Resistencia en los mercados de dinero

Recientemente, la Comisión de Bolsa y Valores de los Estados Unidos (SEC) rechazó normas dirigidas a mejorar la seguridad de los fondos de inversión en mercados de dinero ante situaciones de crisis financieras –un rechazo que causó consternación entre los observadores y otros reguladores. Dados los riesgos que pueden generar los fondos de inversión en mercados de dinero para el sistema financiero global, como quedó demostrado por su rol desestabilizador durante la crisis financiera de 2008, no es difícil entender su preocupación.

Los fondos de inversión en mercados de dinero captan los excedentes de efectivo de los inversores y con ellos adquieren pagarés a corto plazo de empresas, bancos y otras instituciones financieras. Son imitaciones de cuentas bancarias, ya que permiten que los inversores emitan cheques y prometan que el valor de sus inversiones se mantendrá.

En 2012, los fondos estadounidenses de inversión «preferenciales» en mercados de dinero, que adquieren deuda bancaria y corporativa, tenían un valor aproximado de $1,5 billones. El dinero que fluía a través de estos fondos terminaba en muchos de los bancos más grandes del mundo, incluidos, además de los obvios candidatos estadounidenses (JP Morgan Chase, Bank of America, y Citi), algunos de los principales bancos europeos y japoneses, como Barclays, Deutsche Bank, Bank of Tokyo, Sumitomo, Credit Suisse, e ING. Tan solo esos seis bancos internacionales daban cuenta aproximadamente del 20% del valor de los fondos de inversión en mercados de dinero preferenciales.

Muchos lectores saben cómo funcionan los fondos de inversión en mercados de dinero: un inversor compra una acción de $1,00 del fondo XYZ, que mantiene su valor constante en $1,00 y permite al inversor creer que el dinero –invertido en un conjunto de activos seguros, aunque no siempre garantizados por el gobierno– es un depósito. Incluso si cae el valor del conjunto de activos, los administradores del fondo mantienen el valor de cada acción en $1,00 redondeando hacia arriba el valor real del fondo. Si las pérdidas del fondo son lo suficientemente grandes como para superar el redondeo y evitar que se mantenga el valor estable en $1,00, el fondo rompe la barrera del dólar, lo que en la jerga se conoce como «break the buck».

Eso ocurrió cuando quebró Lehman Brothers en septiembre de 2008. El Reserve Fund, un fondo de inversión en mercados de dinero bien establecido, pero con demasiados pagarés impagos de Lehman, no fue capaz de mantener su valor. Rompió la barrera del dólar.

Todos los fondos de inversión en mercados de dinero fueron entonces víctimas de las sospechas de los inversores, muchos de los cuales huyeron de ellos –retirando un tercio de billón de dólares en una semana. Como gran parte de los activos de los fondos de inversión en mercados de dinero son pagarés de los bancos más importantes del mundo, las extracciones debilitaron al tambaleante sistema bancario mundial. La Reserva Federal, en pos de poner freno al creciente pánico y estabilizar los sistemas bancarios estadounidense e internacional, rápidamente garantizó el valor de todos los fondos de inversión en mercados de dinero.

Las propuestas que rechazó la SEC buscaban fortalecer los fondos de inversión en mercados de dinero, exigiendo que cada fondo mantenga reservas de capital o deje que su valor «flote» –y no se redondee– para reflejar su verdadero riesgo subyacente. La propuesta hubiera también exigido que los fondos de inversión en mercados de dinero mantuvieran una fracción de algunos rescates, forzando a los inversores a asumir parte del riesgo si los fondos perdiesen su completa liquidez transaccional en caso de que sus inversiones se debilitaran.

La mayoría de los comisionados rechazó las propuestas luego de importantes cabildeos por parte del sector de los fondos mutuos de inversión. Si los fondos de inversión en mercados de dinero tuvieran que mantener reservas de capital, arguyeron sus representantes, se reducirían los rendimientos para los inversores y los beneficios para el propio sector. Y, si los inversores minoristas viesen que el valor de sus fondos de inversión en mercados de dinero estuviera por debajo de lo invertido y supieran que no recibirían todo su dinero inmediatamente, los fondos perderían atractivo. Los inversores podrían elegir otros lugares para sus excedentes de efectivo, como los bancos.

Los bancos están obligados a mantener reservas y capital, y a pagar seguros por los depósitos para garantizar la devolución del dinero. El sector de los fondos mutuos, podemos pensar, temía que las normas de la SEC indujeran a los clientes a redirigir gran parte de su efectivo directamente hacia los bancos.

Como resultado de la inacción de la SEC, los fondos de inversión en mercados de dinero continuarán funcionando fuera del alcance de normas similares a las bancarias sobre el capital y las reservas, aun cuando los inversores los tratan como cuentas bancarias. A diferencia de los bancos, sin embargo, no pagan al gobierno para asegurar a sus inversores. Pero la crisis financiera de 2008 mostró que, a la hora de la verdad, el gobierno funcionará como una red de seguridad para los fondos de inversión en mercados de dinero de todas maneras.

Las propuestas rechazadas constituyen entonces una buena política: debería aumentar la seguridad de los fondos de inversión en mercados de dinero –mediante requisitos de capital y restricciones a su liquidez– ya que reciben una garantía gubernamental de facto. Su valor estable los hace parecer más seguros a los ojos de los inversores de lo que son para el sistema financiero mundial.

El rechazo de la SEC a las normas propuestas demuestra el poder del cabildeo coordinado –y que los intereses concentrados a menudo triunfan sobre los beneficios difusos. Típicamente, un grupo de interés hace presión en el Congreso, esgrimiendo argumentos persuasivos, contribuciones de campaña y otros apoyos; y a menudo son suficientes los miembros –o los miembros clave– que descubren el mérito del punto de vista del grupo (o al menos votan como si lo hicieran). Mientras tanto, el ciudadano común no lo percibe hasta que la cuestión recibe una significativa atención por parte de los medios. A menudo nadie cabildea a favor de la postura opuesta sobre la cuestión.

Puede pensarse que los bancos contrarrestarían las presiones del sector de los fondos mutuos, ya que el probable efecto de obligar a los fondos de inversión en mercados de dinero a pagar más por sus costos sistémicos sería ampliar los flujos directos hacia los bancos. Pero la entrada de dinero a través de fondos de inversión en mercados de dinero no es tan mala para los bancos, que obtienen el efectivo sin tener que apartar reservas o pagar seguros de depósitos. Algunos bancos pueden incluso preferir esos flujos a los depósitos directos.

Por lo tanto, el sector de los fondos mutuos era el único en danza con los reguladores. Los miembros de sus grupos de presión dijeron a los comisionados de la SEC que las normas actuales ya hacen todo lo posible por garantizar la seguridad; que los inversores minoristas desean un valor estable en los fondos de inversión en mercados de dinero; que el cambio sería perjudicial para todos los inversores; y que la reciente normativa Dodd-Frank de reforma financiera reduce la capacidad futura de los reguladores para rescatar a los fondos de inversión en mercados de dinero.

Otros reguladores, así como los académicos y periodistas observaban los acontecimientos –y algunos reguladores ahora se sienten obligados a quitar a la SEC el control de las normas de seguridad para los mercados de dinero, o impulsarla a que actúe nuevamente. Sin participantes que apoyasen una visión alternativa con intereses financieros directos en el resultado, la decisión inicial de la SEC fue tan predecible como mala.

Mark Roe, a professor at Harvard Law School, is an expert on securities law and financial markets. Traducción al español por Leopoldo Gurman.

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