¿Quién quema el monte gallego?

Por Ricardo Gómez Álvarez, responsable político del BNG en Euskal Herria (EL CORREO DIGITAL, 03/09/06):

¿Por qué arde el monte en Galicia? ¿A quién le interesa que arda el monte? ¿Quién está detrás del terrorismo ambiental? No son preguntas sin respuestas, pero sí respuestas complicadas de argumentar, porque sobre todo es un problema estructural y que tiene que ver con la ordenación territorial de Galicia.

Es cierto que incendios en Galicia los hay desde los años 60, época en la que se implantó en el país el monocultivo del eucalipto en detrimento del bosque autóctono. Con la llegada de la democracia y la instauración de la autonomía gallega, ¿qué cambios han auspiciado los diferentes ejecutivos para el medio rural en Galicia? Pues, sinceramente, nada de nada, y ha ido a peor. En los 16 años de gobierno del PP, los montes y las tierras de cultivo tienen más y mejor combustible para arder (más abandono, más eucalipto). Las tierras antes trabajadas y cuidadas alrededor de los núcleos de población eran una protección segura. Con la nefasta política de abandono de las autoridades populares, esas tierras se han convertido en monte, dejando los núcleos de población en medio del combustible, del eucalipto.

¿Que política se ha hecho para generar vida y expectativas para la juventud en el medio rural? Cero. Han dejado que el campo gallego se convierta en una selva geriátrica de caciques y eucaliptos. ¿Qué políticas se han hecho para frenar la emigración hacia las grandes urbes? Más de lo mismo. Décadas de irresponsabilidad en la política forestal (especies pirófitas, repoblaciones de pinos apretados como latas de sardinas, monte bajo ) han sido el caldo de cultivo para que el monte gallego se haya convertido en una enorme pira incendiaria, teniendo en cuenta además que es un 30% de pasto y un 70% de bosque, privado en su mayoría (sólo un 3,3% es público o mancomunal).

Su política contra incendios se basó en intentar apagar, y no en reducir el combustible del monte y en proteger zonas pobladas. Se gastaron 1.000 millones de euros en 16 años sin que el problema se resolviese lo más mínimo, además de no invertir ni un triste euro en investigar las causas de los incendios, avalando la ley del silencio a la hora de denunciar a los pirómanos. A nadie se le escapa tampoco la especulación urbanística, como las compras de terrenos que están haciendo empresarios madrileños en lugares como Carnota, Lira que año tras año son sospechosamente quemadas. Galicia es una perita en dulce ante la ya saturada costa mediterránea.

Frente a las críticas vertidas contra la Xunta, hay que decir que la inversión para paliar los incendios en Galicia es las más alta del Estado, que el operativo es similar al de otros años y que es una mentira que se haya desmantelado el operativo anterior, como ahora pretenden decir los reaccionarios del PP y sus medios afines, sino que se aumentaron los convenios con los ayuntamientos para crear brigadas (117 de este año, por 77 del año pasado). 30 ayuntamientos del PP no quisieron crear brigadas contra incendios, y encima, durante la semana negra de agosto, el material de extinción de algunos de ellos resultó estar bajo llave, para, como llegó a decir textualmente algún ‘alcalducho’ del PP, ‘que lo apague la Xunta’.

La Xunta ha sido transparente desde el primer día, siendo conscientes de la trascendencia de los incendios. No se ha querido ocultar ni una sola hectárea quemada, todo lo contrario, reflejan la triste realidad de décadas de incompetencia y dejadez de la época Fraga. Ser incompetente hubiera sido que la Xunta paseara a los pirómanos por toda la geografía gallega, mandarlos al quinto pino, que el Ejecutivo estuviera mientras tanto de caza, para posteriormente decir que son unos ‘hilillos’ de humo y que no pasa nada. Les suena, ¿verdad?

El operativo actual sería suficiente para frenar el fuego, pero seamos serios, ha sido una acción coordinada de incendiarios con una nueva tipología de acción criminal y terrorista, dirigida a causar el mayor daño posible, caos y desestabilización, crear alarma social e impacto mediático y acciones nocturnas en zonas urbanas cuando no pueden acceder los medios aéreos. Todo ello hace imposible acabar con el fuego de manera rápida. La extinción se ralentiza. Tampoco se le han caído los anillos a la Xunta por solicitar ayuda a otras comunidades e incluso al Ejército.

El oportunismo carroñero y la demagogia del PP poniendo en cuestión la profesionalidad de las brigadas, así como las críticas hacia la Xunta, no tienen parangón. Eso sí, todavía no les he escuchado condenar el terrorismo incendiario, algún ‘superjuez’ de turno debería tomar nota y aplicar la Ley de Partidos.

Por cierto, hasta el día 4 de agosto, fecha en la que comienzan las hostilidades terroristas incendiarias, la superficie quemada en Galicia era la mitad de la que se quemó durante el último Gobierno del PP. ¿Acaso no valía entonces el operativo anti-incendios? Me da que a alguien, sospechosamente, no le estaban gustando para nada esos datos y las nuevas formas de hacer las cosas. Y, ahora, la pregunta es: ¿Qué política se va a aplicar en el medio rural? ¿Cómo va a ser la reforestación? Desde la Consellería de Medio en manos del BNG se tiene claro cuál va a ser la línea a seguir:

-Acabar con la indiferencia social y la impunidad para detener a los responsables de los incendios. Reducir el combustible de los montes y crear una protección eficaz alrededor de los núcleos de población. El fuego se apaga en invierno para que no se produzca en verano.

-Incorporación de jóvenes a la actividad agroganadera y forestal, financiación especial para proyectos de nueva utilización de superficies forestales en tierras de cultivo, ley de movilidades de tierras, banco de tierras

-Medidas normativas y legislativas vinculadas a un cambio de mentalidad: Ser propietario del monte implica obligaciones en su mantenimiento. Limpieza en franjas de 25 metros en los perímetros de los núcleos de población.

-Medidas en materia de silvicultura y gestión forestal, ayudas en la limpieza, las repoblaciones frondosas, control y eliminación del eucalipto y otras especies de alto riesgo, aprovechamiento de la biomasa para la producción de electricidad.

-Medidas, algunas ya en práctica antes de los incendios y otras que se aprobarán en breve. Medidas que no gustan a la reacción, a los especuladores, porque sabemos que nada es inocente y nada es por casualidad, y pongo la mano en el fuego (nunca mejor dicho) por que detrás de esta barbarie terrorista está la mano o las manos de quienes no quieren un cambio radical y en positivo en la política agraria y forestal, así como furibundos resentidos que ven que se les acaba el chollo y la especulación.

También quisiera salir al paso ante quienes tan fácilmente se dejan llevar (una minoría estúpida) y tan poco les gusta utilizar el cerebro, calificando de burros (cuando menos) a toda la sociedad gallega los mismos argumentos que me encuentro hacia Euskadi cuando cruzo el Ebro. Y es que a veces, descalificando genéricamente a toda una sociedad, es más fácil disimular nuestras miserias personales y nuestros déficits ideológicos.