¿Qué piensa el pueblo americano de esta guerra?

Por Juan A. Herrero Brasas, profesor de Etica y Política Pública en la Universidad del Estado de California (EL MUNDO, 08/03/03):

En una reciente entrevista telefónica para Radio Nacional de España me preguntaban que qué opina en Estados Unidos la gente de a pie sobre la posible guerra con Irak. Curiosamente, la pregunta me fue difícil de responder, pues es muy difícil generalizar en este caso. Para empezar, está el hecho de que la opinión mayoritaria de California es diferente de la del resto de Estados Unidos.Según los últimos sondeos, y a diferencia de otras partes del país, la mayoría de los californianos está en desacuerdo con la política de Bush con respecto a Irak. Pero no sólo eso. Uno tiene la impresión de que la opinión favorable a la guerra está menos definida a nivel popular que en otros conflictos recientes, como el caso de Afganistán o la Guerra del Golfo. A diferencia del caso de Afganistán, por ejemplo, ahora en la calle no se ven signos manifiestos de fervor patriótico y guerrero, aunque también hay que decir que tampoco excesivas muestras de lo contrario.Ni banderitas en los coches ni demasiada propaganda antibélica.

Los sondeos llevados a cabo no dejan lugar a duda: la mayoría de los ciudadanos estadounidenses son partidarios de atacar a Irak. Pero esos sondeos sólo nos ofrecen parte de la historia.No tienen en cuenta los grados de entusiasmo o pasividad con los que cada cual se suma a una postura o a la otra. Ni nos permiten saber quiénes de los consultados están más o menos bien informados y quiénes se toman el asunto a conciencia. De hecho, como bien sabemos, de tales sondeos es imposible deducir cuánta gente se toma esta cuestión con la seriedad que merece y cuántas de las respuestas en el sondeo son meramente borreguiles, triviales o totalmente desinformadas. Como principio básico de la democracia, tales distinciones en el grado de información o concienciación no se podrían tener en cuenta en una votación propiamente dicha, claro está. Pero en un sondeo de opinión hay algo de cuestionable en reducirlo todo más o menos a blanco o negro.

Para hacerme una idea más concreta de cómo se vive este asunto aquí, en California, cuando menos entre un grupo de universitarios, hace unos días pedí a mis alumnos que expresaran sus opiniones sobre la posible guerra contra Irak. A continuación del debate, y con objeto de tener una idea estadística de cuántos estaban a favor y cuántos en contra, les pedí que en un pedazo de papel, y de modo totalmente anónimo, escribieran yes, si estaban a favor de la guerra, no, si estaban en contra, o I’m not sure si estaban indecisos. También tenían la opción, por supuesto, de no responder, pero todo el mundo respondió. Para no influir en los resultados del posterior sondeo, me inhibí por completo de expresar cualquier opinión durante el debate inicial, así como de hacer gesto alguno de aprobación o reprobación ante las diferentes posturas expresadas por los estudiantes.

Una cosa se puso de manifiesto desde el principio: la tensión emocional era alta. Las opiniones estaban muy radicalizadas.Quienes estaban a favor de la guerra estaban muy a favor y quienes estaban en contra estaban igualmente muy en contra. «Si somos el país número uno del mundo, es porque hemos sabido tomar las decisiones adecuadas cuando había que tomarlas, y ésta es una de ellas», dijo un estudiante favorable a atacar a Irak. Otros insistían en la necesidad de hacer algo antes de que sea Irak quien ataque a Estados Unidos. Los había que veían un ataque a Irak como una respuesta necesaria a los acontecimientos del 11 de Septiembre. «Quien no esté dispuesto a ser un patriota en esto, mejor que se vaya de este país», dijo otro. Un joven militar, del cuerpo de los marines, expresó con énfasis su convicción de que Estados Unidos, por su posición como primera potencia, tiene la misión de ser policía en el mundo y de hacer lo que sea necesario para garantizar que haya libertad en todas partes.Otro señaló que, si Sadam está haciendo concesiones ahora, es sólo porque siente una amenaza seria; y lanzaba la pregunta: «¿Cómo se nos va a tomar en serio en el futuro si no cumplimos la amenaza ahora?».

La tensión era igualmente manifiesta entre los que se manifestaban contrarios a la guerra. «Somos peores que los nazis, nos estamos convirtiendo en un peligro para el mundo peor que la Alemania nazi», señaló uno. Otro expresó su convicción de que Bush está poniendo condiciones imposibles a Irak para atacar sea como sea.«No estamos siendo honrados en este asunto», concluyó. «¿Quiénes somos nosotros para llamar a la puerta de otro país y decirle que se desarme, así, sin más? ¿Quiénes nos hemos creído que somos, cómo reaccionaríamos si vinieran a decirnos eso mismo a nosotros?», fueron las irritadas palabras de una estudiante. A lo que añadía: «Menuda arrogancia la nuestra, decir que si la ONU no hace lo que nosotros queremos pasará a convertirse en una organización irrelevante. «Otros señalaron que Sadam Husein recibió ayuda económica y de armamento de Estados Unidos, y que eso le permitió estar donde ahora está y hacer lo que ha hecho.

Finalmente, una minoría en la clase insistía en que el público no está recibiendo suficiente información como para hacerse un juicio justo sobre la situación, o que la información que les llega está fuertemente tergiversada. A unos cuantos les parecía cuando menos obvio que el Irak de Sadam Husein no representa un peligro comparable a la Alemania de Hitler, y veían difícil de justificar un ataque fríamente planeado y calculado sin que haya mediado de antemano una provocación o agresión manifiesta».Queremos demostrar que a nosotros no nos rechista nadie; eso es lo que pasa», subrayó un escéptico.

En el sondeo, los resultados fueron: 26 a favor de la guerra, 29 en contra, y 13 indecisos. Ni que decir tiene que este pequeño sondeo no es científicamente representativo de los estudiantes estadounidenses y mucho menos de la población general. Pero, aunque su valor sea meramente anecdótico, tanto el debate como los resultados de la votación secreta revelan aspectos significativos del modo en que se está viviendo esta crisis entre un sector de la gente joven, y de la intensidad y crispación que provoca el asunto. También deja entrever que hay un sector que tiene conciencia de que la retórica oficial está exagerando enormemente el peligro que Irak, un país estrangulado económicamente y obviamente deseoso de evitar un ataque militar a toda costa, pueda representar para una potencia como Estados Unidos.

Medio en serio medio en broma, hace unos días Los Angeles Times mencionaba el caso de alguien que ha transformado el cuarto de baño de su casa en un búnker «por si atacaban los iraquíes».Igualmente interesante, aunque menos noticiable, me pareció el puñado de amas de casa que, acompañadas de sus hijos e hijas adolescentes, me rodeó a la salida del supermercado la otra noche mientras gritaban a coro «¡guerra no!», «¡no a la sangre por petróleo!». Como si a mí me tuvieran que convencer…

En el sondeo de clase, un estudiante escribió en su trozo de papel: «My country, right or wrong!». Un dicho popular en Estados Unidos que se traduciría por: «Yo apoyo a mi país siempre, tenga razón o no». A lo que añadía: «Pero en este caso no lo veo muy claro».

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