Relevo en el Banco de España

Antes de junio el Gobierno renovará la cúpula del Banco de España: gobernador, subgobernador y hasta cuatro de los seis miembros del consejo de Gobierno, incluido uno de los dos que forman parte de la ejecutiva. Un relevo preceptivo según manda la ley de órganos rectores de 1994 (que vino con el paquete de directivas de la UE) que pretende el «buen gobierno» de instituciones independientes. Una ley que no se cumple; gobierno(s) y oposición (PSOE y PP) han desbordado la letra de la norma mangoneando a su manera, manteniendo la apariencia de designar personas con suficiente currículum, pero con incumplimiento de buena parte de la letra y, sobre todo, del espíritu de la ley.

Un espíritu que pretende salvaguardar la independencia de la entidad y la competencia de sus dirigentes, eligiendo a los idóneos, a los mejores. La letra precisa que al gobernador le nombra el Rey a propuesta del presidente del Gobierno y previo informe del ministro de Economía al Congreso. Al subgobernador le nombra el Gobierno a propuesta del gobernador, y a los consejeros, el ministro de Economía a propuesta del gobernador. Un esquema muy razonable e inteligente con dos protagonistas: el presidente del Gobierno eligiendo al gobernador y éste proponiendo a sus colaboradores.

La realidad dice que el Gobierno y el primer partido de la oposición se ponen de acuerdo para designar, respectivamente, al gobernador y al subgobernador, y el ministro designa a los consejeros. Todo va en el mismo paquete, sin tener en cuenta el procedimiento preceptivo. El reparto en la cúpula hace caso omiso del mandato de que el gobernador proponga a su segundo y alienta la tensión entre ambos a los que se empuja a tener muy en cuenta (antes, para hacer méritos, y después, para agradecer) a quien les propone. No debe ser causalidad que los dos últimos subgobernadores (Viñals y Restoy) no hayan concluido sus mandatos y recurrido a la fuga hacia organismos internacionales.

Si importante era para España que Luis de Guindos ocupara un asiento en el Banco Central Europeo (tesis dudosa ya que va contra el mandato que fijan los Tratados de la UE para el BCE), tan importante o más, y ajustado a ley, es que quien ocupe el asiento del BCE que corresponde al Banco de España sea persona relevante y escuchada por sus méritos, por su prestigio. La voz de España debe ser la del gobernador y no la de un miembro permanente que no representa al país sino al conjunto de la Unión.

Durante lo que va de siglo, con la ley vigente han sido cuatro las designaciones (Rojo-Martín, Caruana-Gil, Fernández Ordóñez-Viñals, LindeRestoy) con el modelo de reparto (una lotización que tanto daña la calidad de las instituciones) y el resultado ha sido manifiestamente mejorable, ya que el prestigio de la entidad se ha deteriorado por la influencia creciente del Ministerio y por una gestión deficiente y costosa de la crisis financiera, tanto en la fase previa (prevención), como en la etapa crítica (gestión y solución). El rescate bancario (de cajas) ha sido un gran fracaso, en contra de lo que sostiene el Gobierno, no se ha sabido explicar y forma parte de los agravios y las críticas del populismo. Hoy la supervisión y la resolución son competencia europea, pero cada banco central mantiene unas facultades y una influencia que requieren independencia y capacidad, lo cual pasa por personas idóneas y con carácter al frente de la institución.

La tentación del Gobierno ante el inminente relevo es colocar como gobernador algún afín, con currículum… pero afín. Ya se han apuntado nombres, probablemente más para abrasarlos que para promoverlos. El problema es que con el nuevo tablero parlamentario la malpráctica del reparto (lotes) se complica y habrá polémica que no ayudará a la institución, ni a la reputación de la democracia española.

Ciudadanos ha hecho una propuesta para evitar el reparto por lotes a la hora de proveer los consejos de los reguladores independientes trasladando la selección de candidatos a una instancia más profesional y menos partidista, utilizando, además, un concurso público de méritos, modelo que replica el británico, que tiene inconvenientes, por ejemplo el que apunta el viejo principio conventual de que quien pretende el cargo de abad no lo merece y quien lo merece no compite. No es probable que la propuesta de Ciudadanos salga adelante y sirva para el Banco de España, pero se trata de un modelo que, sin ser perfecto, propicia el cumplimiento del espíritu de la ley.

El Gobierno puede (y debe) actuar en este caso son seriedad, ajustado a la ley, con designaciones de fuste, que sirvan como señal de calidad democrática y de resistencia a la tentación de mangonear. Algunos dirán que el país no está sobrado de personas idóneas, pero no es cierto, hay que acertar a encontrarlas y defender el valor de la responsabilidad y la independencia. También hay que evitar que se coloque a los elegidos el apellido del partido que los propone y recordar que el mandato es irrevocable, personal y no sometido a disciplina de partido o gobierno.

Para conseguir ese objetivo bueno sería algo que hoy parece imposible: un consenso parlamentario razonable para que la propuesta sea multipartidista. A falta de ese óptimo queda el subóptimo de que el Gobierno designe como gobernador a una persona muy cualificada y que este seleccione para subgobernador y consejeros a personas indiscutibles que sean bendecidas por el Gobierno y no mal recibidas por los demás grupos.

El Banco de España necesita recuperar prestigio e influencia, la que requieren los artículos 7 y 10 de su Ley de Autonomía referidos a la estabilidad económica y financiera del país y al asesoramiento al Estado. El Banco necesita autoridad y, sobre todo, «auctoritas» (legitimación socialmente reconocida), lo cual pasa por gestores idóneos, cualificados e independientes.

Uno de los problemas de la democracia española es la baja calidad de algunas de sus instituciones; y lo que es peor, su deterioro progresivo. El preceptivo relevo en la cúpula del Banco de España proporciona una oportunidad para revertir esa tendencia y para mandar una señal política clara de compromiso. Precisamente un gobierno débil como el actual puede ganar consistencia y respeto si resiste la tentación del mangoneo y toma una decisión ejemplar para el Banco de España.

Fernando González Urbaneja, periodista.

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