Redes de seguridad financiera para Asia

Las economías emergentes se enfrentan a importantes incertidumbres y a graves riesgos a la baja. Una de las principales fuentes de inestabilidad es la reversión de la política monetaria expansiva de la Reserva Federal de los EE.UU. que se avecina – la posibilidad de que dicha reversión ocurra está generando volatilidad en los mercados financieros mundiales y amenaza con desestabilizar el crecimiento de las economías emergentes.

La Fed ha señalado que su tasa para fondos federales se mantendrá cerca del 0%, por lo menos mientras el desempleo se encuentre por encima el 6,5% y las expectativas de inflación permanezcan bien ancladas. Sin embargo, queda aún en la nebulosa cuándo y el cómo la Fed comenzará a endurecer su política monetaria. Lo que sí es cierto es que al momento de adoptar su decisión la Fed no considerará los efectos indirectos que su política va a tener sobre el resto del mundo, dejando que los diseñadores de políticas y los banqueros centrales en los países afectados sean quienes tengan que lidiar con dichas repercusiones.

Una política monetaria estadounidense más restrictiva podría intensificar la escasez mundial de crédito, lo que aumentaría la presión que pesa sobre los sistemas económicos y financieros de Asia. Una reacción exagerada y un comportamiento gregario de los participantes del mercado podrían provocar una reversión repentina de los flujos de capital, que causaría una grave escasez de dólares – tal como ocurrió en los años 1997 y 2008 – que a su vez estresaría  a los bancos y empresas corporativas asiáticas.

Estos riesgos explican por qué una simple sugerencia de que podría haber un posible desplazamiento hacia la reducción de las compras de activos a largo plazo (una reducción de la llamada flexibilización cuantitativa) por parte de la Fed causó que las monedas y los precios de los activos en los mercados emergentes caigan en picada este verano. Estos riegos también subrayan la necesidad que tienen las economías asiáticas de disponer de redes de seguridad financiera que sean más fuertes.

La crisis financiera mundial de 2008 reveló fallas fundamentales en el sistema monetario internacional, como por ejemplo la imposibilidad de garantizar la suficiente liquidez, lo que agobió a las economías emergentes de Asia. Desde aquel entonces, estos países han tomado medidas para garantizar la estabilidad de sus sistemas financieros frente a conmociones externas volátiles, ellos fortalecieron la supervisión y la regulación financiera y desarrollaron marcos macroeconómicos más eficaces, incluyendo mejores regulaciones macro-prudenciales y medidas de control de capitales. Sin embargo, su fuerte dependencia del comercio internacional y de los flujos de capitales hace que estos países continúen siendo vulnerables frente los severos efectos financieros indirectos provenientes de los Estados Unidos.

Por otra parte, desde la crisis financiera asiática del año 1997, las economías emergentes de la región han aumentado sus tenencias de reservas de divisas, y ahora poseen más de la mitad del total mundial. Siete de las diez principales economías con tenencias de reservas del mundo se encuentran en Asia. Sin embargo, el acaparamiento de las reservas internacionales, en su mayoría en la forma de bonos del Tesoro de los EE.UU. de corto plazo y de bajo rendimiento, es caro e ineficiente.

Algunas economías asiáticas, especialmente China, también están tratando de internacionalizar sus monedas. Debido a la creciente influencia mundial de China, la aparición del renminbi como una nueva moneda internacional es inevitable. No obstante, la internacionalización será muchísimo más difícil para las economías más pequeñas.

En su afán por garantizar la suficiente liquidez, las economías asiáticas también han buscado activamente firmar acuerdos de intercambio de divisas (“swaps”). Desde el año 2008, China ha firmado 23 acuerdos bilaterales de intercambio de divisas, entre ellos uno con Corea del Sur. Japón amplió sus mecanismos bilaterales de intercambio de divisas con sus vecinos asiáticos durante la crisis financiera mundial. Asimismo, los diez países de la ASEAN, junto con China, Japón y Corea del Sur, han constituido un fondo de reserva regional de $240 mil millones con el fin de proporcionar liquidez de corto plazo a los miembros en caso de que surja una emergencia.

Estos intercambios de divisas deben ayudar a que los países asiáticos hagan frente a las turbulencias monetarias posteriores a una reversión en la política monetaria de la Reserva Federal. Sin embargo, dichos intercambios aún no han sido puestos a prueba y, debido a sus volúmenes relativamente pequeños, no pueden dar tranquilidad a los mercados o proporcionar apoyo de emergencia adecuado a los países en crisis, especialmente en el caso de conmociones sistémicas de gran escala.

La Fed, en su calidad de prestamista de facto de última instancia a nivel mundial, puede mejorar significativamente la eficacia de las redes de seguridad financiera de Asia mediante el establecimiento de acuerdos de intercambio de divisas con los bancos centrales de las economías emergentes durante el proceso de reversión de la política monetaria.

En el año 2008, la Reserva Federal estableció líneas de intercambio de divisas con los bancos centrales de diez economías desarrolladas, incluyendo la eurozona, el Reino Unido, Japón y Suiza, y cuatro economías emergentes (Brasil, Corea del Sur, México y Singapur). Estos acuerdos, que en su mayoría llegaron a su fin en el año 2010, respondieron a las tensiones en los mercados de crédito a corto plazo y mejoraron las condiciones de liquidez durante la crisis. El intercambio de $30 miles de millones que realizó el banco central de Corea del Sur, a pesar de haber sido limitado, evitó una corrida del won.

El restablecimiento de acuerdos de intercambio de divisas (“swaps”) de la Reserva Federal con las economías emergentes minimizaría los efectos indirectos negativos durante la reversión de política monetaria que se avecina. Incluso, un anuncio de la Fed manifestando su voluntad de llevar a cabo tales acuerdos haría mucho en cuanto a tranquilizar a los mercados con relación a que las economías emergentes van a tener la capacidad para evitar una crisis de liquidez.

Las líneas de intercambios de divisas (“swap lines”) serían también beneficiosas para los intereses estadounidenses. Al fin de cuentas, los problemas en las economías emergentes podrían desestabilizar a toda la economía mundial, amenazando a las frágiles recuperaciones de las economías avanzadas, incluida entre ellas la economía de los EE.UU. Es más, dado el ascenso de China, mantener equilibrado el poder económico en el Asia es algo que claramente beneficia a los intereses estadounidenses.

Los críticos pueden citar el peligro de que se genere una situación de riesgo moral debido al apoyo de liquidez. Pero, un marco bien diseñado que ofrezca líneas de intercambio de divisas solamente a economías emergentes que estén bien calificadas – y únicamente de manera temporal – disminuiría dicho peligro de manera considerable.

De hecho, algunos expertos, como el economista Edwin Truman, han propuesto el establecimiento de un acuerdo de intercambio de divisas mundial institucionalizado como un mecanismo eficaz y robusto para la prevención de crisis – esta es una idea que los países del G-20 deberían considerar. Sin embargo, la creación de tal sistema toma tiempo. Mientras tanto, la Fed debería tomar la iniciativa mediante el restablecimiento de líneas de intercambio de divisas, tanto con las economías avanzadas como las emergentes.

Lee Jong-Wha, Professor of Economics and Director of the Asiatic Research Institute at Korea University, served as Chief Economist and Head of the Office of Regional Economic Integration at the Asian Development Bank and was a senior adviser for international economic affairs to former President Lee Myung-bak of South Korea. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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