¿Quién será el siguiente que estará al mando del BCE?

Hace dos años se consideraba héroes a los líderes de los bancos centrales de todo el mundo por sus esfuerzos para evitar que la crisis financiera se convirtiera en una segunda Gran Depresión. Ahora, sin embargo, los bancos centrales son objeto de severas críticas y su independencia está bajo una fuerte presión en muchos países, en particular en la eurozona, como señaló hace poco Mario Draghi, presidente del Banco de Italia.

Siempre es importante considerar qué tipo de persona dirigirá cualquier banco central –pero ahora más que nunca porque invariablemente las crisis financieras amenazan la independencia de los bancos centrales.

En los Estados Unidos, la Reserva Federal parece tener solamente el apoyo de la administración Obama, lo que no es motivo de orgullo. El Congreso ha menospreciado el manejo que hizo la Reserva de la crisis, y el representante de Texas, Ron Paul, quien piensa que la mera existencia de la Reserva es inconstitucional, en enero se hará cargo de uno de los comités de vigilancia del Congreso más importantes. Más de la mitad de los estadounidenses quiere que los políticos tengan más participación en la política monetaria –una perspectiva  alarmante dados los precedentes históricos.

Ante la probabilidad de un largo periodo de crecimiento económico insuficiente, una presión cada vez mayor sobre las finanzas públicas en la eurozona y el debate actual sobre el futuro del euro, el BCE se ha convertido, más que nunca, en la última línea de defensa de la moneda común europea. Se necesita un presidente firme  en el BCE, que no esté dispuesto a ceder a la presión política.

Durante la crisis financiera, el BCE ha tenido un presidente sobresaliente, Jean-Claude Trichet. Sin embargo, su mandato no renovable termina en octubre de 2011, y los líderes europeos no van a esperar hasta el último momento para designar a su sucesor. De hecho, los movimientos y las negociaciones entre los países miembros del euro ya han comenzado.

Antes que nada, el próximo presidente del BCE debe ser un experto en temas monetarios. Es cierto que con la actual crisis financiera la supervisión bancaria se ha vuelto un tema central. Sin embargo, la política monetaria, y no la supervisión bancaria, es la razón de ser de los bancos centrales; el nuevo Consejo Europeo de Riesgo Sistémico (ESRB por sus siglas en inglés) puede controlar bien a los bancos. Este organismo se encargará de la supervisión macrocautelar en Europa a partir del 1 enero de 2011.

Además, y en contra de lo que comúnmente se piensa, el presidente del BCE no tiene que ser muy diplomático, pero tiene que ser capaz de unir a todos los miembros del Consejo de Gobierno de esa institución. A medida que la presión política sobre los bancos centrales, incluido el BCE, aumente, su presidente no debe dudar en criticar a los políticos europeos, y de ser necesario, nombrarlos y exponerlos públicamente. El activo más valioso del BCE es su independencia –de hecho es indispensable. Un buen banquero central debe ser capaz de decir no a los políticos.

Ello no quiere decir que el presidente del BCE debe buscar pleitos cada que se presente la oportunidad. Al contrario, debe ser capaz de reunir apoyo en torno a la independencia del BCE. Sin embargo, debe seguir la máxima sobre los políticos establecida por el primer presidente del BCE, Wim Duisenberg: “Los oigo pero no los escucho.”

El presidente también debe contar con el apoyo de la mayoría de los europeos. Desafortunadamente, la cuestión del país de origen es muy importante a este respecto. Como el actual vicepresidente del BCE es del sur de Europa (Portugal), el siguiente presidente de ese organismo debe ser del norte de Europa. Solamente alguien que sea de Alemania, los Países Bajos o un país escandinavo de la eurozona como Finlandia puede reunir el apoyo de los alemanes, que es crucial.

Ciertamente, debe haber alguien en la eurozona que tenga todas esas cualidades. De hecho, hay más de uno. Draghi es uno de ellos. Otros pueden ser Klaus Regling, presidente del Mecanismo Europeo de Estabilización Financiera (EFSF por sus siglas en inglés), Axel Weber, presidente del Bundesbank, y Jürgen Stark, actual miembro del Comité Ejecutivo del BCE.

El pasaporte italiano de Draghi y sus servicios pasados en Goldman Sachs no le ayudan mucho. Regling tiene mucha experiencia pero ninguna en bancos centrales o en política monetaria. Cualquiera que desee que Stark sea el elegido tendrá que buscar un buen equipo de abogados para encontrar la forma de convertir su actual mandato no renovable en el Comité Ejecutivo en uno de presidente sin infringir las normas del BCE. Teniendo en cuenta algunas de las declaraciones de Weber en 2010 podría acusársele de ser muy poco diplomático.

Nout Wellink, actual presidente del banco central holandés, es un candidato comodín, así como Erkki Liikanen del banco central finés. Ambos tienen el perfil para el cargo. Por supuesto, la decisión final corresponde a los jefes de Estado y de gobierno europeos. Sin embargo, pensamos que el sucesor de Trichet será muy probablemente Weber, Wellink o Liikanen.

Por Sylvester Eijffinger, profesor de Economía Financiera de la Universidad de Tilburg en los Países Bajos, y Edin Mujagic, economista monetario en el ECR Research y en la Universidad de Tilburg. Traducción de Kena Nequiz.

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