¿Quién decidirá las elecciones de Venezuela?

La campaña para las elecciones presidenciales de Venezuela está en pleno apogeo, pues los votantes han de acudir a las urnas el 7 de octubre para elegir su Jefe de Estado. La campaña enfrenta a Henrique Capriles Radonski, gobernador del estado de Miranda, contra el presidente actual, Hugo Chávez, que ha ocupado el poder desde 1999.

Lo que da un carácter excepcional a estas elecciones, en nuestra opinión, es que por primera vez Chávez, que aspira a ocupar el cargo con un cuarto mandado consecutivo y sin precedentes, afronta a un opositor creíble en Capriles, quien ha logrado unir bajo su estandarte a unos dispares partidos políticos de oposición. De hecho, algunas encuestas de opinión recientes han atribuido a Chávez una ventaja de sólo un poco más de tres puntos porcentuales respecto de Capriles. No cabe duda de que se trata de una buena noticia para la incipiente democracia de Venezuela e infunde esperanzas de que haya una pugna auténticamente democrática.

No obstante, creemos que es necesario expresar nuestra preocupación por el precario estado de cosas existente en Venezuela en vísperas de la votación. Lo único que se puede decir de la situación del país es que está marcada por una gran incertidumbre, porque nadie sabe hasta dónde puede llegar Chávez para mantenerse en el poder.

Lo que está claro es que el régimen parece cada vez más decidido a lograr su supervivencia por cualquier medio necesario. Chávez tiene todas las ventajas normales de quien ocupa el poder, pero también se puede esperar que utilice cualquier recurso administrativo a su disposición para garantizar su reelección.

Además, una nube de incertidumbre se cierne sobre el período posterior a las elecciones de octubre; independientemente de quién gane, el Presidente afrontará una difícil tarea al intentar restablecer la normalidad en la vida de los ciudadanos venezolanos de a pie.

Pero eso llegará después. Hoy reviste importancia decisiva que se desarrollen las elecciones del modo más justo y transparente posible. Mientras, tanto el Gobierno como la oposición deben ser conscientes de las numerosas dificultades del período inmediatamente anterior a la votación. Si no se abordan dichas dificultades de forma responsable, podría haber consecuencias graves para el futuro del país.

La salud de Chávez sigue siendo tal vez el mayor enigma de las próximas elecciones. Hay noticias contradictorias sobre su estado físico, algunas de las cuales presentan un pronóstico sombrío. Un abandono repentino por su parte debido a la enfermedad podría causar un vacío político, que podría propiciar una toma del poder de un modo o de otro, como, por ejemplo, un golpe militar. Es imprescindible que, llegado ese caso, se respeten las disposiciones constitucionales.

A ese respecto, la falta de medios de comunicación libres resulta particularmente alarmante y no es un buen presagio para unas elecciones libres y justas. Es esencial que la oposición pueda transmitir su mensaje libremente y dirigirse a los posibles votantes, cosa que el régimen de Chávez sabe perfectamente, pues procura restringir aun más la capacidad de la oposición para llegar hasta el electorado. A ese respecto destaca el reciente ataque a Globovisión, la única emisora televisiva independiente de Venezuela que ha sobrevivido. El Tribunal Supremo impuso una sanción de un importe prohibitivo a Globovisión por sus informaciones sobre la actuación del Gobierno ante el reciente motín en una cárcel. A consecuencia de ello, el futuro de la emisora parece sombrío.

Para colmo de males, recientemente se ha sabido que los leales al régimen han estado inmiscuyéndose directamente en los asuntos de la oposición para sembrar la discordia. En fecha tan cercana como el 11 de junio, el Tribunal Supremo falló que unos aliados de Chávez podían ocupar la dirección de dos partidos políticos que antes se habían opuesto a él. Semejantes tácticas manifiestamente indecentes resultan intolerables en una democracia de verdad e infunden poderosas dudas sobre la afirmación del régimen de que respeta las normas democráticas.

Estamos profundamente convencidos de que, independientemente de quién gane las elecciones el 7 de octubre, el Presidente electo necesitará una votación libre y justa para que le brinde el crédito necesario con miras a lograr el apoyo del público. Así, pues, reviste importancia decisiva que el Gobierno no incumpla en modo alguno su promesa a ese respecto.

La situación, cada vez más turbia, de Venezuela exige una información imparcial y fiel de la evolución de la campaña. Para ese fin, los observadores de los medios de comunicación locales e internacionales deben intensificar sus gestiones a fin de revelar los intentos por parte del Gobierno de limitar la capacidad de dichos medios para desempeñar su función libremente. Las autoridades deben permitir a las organizaciones de comunicación desempeñar su decisivo papel para informar a los venezolanos y al mundo exterior de forma fiel e imparcial.

Para garantizar un terreno de juego igual para todos, la oposición venezolana debe tener un acceso igual a los medios de comunicación y se debe poner fin a los ataques oficiales que recibe. El propio día de las elecciones, se debe permitir a la oposición que sitúe observadores en todos los colegios electorales sin que hayan de temer por su seguridad. Además, hacemos un llamamiento al Gobierno de Venezuela para que actúe conforme a los procedimientos establecidos y acepte la presencia de observadores internacionales en las elecciones.

Por último, alentamos a la comunidad internacional para que siga exigiendo con firmeza y tesón unas elecciones libres y justas en octubre.

Frederik W. de Klerk, expresidente de Sudáfrica y premio Nobel de la Paz; André Glucksmann, filósofo y ensayista; Richard von Weizsäcker, expresidente de Alemania. Traducido del inglés por Carlos Manzano. © Project Syndicate, 2012.

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