Raza y republicanismo francés

Por Raphaël Hadas-Lebel, autor de Ciento una palabras sobre la democracia francesa, miembro del Consejo de Estado y profesor del Instituto de Estudios Políticos de París. © Project-Sindicate/ Instituto de Ciencias Humanas. Traducción: C. Manzano (15/04/07):

El de la raza siempre ha sido un asunto provocativo cuando las necesidades de la ciencia y la estadística se cruzan con la política. En Francia, la prevista introducción de los datos estadísticos étnicos ha causado una feroz disputa que afecta al corazón mismo del republicanismo francés.

Conforme a una ley que se remonta a la Revolución Francesa y reconfirmada en 1978, se prohíbe a los funcionarios estatales franceses recoger información, ya sea real o supuesta, sobre los orígenes étnicos o raciales de un ciudadano al realizar un censo u otras operaciones de recogida de datos estadísticos sobre la población. Hay dos razones principales para ello. La primera es el principio republicano, consagrado en la Constitución, que sólo reconoce ciudadanos y no acepta distinción alguna entre ellos debida al origen, la raza o la religión. La segunda razón es histórica: los dolorosos y aún vívidos recuerdos del régimen de Vichy durante la Segunda Guerra Mundial, cuando se estampaba el origen racial y religioso en los documentos de identificación nacional y se utilizó como instrumento para acorralar a los judíos franceses para enviarlos a los campos de la muerte.

Esa cuestión ha vuelto a primer plano porque hay una nueva lucha contra la discriminación racial que parece requerir medidas más precisas contra la desigualdad social. Se cree que las estadísticas públicas existentes no aportan información suficiente para analizar la posible discriminación en el empleo y la vivienda. Al fin y al cabo, sin estadísticas apropiadas, resulta difícil demostrar la discriminación. De hecho, muchos sostienen que con la negativa a tener en cuenta las distinciones vinculadas al origen étnico y religioso se legitiman dichas distinciones. Un crítico social británico, citado por la socióloga Dominique Schnapper, compara el comportamiento de los franceses, reacios a mencionar la discriminación étnica, con el de los ingleses de la época victoriana, que se negaban a hablar de sexo.

Los partidarios de recoger datos estadísticos sobre la religión y la raza recurren a las experiencias de EE. UU., Gran Bretaña y los Países Bajos, donde los encargados de confeccionar el censo tienen libertad para preguntar por los orígenes étnicos y la sensación de arraigo de un ciudadano. Desde 1990, EE. UU. ha recogido datos sobre los orígenes étnicos. Aunque la Primera Enmienda de la Constitución de ese país prohíbe cualquier clase de examen religioso para la concesión de la ciudadanía o el desempeño de un cargo político, es posible recoger datos sobre la etnicidad, incluso en ciertos casos de múltiples orígenes étnicos, como, por ejemplo, blanco,negro,asiático,nativo americano.

En Gran Bretaña, la preocupación por la promoción social de las minorías propició la introducción en 1991 de estadísticas que indicaran la condición étnica. En cuanto a los Países Bajos, se obligó a las empresas a comunicar la composición étnica de su mano de obra hasta que se revocó la ley en el 2003.

Pero la legislación francesa actual es menos rigurosa de lo que parece. Distingue entre archivos anónimos resultantes de muestras al azar y confeccionados para fines científicos, en los que pueden figurar datos sobre los orígenes de una persona, y archivos que no son anónimos, que tienen consecuencias directas para las personas interesadas... y en los que está estrictamente prohibido registrar dato alguno sobre los orígenes étnicos. La ley de 1978 permite a los estadísticos estatales formular preguntas delicadas sólo si son pertinentes para la encuesta y con el consentimiento de la persona entrevistada.

Pero los estadísticos estatales llevan mucho tiempo estudiando los orígenes nacionales de los inmigrantes y se les permite indicar la nacionalidad anterior de las personas que han adquirido la ciudadanía francesa. Así pues, existe una distinción entre la mención de la nacionalidad original, que está permitida, y la mención étnica y de los orígenes raciales, que no lo está. ¿Es necesario avanzar más tan sólo porque los indicadores relacionados con el origen nacional no son suficientes para descubrir la discriminación - sobre todo la indirecta- basada en razones étnicas? Algunas encuestas muestran que los grupos interesados abrigan dudas al respecto.

Las estadísticas no son sólo un reflejo de la realidad: ayudan a moldearla. Con frecuencia las categorías estadísticas tienen tendencia a convertirse en categorías sociales. No sólo las indicaciones raciales (blanco, negro, árabe, asiático) son muy imprecisas en un mundo en el que la mezcla de razas es algo común, sino que, además, como sostiene François Héran, director del Instituto Nacional de Estudios Demográficos de Francia, también es necesario demostrar que la diferencia significa desigualdad y que la desigualdad significa necesariamente discriminación. De hecho, el recuento étnico podría servir sólo para reforzar la lógica de la separación entre comunidades.

Dado el deseo de castigar la discriminación étnica, es comprensible que se pretenda que el Estado obtenga ese conocimiento, pero el Estado tiene otros medios para fomentar la igualdad a partir de criterios nacionales, sociales o económicos. En vista del riesgo de incitar a un nuevo antagonismo, la recogida de datos estadísticos sobre la raza, la religión y la etnia puede no valer la pena. La prohibición de los datos étnicos y raciales es un tabú que no se debe anular así como así sin sopesar cuidadosamente el riesgo de paz social.