceso diario por parte de inspectores externos para evitar el enriquecimiento secreto. Pero los críticos sostienen que el acuerdo es tan vago que los iraníes serán capaces de lograr sus objetivos, incluso sin hacer trampa, simplemente violando el espíritu –no la letra– del acuerdo.

Existe el precedente desafortunado de Corea del Norte. Ha habido muchos acuerdos con este país durante 24 años. Es seguro que los norcoreanos han engañado en muchas ocasiones. Pero incluso si no lo hubieran hecho habrían logrado su objetivo de convertirse en potencia nuclear. El caso de Corea del Norte no es alentador e Irán y Corea del Norte ya han cooperado durante muchos años.

Al final, todo depende de los objetivos políticos de Teherán. Probablemente, resulta engañoso que gran parte del debate haya sido sobre las preocupaciones israelíes y su miedo de una bomba iraní. Pero Israel no es el tema principal para Irán… Mientras que amenazar a Israel tiene sentido por lo que supone de propaganda en los países árabes suníes, los líderes iraníes saben que tiene Israel capacidad para golpear una segunda vez. Por mucho daño que un ataque nuclear iraní infligiera a Israel, los israelíes todavía sería capaces, en represalia, de devastar las principales ciudades iraníes, así como otros objetivos vitales. El objetivo supremo de Irán no es la ruina de Israel a un precio tan elevado, su objetivo es poder ser una potencia líder (tal vez la primera potencia) en Oriente Medio. Por mucho que no les guste Israel e incluso lo odien, esta no es su principal preocupación. Los líderes iraníes creen que el problema de Israel lo tienen que resolver los árabes. No tienen ningún deseo de sacrificar demasiado por una causa árabe.

Irán es muy vulnerable, es un país de muchas nacionalidades, desde los kurdos y azerbaiyanos en el oeste hasta los beluchis en el este. Estas nacionalidades ascienden a 40% o incluso más de la población total. Entre ellos los separatistas son fuertes y si el poder central se viera gravemente debilitado por una guerra, la existencia misma del Estado iraní podría estar en juego. Podría ser el fin del sueño de Irán de desempeñar el papel de liderazgo en Oriente Medio. Por eso la política iraní respecto de Israel está obligada a ser muy prudente.

Algunos en Washington han estado hablando en los últimos meses sobre un giro de las alianzas en Oriente Medio. Tradicionalmente la política de EE.UU. se ha basado en colaborar con los países conservadores como Arabia Saudí, los estados del Golfo y Jordania. Más recientemente algunos asesores de Washington se han convencido de que el futuro puede pertenecer a las fuerzas que apoyan la primavera árabe y a los Hermanos Musulmanes –tal vez incluso a los mulás iraníes más moderados–. Pero la primavera árabe no ha sido muy exitosa hasta ahora, los Hermanos Musulmanes y los mulás de Teherán no parecen muy amistosos los unos con los otros, ni con el infiel Occidente y EE.UU.

En resumen, Washington carece de una política clara con respecto a Oriente Medio. Lo único que se puede predecir es que la política occidental respecto de Irán está llevando hacia una mayor proliferación: Arabia Saudí, Egipto, Turquía, probablemente, también querrán tener una opción nuclear. Tal vez este proceso es inevitable, pero dudo que conduzca a un Oriente Medio más seguro y parece prematuro prepararse para grandes celebraciones y la concesión de premios Nobel de la Paz.

Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

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