Quo Vadis, Rivera?

Querido Albert: cuando hace bastantes años -quizás en 2006- viniste a mi despacho para contarme lo que entonces era un proyecto que enseguida tomaría el nombre de Ciudadanos, me pareció muy conveniente para aplicar a la realidad política catalana, que ya entonces amenazaba ruina. Desde aquellos días habéis tenido éxitos indudables y desde luego lo fue el conseguir en las elecciones autonómicas de 2017 ser el partido más votado en Cataluña; pero, como en toda andadura humana, ha habido errores.

Y uno grave ha sido, en mi opinión, optar por abandonar el papel de bisagra para pasar a disputar el liderazgo del centro-derecha al PP. Este giro estratégico sólo ha conseguido volver a la divisoria de aguas izquierda-derecha, cuando lo que aquí se ha de dilucidar está en otra frontera: la de constitucionalistas versus separatistas y otros populismos, como el de Pablo Iglesias, que defiende la celebración de referendos de autodeterminación en todas partes del territorio nacional.

Esa partición izquierda-derecha no podía beneficiar sino a Pedro Sánchez, quien, de una tacada, no sólo se ha hecho dueño de su partido (de entre quienes apoyaron a Susana Díaz no ha dejado a uno vivo), sino también de toda la izquierda, dejando a Pablo Iglesias (que siempre lideró con mano de hierro un partido que nació, creció y murió entre mentiras) a la intemperie.

En las condiciones que marca la ley electoral y con el centro-derecha partido en tres, era casi imposible ganarle a Sánchez las elecciones generales, pues existen gran cantidad de circunscripciones (provincias) en las cuales, por ser pequeñas, no funciona la proporcionalidad.

Pues bien, visto lo anterior y contando vuestra notable implantación territorial, ha llegado el momento de que cambies de estrategia, pues es en estos trances cuando la mirada larga hacia adelante ha de imponerse a la táctica, es decir, al cortoplacismo y a la mercadotecnia. Deberíais verlo así para conseguir un compromiso de medio y largo plazo que impida que una política roma y cortoplacista lleve a las instituciones -y con ellas a la sociedad española- al despeñadero.

Para que eso no ocurra, lo primero que es preciso aclarar es dónde está el peligro, y en el caso de la España actual ese peligro tiene un nombre escrito en letras capitales: SEPARATISMO. Un separatismo-nacionalismo que obtiene sus mejores réditos políticos de la debilidad e inestabilidad gubernamentales.

Por eso debéis apostar en primer lugar por la estabilidad gubernamental, lo cual exige un acuerdo con el PSOE de Sánchez. Ya sé que tenéis buenas razones para desconfiar de él, pero también es cierto que el objetivo principal (o único) de Sánchez no es «el diálogo» con los separatistas, ni la España «plurinacional», ni nada que se le parezca. Su objetivo es permanecer en el palacete de La Moncloa, y es un precio que deberéis pagar. ¿A cambio de qué? Sólo citaré algunos puntos elementales:

-Que él corte amarras con el separatismo catalán y que se comprometa a no usar el indulto a favor de los golpistas si estos son condenados, al menos hasta que los presos y fugados reconozcan la derrota.

-Plantar cara a los aprovechateguis vascos, empezando por eliminar la Transitoria Cuarta de la Constitución, impidiendo así definitivamente que jueguen con el destino de Navarra. Siguiendo con la exigencia de que paguen, vía cupo (el cupo se calcula, pero no se negocia), por ejemplo, los déficits de la Seguridad Social que allí se generan.

-Impedir que el uso de las llamadas «lenguas propias» sirva para expulsar al español de algunas sociedades, marginando en la enseñanza a los alumnos que lo tienen como lengua materna.

-Comprometer unos presupuestos razonables y ajustados a la normativa europea.

-Utilizar las competencias estatales para que la sanidad pública no sea jamás parcelada.

En otras palabras, la conjunción constitucional (PSOE, PP, Ciudadanos), que cuenta con la inmensa mayoría de los votos, tiene la obligación de dar estabilidad a las instituciones, empezando por el Gobierno, y a través de esa estabilidad y de ese apoyo electoral acabar con las pretensiones desestabilizadoras y expansionistas (Navarra, Baleares, Valencia).

Conseguir, en fin, imponer la Constitución y las leyes, y que los del lazo amarillo y los aprovechateguis de Euskadi sepan de una vez que -como escribiera el Dante- deben abandonar cualquier esperanza separatista… Y dejen ya de engañar al personal.

En cuanto al baile de los pactos que se ha organizado tras el domingo 26 de mayo, estarás conmigo en afirmar que se trata de un espectáculo lamentable que os desprestigia a vosotros y desprestigia a la política. Dejaos, pues, de postureos y aclarad cuanto antes lo que vais a hacer, por ejemplo en Madrid… Y, por favor, no nos dejéis a los pobres madrileños en manos del inoperante buenismo «carmenita» y de sus confluencias populistas.

Joaquín Leguina, expresidente de la Comunidad de Madrid.

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