Reformar Europa

Por Sami Naïr, eurodiputado socialista francés (EL PERIODICO, 03/05/04):

¿Es positiva para Europa la llegada de los representantes de los 10 países del Este al colectivo europeo? Hay que plantearse la cuestión sin vacilaciones. Pues Europa está en crisis.

La economía de los principales países (Alemania, Francia, Gran Bretaña) va mal: las élites financieras y políticas no consiguen ponerse de acuerdo sobre cómo hay que adaptar Europa a la mundialización liberal. El euro no es una política común, como por ejemplo la política agrícola o los fondos de cohesión que sirven para ayudar al desarrollo de todos los países europeos: es un acuerdo intergubernamental frágil, que sólo puede mantenerse si se respetan con firmeza los criterios presupuestarios vinculantes. Una vez más, Francia y Alemania, pero también Dinamarca, Bélgica, Italia, Portugal y muy probablemente España si se instaura una verdadera política social, no podrán satisfacer estos criterios.

EL BANCO Central Europeo tiene libertad absoluta de movimientos. Practica una política de tipos de interés elevados que penaliza a las exportaciones europeas en un mercado mundial dominado por la flotación del dólar. El euro fuerte es su religión, el desempleo europeo la consecuencia de esta religión. Es necesario subrayar aquí que esto es una auténtica aberración: no hay ninguna otra región en el mundo que esté sometida a tal dictado de los medios financieros. En EEUU, la Reserva Federal está sometida al control del Congreso, al igual que en Japón. Pero no en Europa. En la actual situación de recesión, el Pacto de Estabilidad que impone representa una exigencia insoportable para todas las políticas presupuestarias. Prodi dice que el pacto es una “estupidez”, pero al BCE no le interesa especialmente acabar con dicha estupidez. Por ello, en Alemania ya hay quien piensa en la posibilidad de salir del euro, si éste llegara a ser demasiado asfixiante.

En términos generales, a escala europea no existe estrategia global alguna para salir de esta crisis: ninguna política industrial común, ninguna política de investigación, ninguna política social. La política de competencia, que es el único instrumento estratégico de la Unión, no va acompañada por ninguna política de crecimiento y de empleo. Beneficia sobre todo a las multinacionales y a los bancos, que quieren la ampliación para la extensión del mercado y de los negocios, y se opone radicalmente a los modelos sociales más avanzados de Europa (Francia, Alemania, Dinamarca), que se ven obligados a alinearse por abajo con los países menos desarrollados socialmente.

La derecha europea no tiene proyecto, la izquierda repite la ausencia de proyecto de la derecha. Los electores están decepcionados: votan una vez a la derecha y otra vez a la izquierda. Pero saben que no hay grandes diferencias entre los programas económicos de unos y otros.

En política internacional, Europa está muy gravemente dividida. Blair, Aznar y Berlusconi han asestado un golpe terrible a la independencia de Europa al pasar bruscamente a situarse al lado del imperio norteamericano. Bush había declarado que “rompería” Europa si algún día se le resistía. Lo que no sabíamos es que lo haría utilizando a los jefes de gobierno de estos tres países europeos. Frente a ello, Francia y Alemania profundizan su cooperación. En estos dos países, ahora se habla de una unión a dos y un gran número de personas es muy favorable a la misma porque ya no creen en Europa.

Los países del Este llegan en este contexto. En la actualidad, todos estos países son partidarios de un ultraliberalismo muy antisocial y de la sumisión incondicional a EEUU. Indiscutiblemente, servirán de caballo de Troya de EEUU y se convertirán, en manos de Blair, en un instrumento muy poderoso frente a los países que quieren una Europa social e independiente.

SERÁ imposible instaurar una política social común para 25 países, imposible alcanzar un sistema institucional satisfactorio, imposible construir una política exterior común, imposible responder a los desafíos que la miseria, la injusticia y la ausencia de democracia plantean a Europa en el sur del Mediterráneo. Y, por supuesto, también será imposible instaurar un orden mundial multipolar basado en el respeto de las naciones y el derecho internacional. Los estadounidenses estaban en el trasfondo de la ampliación: se comprenden las razones. De hecho, hay que decir las cosas como son: tal como se ha llevado a cabo, la ampliación no favorece a Europa, le perjudica.

Incluso los países del Este lo perciben así, pues no se ha sido particularmente generoso con ellos: se les ha dejado entrar imponiéndoles unas condiciones de reserva humillantes que provocarán serios problemas sociales en el interior de los mismos. No obstante entran. Para actuar de manera solidaria con ellos, debemos fortalecer nuestros propios sistemas sociales. Es la mejor manera de construir una verdadera identidad europea.