Querida Rosa

Rosa Mª Mateo, durante un acto reciente junto al presidente del Gobierno. /BERNARDO DÍAZ
Rosa Mª Mateo, durante un acto reciente junto al presidente del Gobierno. /BERNARDO DÍAZ

Te escribo con el mayor de los respetos para decirte que RTVE no merece lo que está pasando siendo tú provisional y única; siendo por decreto administradora de la radio y la televisión públicas en un contexto de concurso público de difícil viabilidad pero legitimado por el Parlamento que representa a todos los españoles para la renovación del Consejo de Administración y la Presidencia. Te lo digo con afecto y admiración, ahora que te estás llevando las culpas de lo que en la prensa se ha calificado como «purga sin precedentes», cuando se sabe que detrás de tu figura se esconde todo un pelotón que ejecuta el mandato de la mano o manos que mecen la cuna.

Te lo cuento desde el corazón y la humildad de quien hace 30 años llegó a TVE cuando tú eras una estrella a imitar, musa de la Transición y la democracia con tu tono sereno de lectura creíble, y esa belleza misteriosa de atractiva madurez y logrado misticismo. Y como amiga que te considero, a pesar de las cosas que me dijiste por teléfono cuando te llamé para explicarte mi verdad sobre los ceses y nombramientos exprés no justificables por las formas y la cantidad (casi un centenar), te ruego desde esta carta a corazón abierto que reflexiones sobre lo que se está haciendo en RTVE, sobre el engaño que supone para la sociedad predicar una cosa mientras predomina un color y hacer otra cuando cambia el semáforo a rojo intenso sin respeto alguno a la experiencia y la carrera profesional, a pesar de que en etapas anteriores siempre se tuvieron en cuenta tales argumentos por mucho que se niegue.

Apreciada Rosa:

Un premio a Informe Semanal nos llevó a mi querida Galicia, donde plantamos juntos dos árboles nominativos en el parque de la comunicación de Boiro (A Coruña) y visitamos como colegas y amigos la catedral de Santiago. Te descubrí ahí como una mujer especial que también ha pasado lo suyo en esta profesión donde el revanchismo, la venganza, el ensañamiento y el corporativismo militante se entremezclan con política y amiguismo de una forma fraudulenta y negligente. Ni los que estábamos antes somos tan malos malísimos ni los que están ahora merecen esa cacería y desprestigio a los que muchos fuimos sometidos durante años en virtud de informes y campañas de evidente finalidad que nos han traído a donde estamos.

Recuerdo cuando María Antonia Iglesias te convenció, también por decreto, para sacarte de la presentación de los Telediarios bajo la promesa de convertirte en la reportera estrella de TVE en los grandes acontecimientos del mundo. Te recuerdo víctima de las trampas del directo como enviada especial a la caída del muro de Berlín. Y recuerdo cuando tuviste que marcharte a Antena 3, de donde saliste injustamente. Por eso mismo me preocupa que bajo tu administración provisional pueda quedar como «única» la gestión de un legado negativo en tu epílogo profesional que tratan de adjudicarte sin que tu trayectoria lo merezca. Ojalá que la Wikipedia diga cuando tu mandato acabe que Rosa María Mateo fue una administradora provisional única de éxito que no miró para otro lado mientras se ejercía desde la sombra un cambio tan extremo que plantea dudas jurídicas y éticas al tiempo que nos sitúa en el permanente punto de mira mediático, político y social.

Estimada Rosa:

RTVE es de los ciudadanos, de todos sin distinción de ideología, credo ni signo del voto electoral. Nosotros, los que trabajamos en ella, somos meros depositarios de un servicio público que ha de respetar la neutralidad, la independencia, el rigor y la calidad. Las acusaciones de manipulación que muchos hemos padecido con la solemnidad impía de compañeros erigidos en jueces del purismo editorial que, en su mayoría, ocupan tras los cambios puestos de responsabilidad, brillan ahora por su ausencia. Sobran ejemplos silenciados que en poco más de un mes marcan un promedio preocupante, una hipocresía muy reveladora y la fuga de espectadores hasta perder en agosto el liderazgo de audiencia de los Telediarios.

Muchos de de los que se vestían de negro, incluidos al menos dos sindicatos, critican a escondidas por miedo a represalias que esto «no era lo que les habían vendido». Y mientras tanto, siendo tú provisional, la competencia se frota las manos a la espera de que RTVE renueve su cúpula con una estructura directiva bien atada e instalada por si no hay concurso público, o por si lo hay, en la gran causa de la fuerza del periodismo de la que todos participamos. En RTVE hay sitio para todos de acuerdo al conocimiento y la valía, para la libertad y la verdad, para la integración y el trabajo conjunto, para la suma de talento en beneficio de la ciudadanía.

Aunque se niegue, consentir el apartheid profesional te hace cooperante necesaria por mucho que se justifique desde terminales afines, lo que no deja de ser una ocupación con premeditada alevosía veraniega. Por eso te pido, desde la humildad y el respeto, que seas generosa y justa con todos los que durante décadas, con mayor o menor acierto, se han dejado la salud y la vida por RTVE, piensen como piensen o sean quienes sean. Te lo digo desde lo más profundo de mis convicciones, principios y valores, desde el espíritu democrático de la concordia, sin rencores ni ánimo de ofenderte ni a ti ni a nadie, pero en la certeza honesta de que, como sigamos así, RTVE no tiene arreglo.

Pido disculpas por si esta carta escrita desde la sinceridad te molesta porque con la guerrilla de trincheras de mis detractores habituales ya cuento. Y te reitero la ayuda y apoyo de los excelentes profesionales apartados, en la necesidad de que de una vez por todas RTVE deje de mirarse en el espejo de la confrontación política para ser el auténtico servicio público neutral y libre que la sociedad merece.

Atentamente, si me lo permites, un beso fuerte, querida Rosa.

Jenaro Castro es periodista de Documentos TV de Televisión Española (TVE).

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