¿Queremos apellidarnos todos Abad Abad?

Resulta curioso observar cómo algunos políticos hacen propuestas de todo tipo sin analizar seriamente las consecuencias que su implantación pueda tener sobre la sociedad. En este caso voy a centrarme sólo en el problema de los apellidos de la madre o del padre y de las presuntas formas de resolverlo.

El problema que se plantea es el de elegir cuál de los dos apellidos, el del padre o el de la madre, debe ir en primer lugar. Como ya existe la posibilidad de cambiar el orden preestablecido si así se desea, se discute ahora solamente qué hacer en el caso de que no se llegue a un acuerdo entre los dos progenitores. Para ello, de momento se manejan dos opciones: el orden alfabético y el sorteo.

Ante la primera opción, la gente se plantea la posibilidad de que algunos apellidos desaparezcan, preocupando especialmente aquellos que figuran en los últimos lugares, como por ejemplo, el apellido Zapatero, que se vería perjudicado frente a otros, que aparecen en los primeros lugares, tales como Aznar.

Casi nadie discute que estas diferencias de tratamiento entre los diferentes apellidos tendrá una influencia decisiva en su futura permanencia. Sin embargo, algunos van más lejos, diciendo que los apellidos que comienzan por letras que van desde la N a la Z desaparecerán. Ante este tipo de afirmaciones, uno se pregunta si las personas que las hacen han realizado un estudio serio del problema, que sólo puede hacerse con un conocimiento de matemáticas y cálculo de probabilidades, al que nos tienen poco acostumbrados muchos de los políticos de nuestra generación.

Los matemáticos, físicos e ingenieros sabemos del inmenso valor de la intuición en la investigación y el progreso humano, pero también somos conocedores de los riesgos que la intuición tiene en estas ciencias. El caso de los apellidos es una de éstas, pues el orden alfabético conduce, asintóticamente (tras muchas generaciones), a la desaparición de todos los apellidos menos uno: Abad, que es el primero. Por tanto, todos acabaríamos teniendo el apellido Abad y además por duplicado.

También traiciona la intuición en el caso del sorteo, pues tampoco resuelve el problema de permanencia de los apellidos, ya que en esta hipótesis seguirían desapareciendo. Esto prueba que el asunto no es trivial y que sólo los especialistas pueden dar una solución razonable o informarnos de que no tiene solución.

Un estudio de este problema es mucho más complejo de lo que parece a primera vista o tras un análisis superficial del mismo. En la permanencia y la rapidez de desaparición de los apellidos influyen muchos factores, tales como las frecuencias de los diferentes apellidos en la actualidad (sólo cinco apellidos: García, González, Rodríguez, Fernández y López, suponen el 11% de las personas), los gustos a la hora de elegir, los comportamientos de mujeres y hombres a la hora de competir en este tema, el índice de natalidad, la frecuencia de matrimonios…

Existen instituciones, como universidades y reales academias, que tienen como objetivos y obligaciones en sus estatutos el asesoramiento al Estado en temas de trascendencia social, y que pueden prestar un importante servicio en aras del bien común. Sería conveniente la consulta antes de realizar ciertas propuestas.

Enrique Castillo Ron, miembro de la Real Academia de Ingeniería, de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y catedrático de Matemática Aplicada de la Universidad de Cantabra.