Razones para una victoria

Este pasado domingo los argentinos han expresado de forma abrumadora su apoyo a Cristina Fernández para que sea durante cuatro años más la inquilina de la Casa Rosada, a la par que le han otorgado una cómoda mayoría en el Congreso y el Senado. Con estos resultados electorales el peronismo consigue por primera vez en la historia una tercera victoria presidencial consecutiva.

Pero lo más llamativo de estos comicios es la comodidad con que la candidata se ha impuesto a sus rivales, sobre todo porque la ahora reelegida presidenta inició su mandato en el 2007 de forma turbulenta y con muy poca popularidad, y porque hace justo un par de años el oficialismo perdió su mayoría en el Congreso frente al bloque opositor. Sin embargo, desde hace meses (y, sobre todo, desde las elecciones internas del 14 de agosto) nadie dudaba de que Cristina Fernández conseguiría retener el poder.

Ante ello es preciso preguntarse sobre las razones por las cuales quien pareció una débil y desorientada mandataria en el 2007 ha conseguido dos hazañas políticas: conquistar un tercer mandato para el peronismo y sacar 40 puntos porcentuales de diferencia al segundo candidato.

A decir verdad, hay varios elementos que pueden ayudarnos a comprender esta victoria aplastante. Entre ellos yo destacaría tres y medio. El primero es la bonanza económica y la gestión de la misma, el segundo es la atomización de la oposición, el tercero es el empeño político y la beligerancia de la candidata, y el medio es la súbita e inesperada muerte de su marido Néstor Kirchner.

Respecto a la coyuntura económica, cabe exponer que durante los últimos siete años Argentina ha vivido un ciclo económico expansivo (con un crecimiento anual acumulado de casi un 8%) a consecuencia del boom exportador de la soja y, con este, la obtención de generosas rentas fiscales. Con dichos ingresos, su Administración desplegó una amplia oferta de políticas sociales que beneficiaron a las clases populares a la par que la clase media volvía a retomar su tradicional propensión al consumo.

En cuanto a la atomización de la oposición, destaca la capacidad que tuvo Cristina Fernández de aglutinar a la mayoría del peronismo (y algunas facciones del radicalismo) en su fórmula electoral llamada Frente para la Victoria. En Argentina, unir a todo el justicialismo bajo una misma candidatura es casi imposible ya que el peronismo se compone de una confederación de familias políticas muy variopintas, de un cártel de caciques territoriales y de una pluralidad de estados de ánimo. Pero la presidenta casi lo consiguió al mantener un discurso izquierdista, políticas sociales y buenas relaciones con un sector de las clases medias. En este propósito solo quedaron fuera de su candidatura el exgobernador de San Luis Alberto Rodríguez Saá, presidente de la República entre el 23 y el 30 de diciembre del 2001, y quien fuera gobernador de la provincia de Buenos Aires y presidente interino entre el 2002 y el 2003, Eduardo Duhalde, que consiguieron respectivamente el 7,9% y 5,9% del voto. Fuera de la familia peronista ha destacado, por un lado, el relativo éxito del candidato socialista Hermes Binner, exgobernador de la provincia de Santa Fe, al conseguir el 17% del sufragio y con ello convertirse en la segunda fuerza política del país. Y, por otro lado, destaca el descalabro de los radicales liderados por Ricardo Alfonsín (hijo del primer presidente electo después del régimen militar), que obtuvo solo un 11%, y la práctica desaparición de la candidata Elisa Carrió, que hace cuatro años quedó en segundo lugar.

El tercer elemento a destacar es el fuste político de la candidata, que demostró saber reponerse a diversos periodos críticos en su primer mandato, en los que sus enemigos intentaron desestabilizarla. Me refiero a la capacidad que tuvo la mandataria de reaccionar y de librar batallas (y ganar) frente a los gremios que representaban los intereses del campo para imponerles mayores tasas impositivas; frente a la prensa capitalina, que representaba y daba voz a la oposición; y frente a la Iglesia católica, que se resistió y criticó medidas de ampliación de los derechos civiles al colectivo gay. Así, contra lo que recomiendan la mayoría de los manuales del gobernante exitoso, Cristina luchó contra sus enemigos en los momentos en que su Administración estaba más débil, y al ganar el pulso afianzó su base social y diezmó a los actores que podían haber insuflado energía y vida a sus adversarios políticos.

A raíz de las tres razones expuestas es posible añadir un medio elemento más: el aura de viuda doliente que le otorgó la súbita muerte de su esposo (y socio político) Néstor. Pero por mucha ascendencia que tenga el psicoanálisis en el Río de la Plata, este fenómeno, por sí solo, no hubiera dado la victoria a Cristina. Es más, sin los tres elementos expuestos, la muerte de Néstor pudiera haber supuesto incluso un pasivo.

Por Salvador Martí Puig, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *