Retos y envites del mundo árabe

Por Wafaa El Cherbini, Universidad de El Cairo. Cátedra Unesco del Diálogo Intercultural Mediterráneo. URV (Tarragona). Traducción: Óscar Segarra (LA VANGUARDIA, 23/05/07):

Toda tentativa de reflexión sobre los retos que tiene planteados el mundo árabe pasa, hoy en día, a primer plano de la más candente actualidad. Nadie puede negar que el mundo árabe se enfrenta a numerosos retos, vitales para él y para la comunidad internacional. Algunos de ellos son muy antiguos y resurgen periódicamente al hilo de los acontecimientos o de las relaciones de fuerza internacionales. Sin embargo, las violentas conmociones que sacuden actualmente al mundo árabe – como las de los territorios palestinos, las que se producen en Iraq, en Líbano, en Darfur- y, de rechazo, al mundo occidental, amenazan a corto plazo con provocar una deflagración importante, tal vez a nivel mundial, cuyo desenlace y fatales consecuencias nadie puede predecir.

El presente artículo pretende identificar los retos del mundo árabe que, a mi juicio, son fundamentales, para asentar sobre ellos una nueva reflexión sobre cómo han de ser las relaciones euro-árabes en el futuro. Entre los grandes retos señalaré diez que me parecen fundamentales para comprender bien esta región del mundo.

El primero es la renovación del proyecto de sociedad, un reto que concierne el conjunto del mundo árabe. Se trata de reemplazar un proyecto de sociedad cuya legitimidad y motivación se fundan en el gran combate nacionalista, incluido el nacionalismo árabe, y encontrarle un sustituto movilizador en la coyuntura política, social y económica actual.

El segundo es la ausencia de la previsión institucional y de la democratización. Es necesario poder ofrecer a los que se interesan por el mundo árabe, tanto desde el punto de vista político como también económico, y a quienes buscan cierta estabilidad para invertir, instituciones políticas que permitan transmisiones de poder legitimadas por un funcionamiento democrático.

El tercer reto radica en el problema de la reforma educativa. Cómo pueden y deben los países árabes activar su capacidad de producción del saber.

La cuestión ecológica constituye el cuarto reto, el cual comprende dos aspectos: el problema del acceso al agua potable y la desertización que actualmente afecta a cada vez más superficies útiles en África del norte.

El quinto reto viene dado por el bajo índice de crecimiento económico, que no puede satisfacer las demandas de empleo. El mundo árabe es la zona del planeta que presenta los índices macroeconómicos más bajos. Hay que señalar los fracasos registrados por los países árabes en la gestión de la renta petrolera y otras similares. Así pues, la única alternativa económicamente viable es el aporte de tecnologías, capitales e inversiones extranjeras para acelerar el proceso de creación de riqueza. Y esta alternativa va unida evidentemente a los retos políticos, institucionales y educacionales.

El sexto reto, estrechamente asociado al precedente, es la ausencia del Estado de derecho. Si los resultados en materia de atracción de inversiones directas de capitales extranjeros son tan negativos, ello es debido a que la seguridad jurídica del Estado de derecho y la transparencia de las transacciones económicas, comerciales y financieras no están garantizadas como en otros sistemas económicos o en otras regiones del globo.

El séptimo reto es el demográfico, que en el mundo árabe se plantea de una forma distinta. El mundo árabe presenta tres casos diferentes de crecimiento demográfico: los países superpoblados, con un fuerte crecimiento demográfico (es el caso de Egipto); los países medianamente superpoblados, que dan muestras de un inicio de fatiga demográfica (el Magreb), y los países poco poblados, que desde siempre han recibido un excedente migratorio relativamente importante comparado con las poblaciones iniciales.

El octavo reto está relacionado con las elites. Actualmente, asistimos al surgimiento de otra elite más sensible al discurso islámico, en conflicto con una elite occidentalizada emergente más acorde con las exigencias del mundo occidental. ¿Cuál de estas elites se aplicará a la transformación de las sociedades árabes? Lo cual nos lleva a otra pregunta: ¿cómo podrá la sociedad árabe cambiar la visión peyorativa sobre el islam existente desde hace siglos? A pesar de los esfuerzos realizados desde la Segunda Guerra Mundial para mejorar la imagen del islam en las sociedades occidentales, los prejuicios persisten. Éste es el noveno y uno de los mayores retos.

El último de los retos, que podría aportar respuestas a todos los precedentes, es la acción común del mundo árabe encaminada a demostrar, reformar y probar. Los intercambios entre países árabes no son lo que debieran. Se trata ahora de un inmenso desafío: ser capaces de emprender una acción colectiva y solidaria alrededor de un proyecto de modernidad que responda a las esperanzas de las masas populares árabes.

Para concluir, diré que me parece obvio que el mundo árabe no pueda por sí solo responder a todos estos retos. Asimismo, la comunidad internacional no debe intervenir en los problemas de esta región si no es respetando los intereses de los países afectados y de sus poblaciones. Por su parte, el mundo árabe, orgulloso de su cultura, sus tradiciones, su diversidad y, más generalmente, de su pasado y sus valores, no puede ignorar al mundo occidental. Aunque algunos traten de oponerlos, estos dos mundos no son tan distintos. La colaboración cultural es sin duda alguna el mejor medio para cimentar las relaciones entre los pueblos. Yeso gracias al enriquecimiento mutuo surgido del diálogo y de la interpenetración de las civilizaciones.