¿Quiénes son los terroristas?

Muy pocos estarán en desacuerdo con el veredicto de que el presidente Trump ha iniciado una época lamentable en la historia de su país y que su elección de ministros y de políticas es deplorable. Muy pocos estarán en desacuerdo con la opinión de que su orden de prohibir la entrada a Estados Unidos de un número elegido de países musulmanes es injusta, inhumana y probablemente ilegal. Los jueces de EEUU están actualmente en un dilema sobre qué hacer con el decreto presidencial.

El motivo alegado por el presidente era proteger a su país de los terroristas, y nadie podría negar que es un motivo comprensible. Mientras tanto, es justo decir que Trump no es tan simple como uno podría pensar. La semana pasada un entrevistador de televisión le preguntó si respetaba a su homólogo ruso, el presidente Putin. “Sí”, respondió Trump, “le respeto”. “Pero es un asesino”, dijo el entrevistador a Trump. “Hay muchos asesinos, ¿cree que nuestro país es tan inocente?”, respondió Trump. Esa, por supuesto, fue una declaración sorprendentemente honesta de un presidente estadounidense. Lo alarmante, sin embargo, fue la reacción inmediata de un senador republicano, que criticó a Trump por sugerir que los estadounidenses -a los que obviamente definía como gente buena y pacífica- podían compararse de algún modo a asesinos como los rusos. Los estadounidenses y los rusos, declaró el senador, eran dos tipos de personas muy diferentes.

La reacción del senador subraya un problema fundamental de Estados Unidos. Revela la inmensa distancia que separa a la cómoda, rica y abrumadoramente blanca élite estadounidense del resto de la raza humana. Para esa élite, el mundo exterior está repleto de personas cuya única intención es hacer daño a el pacífico Estados Unidos. Como los funcionarios dejaron claro cuando impusieron la prohibición de Trump a los inmigrantes de siete países islámicos, incluso los niños pequeños con visados válidos podrían ser considerados terroristas. La Casa Blanca defendió la prohibición de un niño iraní de cinco años de edad, ciudadano estadounidense que vive con su madre en Maryland, pero que fue detenido durante cuatro horas en el aeropuerto, diciendo que «podría haber planteado una amenaza a la seguridad». La Casa Blanca explicó además: “Asumir que alguien sólo por la edad y el género no representa una amenaza sería desacertado y equivocado”.

Por lo tanto, ¿Estados Unidos es el hogar de la paz y la democracia, y está continuamente amenazado por terroristas extranjeros? ¿Los rusos son asesinos, pero los americanos no? Estas creencias predominan en todas partes en América, y especialmente en la América blanca. Las muertes de uno o dos estadounidenses en Afganistán, en Yemen, en Somalia, en Siria, aparecen en los titulares de muchos periódicos estadounidenses y confirman la impresión de una campaña mundial de terrorismo asesino. Por supuesto, podemos decir, el terrorismo cruel, estúpido, reaccionario y fanático, asesino y despiadado, existe en todo el mundo, especialmente en el mundo islámico. Pero, ¿cuáles son las verdaderas amenazas a la seguridad de Estados Unidos?

Después de ver las noticias de televisión mostrando a miles de personas con documentación válida siendo rechazadas en los aeropuertos simplemente porque procedían de uno de los siete países prohibidos, uno se siente no sólo indignado, sino también desconcertado. La amenaza terrorista a Estados Unidos no viene necesariamente del exterior. Es un hecho que desde el 11 de septiembre ningún estadounidense ha muerto en un ataque terrorista por un ciudadano de estos países. También es un hecho que ni una sola persona prohibida o deportada por la orden de Trump la semana pasada podría ser identificada como terrorista. En los últimos años ha habido algunas muertes en Estados Unidos causadas por asesinos de origen extranjero, pero los asesinos reales dentro de EEUU son los propios estadounidenses.

Entre los asesinos están niños estadounidenses. “Cada día”, escribe un experto, “siete niños y adolescentes mueren por disparos en Estados Unidos”, generalmente por otros niños jugando con armas. La ubicuidad de las armas entre la población produce las estadísticas más altas de muerte en el mundo entero. Más personas mueren con armas de fuego en Estados Unidos en un día que en Reino Unido en un año entero, y la tasa de mortalidad por asesinatos con armas de fuego en los EEUU es más alta que la de cualquier otro país civilizado. No es necesario agobiarse con las estadísticas, que son a la vez infinitas y casi increíbles. Un ciudadano estadounidense tiene 70 veces más probabilidades de ser asesinado con una pistola que un ciudadano de Francia o Rusia, cifras que deberían darle al senador estadounidense que acabamos de citar un montón de ideas. Es cierto que Estados Unidos no es sólo un país, sino casi un continente, y sus estadísticas son, pues, inevitablemente impresionantes. Pero el terror que impone el arma es algo que afecta a todos los sectores de la población, especialmente cuando se habla de la policía.

En principio, la policía, de cualquier país, usa armas para protegerse a sí misma y a la gente, contra los delincuentes. En EEUU la situación es algo diferente. En el año 2015, más de 1.000 ciudadanos de EEUU fueron asesinados por la policía de EEUU, un promedio de tres personas cada día. El mismo nivel de muertes ocurrió en años anteriores. De esto podemos calcular que cada tres años la policía estadounidense mata a más personas que los terroristas de Al Qaeda asesinaron en ese fatal día de 2001 en Nueva York. El FBI llama a estos asesinatos “homicidios justificables”, una descripción interesante cuando tenemos en cuenta que la mayoría de los muertos son negros y alrededor de un tercio de los negros muertos están desarmados.

En los últimos 10 años, por cada estadounidense asesinado por el terrorismo en Estados Unidos y alrededor del mundo, más de 1.000 murieron por armas de fuego dentro del país. Para ponerlo en cifras, entre 2004 y 2014, alrededor de 70 estadounidenses murieron dentro del país en actos de terrorismo, pero 300.000 murieron a causa de la violencia armada. Los que matan a los estadounidenses son estadounidenses, no visitantes musulmanes.

Los portavoces del Gobierno de Estados Unidos, sin embargo, persistentemente se niegan a mirar otro lado terrible de la imagen: el número de personas asesinadas por la violencia estadounidense en el mundo musulmán. Como dije en un artículo reciente (en EL MUNDO en agosto de 2016), nunca se puede repetir con suficiente frecuencia que Estados Unidos, actuando bajo la cobertura de protector de la “libertad”, es el mayor promotor mundial de la muerte y la violencia. La magnitud de muerte infligida por Estados Unidos a los no estadounidenses es increíble. El registro público de mortalidad tras la invasión estadounidense de Irak en 2003, una invasión justificada en aquel momento por la falsa afirmación de que el régimen poseía “armas de destrucción masiva”, ha alcanzado un total de más de 250.000 personas.

En los últimos 10 años, el Gobierno de Estados Unidos ha usado regularmente aviones no tripulados para atacar presuntos centros terroristas. En un solo país, Pakistán, en estos años los drones estadounidenses han matado a más de 2.600 personas, que los estadounidenses afirman ser terroristas, cuando la evidencia muestra claramente que muchos no lo eran. ¿Y qué hay del total de personas asesinadas por drones no sólo en Pakistán, sino también en Irak, en Siria, en Afganistán, estados islámicos que ahora son zonas de guerra constante? Sólo en Siria, se calcula que más de 11.000 niños han muerto en una guerra en la que los protagonistas han sido principalmente tres: el Gobierno sirio, el Gobierno ruso y el Gobierno de Estados Unidos. Sin embargo, Siria figura entre los países de los que Trump pretende prohibir a los inmigrantes. Los inmigrantes, afirma, son terroristas. Veamos lo que piensan los jueces de Estados Unidos.

Henry Kamen, historiador británico, acaba de publicar Carlos emperador. Vida del rey césar (La Esfera de los Libros).

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