Reparar una aberración histórica

La Unesco, institución dedicada a la preservación y el análisis científico y cultural de la Humanidad, acaba de aprobar una resolución en la que considera que no existe conexión alguna entre el pueblo judío y la ciudad santa de Jerusalén y su Templo. Esta semana, una mayoría de países aceptaron una resolución negando cualquier tipo de vínculo entre Israel y el pueblo judío con la explanada del Templo y el Muro Occidental (también denominado «Muro de las Lamentaciones»). Con esta votación, en los foros y organismos internacionales esa zona se denominará sólo en terminología musulmana de ahora en adelante. Esta aberración histórica es de carácter exclusivamente político ya que la Historia, la arqueología, los cronistas de todos los tiempos de la zona y la religión (tanto el judaísmo como el cristianismo) dan amplia evidencia que en ese lugar existió un Templo Judío.

Esta resolución vuelve a demostrar cómo una institución de Naciones Unidas falta a la verdad y con ello sigue su senda de inmoralidad. Sus mayorías y corruptelas económicas hacen de la organización una verdadera farsa frente a la misión que debería llevar a cabo. La Asamblea General de la ONU votó en 2015 un total de veinte resoluciones condenatorias en contra de Israel frente a solo tres para el resto del mundo. ¿No habrá países o regímenes a los que criticar en todo el planeta? Siria, Irán, Irak, Corea del Norte, Afganistán, Libia, Líbano, Níger, Chad, Sudán, Myanmar… No, no … No cambiemos de tema. Lo único que interesa una vez más es Israel.

Esta desproporción de interés hace que haya algo verdaderamente podrido moralmente en la conducta de las Naciones Unidas y muchos de sus miembros hacia el único Estado judío. La desproporción a la que tanto alude nuestro ministro de Exteriores en cuanto hay una respuesta israelí a un atentado terrorista o a una violación de sus fronteras no parece importarle cuando se usa un doble rasero en los foros internacionales. Para mí lo más grave, como español, es ver como nuestro país, a través de nuestro Gobierno se ha unido a los que mienten y tratan de tergiversar la Historia. El ministro podrá alegar que es parte de una política europea que sigue el ejemplo de Francia. Para mí, la respuesta es obvia: la verdad no debe depender de la falta de moralidad o de los cambios demográficos que afectan a nuestros vecinos.

Deberíamos haber votado en contra como hicieron países europeos como Alemania, Reino Unido o Países Bajos o el propio Estados Unidos. Ser indiferente ante la mentira y de facto apoyar la injusticia NO es realpolitik. Es corrupción moral. Además, permítanme recordarles a todos los cristianos (católicos y evangélicos) de nuestro país, que la abstención de España es también una bofetada a sus creencias. Negar la realidad histórica del Templo viene a decir que todas las menciones de los Evangelios a Jesús son meras invenciones. Fábulas, ya que allí no había ni judíos, ni Templo ni Jesús por supuesto… Ese es el argumento de los que promueven esta resolución frente a la que España se ha puesto de lado.

La votación es parte de la estrategia del gobierno palestino de Abu Mazen que ha decidido desde el 2012 llevar el conflicto con Israel a todo tipo de instituciones internacionales, inventando mentiras delirantes que se aprueban con el apoyo de una mayoría de base árabe y musulmana bajo la connivencia de Occidente y otras naciones. Debemos recordar que la Autoridad Palestina tiene una política activa de islamización que está logrando el éxodo masivo desde hace veinte años de los árabes cristianos que se han ido escapando de Belén, Gaza o Jericó, bajo su tutela y la organización terrorista Hamas. No debe sorprender que el único lugar en Oriente Medio donde el número de cristianos es mayor que hace veinte años es Israel. El único donde pueden practicar y compartir su fe. Los que promueven el odio a Israel, son regímenes autoritarios o teocráticos que entienden bien el lenguaje y la fuerza de la propaganda.

Los indiferentes ante ese asedio son los líderes de naciones cansadas que irresponsablemente cuestionan su propia identidad y envidian la fuerte identidad de la nación judía que ellos adolecen. Y a los que no les importa lo más mínimo el destino de un pueblo que ha sufrido durante siglos y que en 1948 decidió no depender nunca más de la misericordia de nadie.

Esta semana celebramos la fiesta del Tabernáculo, Sucot. La conmemoración anual en la que se recuerda los milagros de manutención del pueblo judío de la salida de Egipto y se exalta la omnipotencia del Creador sobre el fruto de la Tierra. Desde hace 2.500 años los judíos celebran Sucot peregrinando a Jerusalén. Crónicas de la época de Jesús mencionan que las provincias del país quedaban prácticamente vacías. Menuda perversión de la historia que la comunidad internacional esté cometiendo esta fechoría cuando como siempre, desde hace 2.500 años, miramos a Jerusalén y agradecemos al Creador. El próximo lunes se ratificarán las votaciones en Estambul y es la oportunidad para nuestro país de enmendar una votación que nos avergüenza. Espero que nuestro Gobierno lo reconsidere. La mentira es siempre injustificable.

David Hatchwell Altaras, presidente de la Cimunidad Judía de Madrid.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *