Republicanos

La abdicación del Rey ha hecho que algunos partidos de izquierda resuciten la reivindicación republicana. Ya que se habla tanto de república, es bueno recordar a los que sacan del armario su republicanismo que la Constitución de la II República de 1931, a diferencia de la actual, no se sometió nunca a referéndum y que, en su elaboración, la mayoría del Congreso de los Diputados se negó a consensuar nada con la minoría.

También hay que saber que las Cortes Constituyentes de 1931 aprobaron una Ley de Defensa de la República que, en su artículo 1. V, prohibía expresamente «la apología del régimen monárquico o de las personas en que se pretenda vincular su representación, y el uso de emblemas, insignias o distintivos alusivos a uno u otras». La idílica república de las libertades, que parecen añorar algunos (por lo general muy desconocedores de la Historia), prohibía no solo las manifestaciones a favor de la monarquía, sino hasta el uso de cualquier signo que pudiera identificarse con ella. Mientras que la actual Monarquía constitucional que nos dimos los españoles en 1978, gracias a partidos como, entre otros, el socialista y el comunista, permite, lógicamente, cualquier manifestación pacífica en favor de la república.

Por eso, convendría preguntar a los nostálgicos de la II República y a los que agitan su bandera si, en el improbable caso de que la restauren, piensan meter en la cárcel a los que se manifiesten a favor de la monarquía o a cualquier ciudadano que lleve, por ejemplo, una camiseta con la imagen del Rey, porque el texto de la ley republicana, se mire como se mire, es un atentado frontal a las libertades más esenciales.

Desde las elecciones europeas la izquierda está representada por tres partidos. Un partido marxista de estilo bolivariano que ha recogido los votos de buena parte de los «indignados» y de los movimientos antisistema, Podemos. Los herederos del PCE que están en Izquierda Unida o en su variante catalana de ICV. Y el PSOE, que, desde Felipe González hasta hoy, puede ser considerado como un partido moderado de izquierda.

Podemos, como no existía, no participó en la elaboración de la Constitución Española de 1978, pero PSOE y PCE fueron protagonistas esenciales del consenso al que llegaron todas las fuerzas políticas para lograr que, por primera vez en la Historia de España, un texto constitucional fuera admitido por todos los partidos y no se convirtiera en arma arrojadiza de unos contra otros.

Uno de los consensos más meditados entonces fue el de la forma de Estado. Es verdad que socialistas y comunistas siempre se habían declarado republicanos. Sin embargo, unos y otros aceptaron la monarquía parlamentaria como forma del Estado en la España democrática con el sólido argumento de que lo fundamental era conseguir que España tuviera un régimen impecablemente democrático. Y todos sabían que hay repúblicas tiránicas, como Corea del Norte o Cuba, y monarquías ejemplares, como Inglaterra o los países nórdicos. Y, dado que el Rey Juan Carlos era el principal impulsor de la recuperación de la democracia, que la monarquía enlaza con nuestra Historia y, además, tiene la ventaja de sacar la Jefatura del Estado del debate partidista, comunistas y socialistas aceptaron lealmente la monarquía parlamentaria como forma del Estado, y así quedó consagrada en la Constitución de todos.

Que un partido antisistema como Podemos quiera acabar con la Constitución no puede sorprendernos, pero ¿por qué los herederos del PCE de la Transición, el de la rueda de prensa de abril de 1977 con la bandera de España, y algunos socialistas quieren romper ahora el consenso constitucional que tanta libertad ha proporcionado a los españoles?

El Rey Juan Carlos, en los casi 39 años de su reinado, se ha atenido, en todo momento y en todos sus actos, absolutamente en todos, al cumplimiento más estricto y escrupuloso de la Constitución, con una fidelidad, una lealtad y una neutralidad admirables. Los testimonios de los líderes más importantes de la izquierda, como Santiago Carrillo, Felipe González, Alfredo Pérez Rubalcaba o José Luis Rodríguez Zapatero, lo atestiguan. ¿Por qué, entonces, esta ofensiva antimonárquica, precisamente en un momento en el que Don Juan Carlos ha mostrado una vez más su generosidad, su patriotismo y su sentido del Estado, y en el que Don Felipe encarna la ilusión y la esperanza de trabajar con fuerza renovada por la libertad y la prosperidad de los españoles?

Es de desear que los socialistas, que han mantenido una lealtad ejemplar hacia la Corona durante los últimos 35 años y que con Don Juan Carlos en el trono han gobernado más tiempo que nadie y más que nunca en toda su historia, mantengan su compromiso con el consenso constitucional y abandonen la tentación que algunos puedan tener de seguir la onda de los comunistas y los antisistema.

No deben caer en el error que cometieron en Cataluña cuando se empeñaron en travestirse de nacionalistas. Fue un error moral, por supuesto, pero, además, fue un error político de fondo que, como hemos visto, les ha llevado a una inimaginable pérdida de votos. Porque los electores siempre prefieren los originales a los sucedáneos. Y puestos a ser antisistema, siempre preferirán a los chavistas de Podemos.

Esperanza Aguirre, presidente del PP de Madrid.

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