Retos cervantinos

El Instituto Cervantes avanza con el ánimo de Don Quijote y la sensatez de Sancho Panza. Con presencia en 90 ciudades del mundo, en 44 países, se ha consolidado como una referencia internacional en la enseñanza del español para extranjeros y en la difusión de la cultura española en el mundo.

La calidad es la apuesta imprescindible en una oferta, que se resume en un ramillete de opciones: clases para nuestros alumnos extranjeros, formación de profesores de español, certificación de dominio de la lengua mediante el DELE (Diploma de Español como Lengua Extranjera) o un nuevo servicio de evaluación, acreditación de centros que enseñan español –en España y fuera de España–, cursos por internet (AVE Global), actividades culturales y servicios de bibliotecas.

La mayor demanda de español exige, ciertamente, mayor preparación y especialización. Los interesados –estudiantes y profesionales– quieren aprender no solo el español general de uso cotidiano, sino el lenguaje propio de sectores determinados: el español jurídico, el español de los negocios, el español financiero, el español del turismo, el español de la sanidad.

Para ello, el Instituto Cervantes, desde su sede central y a través de su red de centros en el exterior, trabaja estrechamente con las escuelas de español, las universidades, los hispanistas, los profesores, los traductores. Sabemos que muchas personas quieren aprender español y, más aún, necesita saber español, por motivos académicos y laborales. Precisamente por eso, muchos de ellos empiezan por estudiarlo en sus ciudades de origen y, a continuación, optan por venir a España a perfeccionar sus conocimientos, con una estancia más o menos larga que les permite familiarizarse con el uso del idioma, la gastronomía, las costumbres y la vida social. En consecuencia, el turismo idiomático se ha convertido en una actividad en alza, que proporciona un importante retorno a la sociedad española. Al mismo tiempo, el turismo cultural es un fenómeno creciente del que se benefician ciudades y regiones de España, muy en especial las del interior.

Cada español invierte, de media, poco más de un euro al año en el Instituto Cervantes. Y junto a la aportación del Estado, el propio Instituto Cervantes es capaz de generar otro tanto de ingresos propios. Todo ello con el doble objetivo del mandato legal que quedó fijado en su ley fundacional de 1991: promover universalmente el español y contribuir a la difusión de la cultura en el exterior.

Estamos en el bienio cervantino 2015-16, en el IV centenario de la segunda parte del Quijote y de la muerte de Miguel de Cervantes: ocasión propicia para revalorizar el papel de nuestra lengua y de nuestra literatura en la conformación de una comunidad universal de hablantes que hoy ofrece inmensas posibilidades de comunicación a todo aquel que accede a su conocimiento.

Que Cervantes y Shakespeare murieran en abril de 1616 nos lleva a una feliz coincidencia. Su IV centenario nos revela que hoy, en gran parte gracias a ellos, las lenguas española e inglesa han alcanzado el nivel de difusión que tienen. Quienes escribieron, en un contexto cultural de enorme creatividad, hace cuatrocientos años, nos enseñan que una lengua no es solo un número de hablantes, grande o pequeño, sino un conjunto de obras literarias, culturales, científicas, jurídicas, económicas… que transmiten conocimientos y sentimientos que pueden tener valor universal.

Por eso, que el próximo Congreso Internacional de la Lengua Española se celebre en 2016 en Puerto Rico, territorio bilingüe hispano-inglés, adquiere una significación especial.

Además del valor académico y cultural, últimamente se habla mucho del valor económico del español. Óscar Berdugo, José Luis García Delgado, el Marqués de Tamarón o Ángel Martín Municio llamaron la atención sobre este hecho, ya hace años. El primer Foro Internacional del Español que empieza en Ifema va a ser una ocasión magnífica para reunir a las administraciones públicas, el mundo académico y universitario, las industrias culturales, las entidades de gestión de derecho de propiedad intelectual, las escuelas privadas de español, los medios de comunicación social…

De esa forma, la sociedad española podrá valorar hasta qué punto el Instituto Cervantes y las demás instituciones que trabajan por la lengua y la cultura, contribuyen a la imagen de España en el mundo, a la difusión de nuestras creaciones, a las relaciones multidireccionales entre países y personas, prestando atención a las necesidades de individuos concretos y, por tanto, a la cohesión social.

España, interna y externamente, se ha ido consolidando como nación desde que Ataúlfo creara el primer reino hispano, con centro en Barcelona, hacia el año 415, es decir, hace 1.600 años. Desde entonces hasta hoy, no hay ninguna duda de que la obra de Miguel de Cervantes ha sido un punto culminante, que ha dado un valor extraordinario a lo español. Que este año se hayan publicado novelas de tanta calidad como las de Andrés Trapiello, que narra las aventuras de Sancho Panza tras la muerte de Don Quijote, o de Luis García Jambrina, que ensalza la figura de Cervantes a través de su enemigo, solo pone de manifiesto que el mundo cervantino, es decir, el mundo español, tiene valor universal.

Rafael Rodríguez-Ponga, secretario general del Instituto Cervantes.

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