¿Quiere el PSOE amnistiar a ETA?

Todas las noticias que nos llegan confirman nuestros peores temores: el Partido Socialista Obrero Español sigue donde estaba en relación con ETA, intentando negociar la paz. Todos los datos apuntan a que han estado dos años disimulando, haciendo gestos de distanciamiento, negando la mayor, pactando la supuesta nueva política antiterrorista con el Partido Popular.

Parece demostrado que los socialistas seguían en contacto con la banda mientras la Policía y la Guardia Civil hacían su trabajo sin miramientos ni interferencias políticas. Mientras el ministro o el consejero de Interior celebraban las detenciones de comandos de ETA haciendo declaraciones que parecían actos de contrición definitivos, los Eguiguren de turno seguían cortejando a la bestia. Y los ayuntamientos a los que llegaron gracias a las instrucciones que dio el Gobierno a la Abogacía del Estado seguían gobernados por ellos.

El PSOE y el Gobierno han practicado con maestría la doble estrategia; con ellos y contra ellos, en misa y repicando. Como si estuvieran jugando al mus entre pillos, a ver quién engaña al otro. Como si no fuera una pistola cargada la que está sobre la mesa; como si no fuera la vida de otros la que se está jugando mientras pasan la señal al que está allá en el norte, allá en Irlanda, allá en Francia… Pareciera como si los socialistas hubieran aprendido a cuidar las formas, la apariencia, sin modificar un ápice la estrategia, el fondo. Pero hoy sabemos que nunca -ni antes ni después de la T4, ni cuando negaban antes ni cuando niegan ahora-, han dejado de hablar con ellos. Hoy sabemos que Zapatero y los suyos siguen acariciando el final dialogado. Hoy sabemos que hablan de derrota mientras negocian la amnistía.

Y en esas llega el cambio de Gobierno. Y casi lo primero que hace Ramón Jáuregui es declarar en ETB que la izquierda abertzale ha llegado a la convicción de que «la violencia contamina su causa y les puede arrastrar al precipicio». Jáuregui es persona que sabe lo que dice y de lo que habla. Sabe que lo que él llama «entornos de la izquierda abertzale» es ETA según sentencia del Supremo del año 2003. Por eso sus palabras sólo pueden interpretarse a la luz del nuevo guión: hay que reconocer que la ETA política tiene una causa distinta a la de destruir la democracia para poder amnistiarlos.

Llegan noticias nuevas: varios diarios vascos dan cuenta de los encuentros recientes entre dirigentes del Partido Socialista de Euskadi -el mismo que gobierna en el País Vasco, el mismo que gobierna en España- con miembros de Batasuna. Los socialistas se apresuran a negarlo. Inmediatamente ha hablado Eguiguren; en declaraciones a ETB ha afirmado que «se atiene» a lo dicho por su partido aunque manifiesta que a él no le hubiera parecido «tan grave». El presidente del PSE ha asegurado que el problema para reunirse con la izquierda abertzale «es que es ilegal», y que el hecho de que «se escandalice el PP, básicamente en España», porque los populares vascos (¿) «están actuando con bastante tranquilidad», se orienta a «hacer de unos hechos intrascendentes grandes problemas para agitar y hacer oposición».

Preguntado por Arnaldo Otegi, a cuyo juicio del día 11 en la Audiencia Nacional acudirá como testigo, ha manifestado que «es un hombre convencido de que la lucha armada ya no tiene sentido, de que hay que actuar en las instituciones, de que hay que hacer la paz en Euskadi», como «la gran mayoría de Batasuna». «Yo creo que es un hombre que quiere la paz», ha añadido. Todos recordamos que Zapatero también hizo esa proclama respecto del mismo terrorista. También ha dicho que «sería mejor que estuviera fuera y haciendo política».

Hasta llegar a esta situación hemos podido recopilar muchas pistas que podrían indicarnos que la burra ha vuelto al trigo. O quizá es que nunca se fue del campo. Pareciera que los socialistas han pasado estos años trabajando en la misma dirección emprendida por Zapatero en su primera legislatura, si bien lo han hecho discretamente hasta que ha llegado el momento de la verdad: llegan las elecciones y los terroristas necesitan infiltrarse otra vez en las instituciones. Y quieren hacerlo a pecho descubierto (no en vano son hombres de paz), no detrás de esas siglas ya desgastadas (e ilegalizadas) que les sirvieron para gestar con el PSOE la traición allá por la primavera del año 2007.

La obra se ha ido desarrollando, acto a acto, fotograma a fotograma: Díez Usabiaga era excarcelado para cuidar a su madre; el otrora actor principal, un tal Ternera, desaparecía de escena; también se esfumaba en Irlanda el killer De Juana Chaos, ese que dejaron pasear por San Sebastián «porque lo más importante es que no se muera», según dijo Patxi López.

Forma parte de la obra la entrevista a cuatro páginas, portada y editorial de Otegi en El País, el periódico institucional y PSOE por excelencia. Nunca le dieron tanto espacio y tal tratamiento a ningún presidente del Gobierno de España. Pero se lo dan a un terrorista condenado y encarcelado porque el guión exige cambiar el carácter de los protagonistas.

Sigue la obra de enredo. Mientras que el ministro del Interior y vicepresidente primero trata de enmascarar la jugada y pide «prudencia» tras el Consejo de Ministros, Eguiguren insiste en que desea ver a Otegi en la calle haciendo política. Seguro que a Joseba Pagazaurtundua y al resto de los asesinados por ETA también les gustaría encontrarse con Otegi en la calle; pero no es posible porque los compañeros del hombre al que Eguiguren espera les asesinaron. Por esos sus madres huérfanas, sus hermanos huérfanos, sus hijos y esposas huérfanos no tienen ningún interés en ver a los terroristas en la calle. Yo tampoco.

En estos tiempos oscuros, mientras la obra parece acercarse a su fin, oigo voces que especulan sobre la rentabilidad electoral de lo que está ocurriendo. Me asquea ese debate. Lo verdaderamente repugnante de esta operación son las consecuencias que tendrá si se lleva a término: el Gobierno y el PSOE les estarían dando oxígeno a los terroristas cuando estos boqueaban, cuando estábamos a punto de liquidarlos, y ello les permitiría coger fuerzas para volver a matar. Eso es lo aterrador: que el PSOE amnistíe a ETA y ETA no haya dejado de declararnos la guerra.

Resulta evidente que los socialistas no se arrepienten de lo que hicieron e incluso presumen de ello. Jáuregui dijo en Tele 5, tres días después de ser nombrado ministro, que la debilidad de la ETA de hoy es consecuencia de la estrategia del Gobierno en la pasada legislatura. Para el Gobierno de Zapatero no es la resistencia democrática, el valor cívico, el dolor y la dignidad de las víctimas y la ley lo que ha ido venciendo a ETA. Para Zapatero y su Gobierno es la rendición al terror lo que da buenos resultados.

Lástima que nos haya tocado un Chamberlain; pero menos mal que ha sido ahora, porque tiemblo de pensar qué hubiera pasado si este hombre hubiera sido presidente del Gobierno de España en los años 80… Parece que no haya aprendido nada de la Historia, o que su adanismo sea tal que llegue a creer que con su habilidad y su baraka puede convertir en demócratas a los verdugos. O, lo que sería peor, que se conforme con que los verdugos disimulen que lo son durante el tiempo suficiente para amnistiarlos.

Montesquieu lo dejó escrito en su ensayo sobre la decadencia del Imperio Romano: «No es recomendable pagar por la paz, pues quien te la ha vendido se encuentra en mejores condiciones para hacerte pagar por ella nuevamente». Si leyeran… Si tuvieran sentido de Estado… Si recuperaran la piedad…

Rosa Díez, diputada nacional y portavoz de Unión Progreso y Democracia.