Respuesta global al crimen de guerra

Esta semana marca el vigésimo aniversario del único genocidio reconocido en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Entre el 11 y el 13 de julio de 1995, alrededor de 8.000 hombres y niños de Srebrenica y de los pueblos cercanos del Este de Bosnia-Herzegovina fueron ejecutados y sus restos mortales escondidos en una serie de fosas comunes. Posteriormente, muchos de los restos mortales de estas fosas fueron exhumados por los perpetradores con excavadoras mecánicas y trasladados a múltiples localizaciones secundarias clandestinas, intentándose de esa forma ocultar las pruebas del crimen.

El próximo sábado estaremos presentes en Srebrenica, en la ceremonia de conmemoración del aniversario y para atestiguar el entierro de más de 150 víctimas cuyos cuerpos han sido identificados de forma científica en los pasados 12 meses. Sus familias tendrán la oportunidad de enterrar a sus seres queridos de forma digna, tantos años tras el crimen. El evento será presenciado por líderes mundiales, por funcionarios de Bosnia-Herzegovina y de los Balcanes Occidentales, y por docenas de miles de ciudadanos quienes lamentan la pérdida de sus seres queridos o por aquéllos que, simplemente desean, de forma solidaria, acompañar a los dolientes.

Mujeres, niños y ancianos huyen de Srebrenica. con los Cascos Azules detrás, el 11 de julio de 1995. REUTERS
Mujeres, niños y ancianos huyen de Srebrenica. con los Cascos Azules detrás, el 11 de julio de 1995. REUTERS

Esta conmemoración tiene una importancia enorme para la comunidad global. Se trata de un crimen que puede ocurrir en cualquier lugar –un crimen que, de hecho, está siendo cometido en la actualidad en distintas partes del mundo–. La comunidad global no ha puesto fin a las masacres, pero sí ha empezado a desarrollar una estrategia creíble para responder a tales crímenes. Esta estrategia se volverá más efectiva si es entendida y apoyada por los gobiernos.

En junio de 1996, en la Cumbre de G-7 en Francia, el presidente Clinton propuso el establecimiento de una Comisión Internacional sobre Personas Desaparecidas (ICMP) para tratar el problema de más de 40.000 personas que han sido dadas por desaparecidas como resultado de los conflictos en la ex Yugoslavia. El número de desaparecidos con diferencia más alto –superando los 30.000– ha sido registrado en Bosnia-Herzegovina, incluyendo los 8.000 desaparecidos de Srebrenica.

El ICMP ha evolucionado desde entonces para convertirse en una organización internacional que tendrá su sede futura en La Haya, que trabaja con los gobiernos y autoridades judiciales en todo el mundo para responsabilizarse de las personas desaparecidas a través del desarrollo de instituciones de estado de derecho, aplicación de técnicas de identificación basadas en el ADN, de última generación, y ayudando a fortalecer a las familias de los desaparecidos para que puedan acceder a sus derechos de acuerdo con la ley. En los Balcanes Occidentales, ICMP ha sido el líder del proceso que ha hecho posible dar cuenta de más de 70% de los desaparecidos –un éxito sin precedentes–. En el caso de Srebrenica, la proporción de identificación es aún más alta: 6.930 individuos, aproximadamente 90% de los que se han dado por desaparecidos.

Los datos forenses del ICMP han jugado un papel crucial en el enjuiciamiento de los individuos acusados de crímenes de guerra y genocidio ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y ante la Corte de Estado de Bosnia-Herzegovina. Además, estableciendo hechos sobre el destino de los individuos e identificando a las víctimas por nombre y apellido, el ICMP ha ayudado a crear una descripción histórica verificable de los hechos, sobre qué ocurrió, dónde y a quién le ocurrió. Esto desmiente a aquéllos que quisieran eludir las verdades inconvenientes marcándolas de fabricadas.

 Una mujer bosnia llora sobre el ataúd de un familiar, en Srebrenica. DADO RUVIC REUTERS
Una mujer bosnia llora sobre el ataúd de un familiar, en Srebrenica. DADO RUVIC. REUTERS

Y el trabajo del ICMP ha hecho posible para los supervivientes de Srebrenica, al igual que para aquéllos de otras partes de Bosnia-Herzegovina y los Balcanes Occidentales, quienes principalmente son mujeres y niños, tener acceso a la verdad y a la justicia.

Es habitual en ocasiones de aniversarios como éste decir con determinación que tal horror no debe ser repetido: «nunca más». Esto no tiene sentido –e insulta tanto a los supervivientes como a los muertos– si no es acompañado por pasos realistas para prevenir su repetición. Desarrollar e implementar pasos efectivos para dar cuenta de los desaparecidos son los elementos claves en una estrategia creíble para asegurar que los crímenes no se repitan.

Si miramos el mundo que nos rodea hoy, no cabe duda que tal estrategia es desesperadamente necesaria.

Thomas Miller fue embajador de EEUU en Bosnia-Herzegovina de 1999 a 2001 y preside el ICMP desde mayo de 2011. Kathryne Bomberger es directora general del ICMP desde 2004.

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