Reducir los padecimientos de los pobres en la India a causa del clima

La inclemente ola de calor que asoló el planeta este verano fue un pegajoso recordatorio de que, a medida que las temperaturas globales aumenten, los que están en los márgenes de la sociedad (los enfermos, los ancianos y los pobres) sufrirán de manera desproporcionada. Y en ningún lugar será este sufrimiento más intenso que en la India.

La pobreza atrapa a más gente en India que en cualquier otro país. Con cerca de 270 millones de indios por debajo de la línea de la pobreza definida por el Banco Mundial como de $1,90 al día, nunca ha sido fácil escapar de estas condiciones de vida. Hoy, el cambio climático y las condiciones climáticas extremas lo han vuelto imposible.

En las ciudades, los pobres tienen que enfrentar los efectos de las “islas de calor”, áreas con desarrollo urbano que atrapan el calor solar, el cual eleva las temperaturas hasta hacerlas bastantes más calientes que en regiones rurales. Durante las olas de calor, las temperaturas urbanas en India pueden ser extremas incluso de día, haciendo muy difícil dormir para los sin techo que no cuentan con métodos modernos de acondicionamiento del aire.

Pero la vida no es más fácil para los pobres de la India rural, que son más vulnerables al calor extremo porque suelen carecer de acceso al agua, la electricidad y la sanidad. Según lo indican los estudios que llevé a cabo con colegas de la RAND Corporation, la Universidad de Emory y departamentos de sanidad indios, las comunidades empobrecidas de la India central sufren los mayores riesgos, ya que son poblaciones con mucho menor educación y que cuentan con menos servicios básicos. Nuestro índice para todo el país muestra una fuerte correlación entre los menores ingresos en áreas rurales y la vulnerabilidad al calor.

Por desgracia, están subiendo los peligros para los pobres de la región. De acuerdo con un informe reciente del Banco Central, cerca de 800 millones de pobres en el Sur de Asia residen en áreas en que las temperaturas en aumento y las lluvias erráticas amenazan los medios de vida y reducen los estándares de vida. De continuar esta tendencia, será difícil lograr la meta de eliminar la extrema pobreza, uno de los principales objetivos de la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030 de las Naciones Unidas.

Muchos indios rurales que languidecen bajo el calor ven la migración a la ciudad como su mejor opción. Pero esto tampoco traerá un alivio duradero. Aunque puede que en las ciudades haya más empleos, las grandes áreas metropolitanas de la India ya están por reventar: si se añade millones de refugiados climáticos a las barracas y barriadas subdesarrolladas, el resultado sería catastrófico. Para evitar esta nueva crisis, las autoridades indias deben reconocer que, con el aumento de los riesgos por el calor, los pobres urbanos y rurales tienen una necesidad desesperada de estrategias de adaptación a las condiciones climáticas.

Sin duda, no hay soluciones fáciles. Cuando las olas de calor llegan a los países desarrollados, las autoridades aconsejan a la gente mantenerse dentro de su hogar u oficinas, ducharse a menudo, beber abundantes líquidos y mantenerse frescos con ventiladores y aire acondicionado. Pero tales consejos son de poco uso para gente cuyas casas carecen de agua potable o electricidad. El Banco Mundial estima que uno de cada cinco indios es pobre, con solo un 61% de los hogares con acceso a una red eléctrica fiable y un 6% con agua potable.

Más aún, los trabajadores pobres de la India son agricultores o trabajan en la manufactura urbana de pequeña escala; para ellos, escapar al calor significa renunciar a ingresos. Es una elección imposible; si bien el desarrollo científico de los daños corporales del calor está en su infancia, hay estudios que han vinculado la exposición a temperaturas extremas a enfermedades renales, falta de micronutrientes e incluso daños cognitivos.

Aun así, hay cosas que las autoridades indias pueden hacer para proteger a los pobres durante las olas de calor. Por ejemplo, se ha propuesto centros de duchas comunitarias como forma de reducir las muertes relacionadas con los golpes de calor. Si bien en las zonas con escasez crónica de agua sería complicado implementar esta opción, hay otras partes donde han funcionado programas de distribución estatales.

También merece la pena explorar soluciones tecnológicas. Por ejemplo, investigadores médicos en Bangalore han creado una camisa refrigeradora para proteger a personas que tienen que trabajar expuestas al calor. Claro, a un precio de $27 por prenda, está por sobre el alcance de la mayoría de los pobres de la India. Sin embargo, sería fácil ampliar otras soluciones, como instalar paneles solares para potenciar sistemas de enfriamiento y un mayor uso de techos “verdes” para ayudar a desviar el calor.

Pero el cambio más determinante sería dar una mayor voz a los pobres de la India. Con demasiada frecuencia, quienes trabajan para poner fin a la pobreza no conocen las condiciones en que viven los pobres. Para que los programas de lucha contra el cambio en las condiciones climáticas sean eficaces, el público objetivo debe ser parte de la solución.

A pesar de años de pronósticos apremiantes, la comunidad internacional ha sido incapaz de detener el constante aumento de las temperaturas globales, y los pobres del mundo son quienes lo pagan más caro. Será necesario más que compasión para que quienes viven en los márgenes (tanto en India como el resto del mundo) puedan hacer frente con eficacia a los crecientes riesgos del calor.

Gulrez Shah Azhar is an assistant policy researcher at the RAND Corporation and a doctoral candidate at the Pardee RAND Graduate School. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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