¿Quién teme tanto a las Cajas?

Son tiempos los nuestros opacos, confusos, ciertamente graves, y más en nuestro entorno financiero donde la simulación, silencios y medias verdades, cuando no la nuda mentira, campan por sus fueros. Ya Ortega nos advertía que en España, más importante que lo que se dice es «aquello sobre lo que se calla». Y así, tenemos un claro ejemplo de distorsión elaborado sobre una serie de falacias y silenciamientos, en la continua denigración de las Cajas de Ahorro -que representan, no lo olvidemos, un muy apetecible 50% de nuestro sistema crediticio- soslayándose, de paso, el trascendental proceso de transformación que están asumiendo y sus notables implicaciones políticas.

Si reparamos en el ataque constante que sufren las Cajas de Ahorro y Montes de Piedad, cabe descubrir tres estrategias que actúan de consuno: la falacia de la similitud (desastrosa) entre las Cajas; el silenciamiento de su Obra Social y la omisión del alcance e implicaciones de su nuevo ordenamiento. Veámoslas con cierto detalle.

Primero.- La Falacia de la similitud (desastrosa) entre las Cajas. Consiste en asociar mentalmente Caja con orgía y desmán financiero. Repárese que, como en todo reduccionismo, no se especifica si uno se refiere a tal o cual entidad, sino a cualquier Caja in genere. El estereotipo pretende quedar de esta manera firmemente anclado en la mente del -se supone- incauto lector. Todo lo cual es una ofensa muy grave -y muy burda- a la realidad. Asimilar la gestión, ratios de solvencia y resultados de la Caja de Castilla-La Mancha con, aquellos otros, por ejemplo, de la Caixa, Ibercaja o BBK, presupone mala fe o profunda ignorancia.

Pero ni tan siquiera hace falta irse a las grandes. Si examinamos la gestión, ratios y resultados de entidades de menor renombre como son las tres Cajas más pequeñas, Caja Vital (128 oficinas), Caixa Onteniente (40 ) y Caja Pollensa (21) -con más de 100 años de historia y una Obra Social encomiable-, nos encontramos con unos indicadores de gestión, orientación al cliente y prudencia contable que ya quisieran para sí algunos de nuestros bancos de tamaño medio (y grande) en dificultades tan graves como silenciadas. Sin duda, sus tasas de morosidad reales se ruborizarían ante el 2,6% de mora de nuestra Caja de ámbito balear, por ejemplo.

El gigantismo -y esa es una de las grandes experiencias de esta crisis financiera tan traumática- no es sinónimo de excelencia en la gestión bancaría. El «small is beautiful» del economista Schumacher cumple en estas Buenas Prácticas de Vitoria, Onteniente y Pollensa todo su significado que se deriva del antiguo concepto de proximidad tan propio de las Cajas de Ahorro.

La difusión de la Falacia de la similitud (desastrosa) entre las Cajas cumple pues una doble misión: por un lado, diluir en un totum revolutum determinados modelos que resultan competitivos (por sus ratios de solvencia) y a su vez admirables (por su obra social) de gestionar entidades de crédito que, quiérase o no, añaden un rostro humano al cuerpo amorfo del capitalismo descarnado que padecemos.

Y, por otra parte, se consigue así distraer el foco de atención de los problemas muy serios que tiene la banca española en sus varios frentes abiertos, como nos indica pertinazmente su depreciado valor bursátil a pesar de tantos juegos malabares y vanos engallamientos. Situaciones bien graves sobre las que, volviendo de nuevo a Ortega, no hay sino silencio tan sospechoso como impropio de una genuina república. Y eso no parece ni muy justo ni, desde luego, muy fair-play.

Segundo.- La siguiente estrategia de denigración resultaba del silenciamiento de su Obra Social. Parece que mucho molesta -tal vez porque deja en evidencia el patrocinio de esos opiáceos millonarios como son nuestro fútbol y la Fórmula 1- ese origen social que en España liga el auge de las Cajas de Ahorro y Montes de Piedad con fines caritativos. Como recuerda bien el profesor Velarde, no deja de tener un profundo significado que el catolicismo español y nuestro peculiar krausismo se hermanasen en su afán de justicia social a través de las Cajas por medio de las Conferencias de San Vicente de Paul los unos y, los otros, de los Amigos de los Pobres.

Claro que ni el catolicismo ni el krausismo, tan distintos entre sí, comulgaban con las ruedas de molino del capitalismo desalmado que presenciaban y cuyas consecuencias previeron. Que Cánovas, con la Ley de 29 de junio de 1880 pusiera a las Cajas bajo la protección del Estado por sus fines benéficos, da cuenta de la visión de Estado del político malagueño y, en parte, del milagro de paz social -ahora tan amenazada- que supuso nuestra dilatada Restauración.

Recordemos que la Obra Social de nuestras denigradas Cajas es la fuente más importante de prestación de servicios culturales y asistenciales en nuestro país, lo cual conviene ser resaltado en estos tiempos de indigencia. Y si no veamos el siguiente botón de muestra: sólo en 2009 fueron usuarias de alguna o varias de las acciones llevadas a cabo por la Obra Social, un total de 162,58 millones de personas en España.

De esta manera, y en términos estadísticos, cada ciudadano del territorio español se benefició de las iniciativas de la Obra Social en más de tres ocasiones durante el ejercicio citado. Sumemos a ello otro dato bien reciente: el 75% de dicha obra social se dirige a reducir la desigualdad de oportunidades existente en nuestro país. Justo cuando la brecha entre una elite económica cada vez más endogámica y el resto de las capas sociales se abre de forma creciente a medida que la crisis sigue su curso.

y eS PRECISAMENTE esta obra social cuya imagen está fuertemente arraigada en nuestro inconsciente colectivo lo que explica, a mi juicio, un hecho elocuente: que a pesar de la situación de determinadas Cajas y Montes de Piedad, sus clientes son reacios a migrar a esa banca que pretende captarlos, precisamente por el peso que para ellos tienen la función benéfica de sus depósitos. Este fenómeno de fidelización en la adversidad se observa no solo en las capas más populares sino, y ahí está lo novedoso, en los estratos medios y, sobre todo, ilustrados, lo que me temo que no se está calibrando en su justa medida. Y así, su permanencia en las Cajas aparece por un lado, como una protesta afirmativa contra el modelo de ganancia, retribución y ocultamiento de otras entidades financieras y, por otro, como una creencia en que sólo desde un enfoque distributivo similar a este esquema de «capitalismo participativo» podremos salir de la encrucijada en la que nos hallamos.

Tercero.- Y, por último, queda el tercer subterfugio: la omisión del alcance y significado de su nuevo ordenamiento. Consideremos para entender lo que está en juego que el problema de las Cajas no ha hecho sino replicar en un balance la profunda crisis de nuestro modelo autonómico, con sus 17 leviatanes generados. El asalto, en 1985, al poder de las Cajas por parte del poder político (comunidades autónomas, partidos y sindicatos), afianzado con la posterior jurisprudencia constitucional en el que un poder autonómico ya consolidado campa por sus fueros, originó un ciclo para las Cajas tan expansivo en su estrategia como endogámico en sus gobiernos de gestión. Todo lo cual ha resultado incapaz de sobrevivir a ese golpe de realidad que ha supuesto el crash financiero de 2008. El fin de ese modelo marca a su vez el ocaso del Estado autonómico.

Ante ello y con una insólita visión de Estado, el Real Decreto 11/2010 convalidado con sólo siete votos en contra de 350 diputados supone una profunda catarsis con su concepto de unas Cajas de Ahorros tenedoras de unos bancos instrumentales y transversales que rompe precisamente con ese triunvirato autonómico, partitocrático y sindical, marcando un hito -y un precedente- trascendental. Todo ello en pro de una mayor capitalización, profesionalización de sus consejos de administración e independencia de gestión.

La idea misma de Caja-Banco (Caja en lo social, Banco en la gestión) introduce un «capitalismo participativo y social» lo suficientemente sugerente para que no se le lapide y pueda resonar entre tantos adversarios emboscados del proyecto aquella inmortal admonición de Hölderlin: «Renunciad al poder de rebajar lo alto». Y es que de mucha altura de miras estamos hablando.

Ignacio García de Leániz Caprile, profesor de Recursos Humanos de la Universidad de Alcalá de Henares.

1 comentario


  1. No están los tiempos para alegrías.

    Apunten Vds.

    1.- Ultimo trimestre 2011 : RESCATE DE ESPAÑA
    1.1.- Lo de Grecia sólofué un anuncio

    2.- Merkel o Trichet tendrán que tirar de la “caja” para aportar fondos y recuperar a un pais de 45 M de habitantes. No lo podrán hacer.

    3.- El € ( Euro ) posiblemente desaparecerá ??, creo que no pero será moneda de 2ª división ( como en el futbol).
    3.1.- No tiene NINGUN SENTIDO una moneda llamada “unica” en la UE que no representa a los interese Unicos de su mercado, que sólo son dos Francia y Alemania )

    El último trimestre de este año ¡ SERA UN AUTENTICO DESASTRE ( económico Y SOCIAL ) y lo que vendrá en los siguientes 4 CUATRO años será mas de lo mismo.

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