¿Quién teme a Beppe Grillo?

Respuesta: la clase política de toda Europa, italiana, alemana o española. Porque pese a la decadencia, corrupción y falta de representatividad del sistema político, mientras todo siga atado no hay necesidad de cambiar un orden de cosas que perpetúa su poder y su impunidad. O sea, mientras no haya una penetración institucional que conlleve el cambio de las reglas del juego político sin ser cooptados por las múltiples trampas preparadas para tal eventualidad (véase Obama). Y esa es la posibilidad que se ha abierto en Italia con el triunfo electoral de Beppe Grillo y el Movimento 5 Stelle (M5S). De ahí que cunda la alarma, desde los mercados financieros hasta los titulares de la prensa. Lo que se tomaba como broma se convierte en amenaza a la partitocracia. Y los más sesudos comentaristas se lanzan en tromba a denunciar la falta de propuestas realistas, el absurdo de que gente normal sean diputados y senadores y el peligro de populismo portador de catástrofe. Reflexionemos antes de posicionarnos. Empezando por los datos.

El M5S se ha convertido en el primer partido en porcentaje de voto (25,54% frente a 25,41% del Partido Democrático y 21,56% del PDL de Berlusconi). Pero el PD con alianzas llega al 29,55 y Berlusconi con alianzas al 29,18. Y la ley electoral de Berlusconi, conocida como la cerdada, bonifica al ganador y reparte el Senado según la votación en las regiones, que beneficia también a las grandes coaliciones. Aun así, ninguna coalición puede gobernar sin la otra o sin negociar con Beppe Grillo. Pero ¿cómo negociar con quienes representan la demanda popular de que “se vayan todos”?

No es cierto que este M5S no tenga propuestas. Lo que ocurre es que son consideradas inviables por las fuerzas políticas y las élites económicas. Propone salir del euro, intervenir la banca, dar prioridad a la conservación ecológica en todos los ámbitos, rechazar la intromisión de Merkel en la política italiana, reducir en 70% los sueldos de los políticos (sus electos ya lo hacen en Sicilia donándolo para microcréditos), cambiar la ley electoral para hacerla proporcional, levantar la inmunidad y procesar a los políticos corruptos. Y, sobre todo, reinventar el sistema político, sustituyendo paulatinamente el actual Parlamento por decisión popular a partir de asambleas locales y deliberación y voto en la red, con leyes propuestas por iniciativa popular. La clave de la nueva política para Grillo es ese espacio de autonomía ciudadana constituido mediante la deliberación local y las redes sociales en internet. Y esa ha sido su estrategia de campaña recorriendo Italia en furgoneta, llenando plazas y lanzando y debatiendo propuestas en las redes sociales. Como dijo: “Tenemos los pies en el suelo y la cabeza en la web”. Y en la web se eligieron los candidatos del movimiento mediante votación de miles de inscritos en el movimiento. Y así piensan seguir coordinándose y decidiendo en sus futuras intervenciones parlamentarias, como lo han hecho en los municipios y consejos regionales donde tienen presencia. Es evidente el carácter experimental de este proyecto político “antipolítica tradicional”. Pero ha recibido el apoyo de millones de ciudadanos y de buena parte de los jóvenes que se identifican con ese deseo de salir del callejón de la manipulación y la opacidad de su delegación de poder. Para ellos, es volver a empezar en la democracia. En lo inmediato, M5S se niega a pactos y sólo apoyará propuestas que estén en su programa, en especial la reforma de la ley electoral. Pero no está claro que los partidos se arriesguen a unas nuevas elecciones con reglas mas democráticas en las que Beppe Grillo se erija en triunfador. Tal vez se produzca un apoyo parlamentario de Berlusconi a un gobierno Bersani (PD) para lanzar una ofensiva mediática e institucional que aleje el peligro grillista. Pero como por ahora todos se niegan a negociar, Bersani intentará gobernar en minoría y si no puede se convocarán nuevas elecciones para marginar al M5S.

Más allá de la coyuntura italiana, hay un tema de fondo: el impacto gradual de la protesta social, originada por la crisis, en el sistema político. Hace tres meses yo señalaba en esta misma columna los vientos de cambio provenientes de Italia, tal vez porque es la más corrupta casta política y donde la partitocracia reina. Pero la distancia entre sociedad civil e instituciones políticas es un hecho generalizado, también en España.

Datos recientes de Metropolítica indican que en intención de voto directo poco más de una cuarta parte de los ciudadanos apoyan al PP y al PSOE juntos, contando personas, y casi la mitad no se plantea votar. Mientras las críticas e ideas del 15-M reciben el apoyo de un 70%. Por eso la conexión entre esa ansia mayoritaria de cambio y la intervención en las instituciones se plantea cada vez más como una perspectiva estratégica en los debates en la red y en la calle. La movilización que obligó al Parlamento a admitir a trámite la propuesta de ley de hipotecas es un primer ejemplo de que es posible pasar de la protesta a la propuesta. Claro que los actuales movimientos dejarían de serlo si se mutan en partidos como los otros. Y ahí está la experimentación por hacer. Tal vez el movimiento tendrá que replantearse la cuestión del liderazgo. No para elegir jefes, sino para que haya rostros identificables, siempre controlados por asambleas y redes: liderazgo simbólico. En la movilización sobre hipotecas el liderazgo de Ada Colau, por más que ella no se lo proponga, ha sido esencial para articular el movimiento. Del mismo modo, el 5 Estrellas no existiría sin Grillo y Casaleggio. Contradicción, porque Grillo plantea un partido sin líderes. Y de hecho él no se presenta a la elección. Pero esas contradicciones forman parte de la innovación política. Una innovación necesaria en una situación de profunda crisis económica, social e institucional donde los instrumentos de representación y gestión ya no funcionan. Innovar o morir. Porque de muerte de un sistema político se trata.

Manuel Castells

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