Revoluciones estratégicas

Además del fin del mundo bipolar y del fin del monopolio occidental del poder, tiene lugar en la actualidad otra revolución estratégica importante cuyo impacto en la sociedad internacional es también capital, evidente y gradual a la vez: es el fin del monopolio de los gobiernos sobre la información y la aparición de colectivos ciudadanos en todo el mundo. Cuando Mijaíl Gorbachov llega al poder en 1985 en la Unión Soviética, la información de los miembros del buró político del Partido Comunista de la Unión Soviética se halla bajo el control de media docena de funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, circunstancia que hoy en día no sería posible.

El desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación ha modificado por completo la relación entre la información, los gobiernos y los individuos. Aparte de Corea del Norte, ya no quedan en el mundo estados totalitarios sin espacio público u opinión particular. Existe todavía una diferencia importante entre el Estado no democrático y el Estado democrático, pero en todas partes se crean colectivos ciudadanos. Los chinos no votan libremente para elegir a sus dirigentes, pero seiscientos millones de personas tienen acceso a internet, a pesar de la censura existente en este país. Este factor modifica por completo el equilibrio de poder entre los ciudadanos y el Gobierno, que puede todavía ejercer una acción represiva pero no sin obstáculos y resistencia. En todos los países del planeta existen colectivos ciudadanos que se expresan y, por su parte, los ciudadanos quieren reaccionar a las decisiones que afectan a su presente y a su futuro inmediato.

La evolución de colectivos cívicos depende de tres factores: en primer lugar, el desarrollo económico. Es difícil formarse una opinión y expresarla cuando se tiene un dólar al día por persona. La salida de la miseria de cientos de millones de personas durante los últimos 30 años tiene efectos políticos directos. También depende de los índices de alfabetización. Cuando no se sabe leer ni escribir, la expresión política queda más limitada. El tercer factor es la historia política nacional y los conflictos que cada sociedad ha tenido que digerir en el pasado.

Los acontecimientos recientes han demostrado que de Ucrania a Brasil, de Turquía a China, de Tailandia a Senegal, las sociedades civiles y los colectivos cívicos toman el poder, expresan su voluntad y no se dejan dictar su conducta por su gobierno. Se trata de una revolución estratégica esencial.

La opinión pública ha tomado el poder, ya no es posible hacer una política a largo plazo que no los tome en consideración. Los gobiernos deben tener en cuenta a la opinión pública, tanto a escala nacional como internacional. Richelieu podía, con clarividencia y perspicacia, conducir la política internacional de Francia sin tener que preocuparse por la reacción de una opinión pública inexistente. En la actualidad, los distintos gobiernos han de convencer a sus sociedades de la corrección del rumbo y actuación de su diplomacia; asimismo, han de tomar en cuenta las opiniones de las opiniones públicas externas. Los Estados Unidos de George Bush fueron, sin duda, una superpotencia, pero su super-impopularidad, debido a la globalización de la información, la ha encaminado a un callejón sin salida que ha llevado a Estados Unidos a cambiar su política.

Incluso los rusos y los chinos, que suelen calificarse de insensibles al poder blando, intentan limitar las críticas de las opiniones públicas contra ellos y de convencerlas de lo justo y razonable de su diplomacia. Se libra una gran batalla internacional para conquistar el corazón y los espíritus; ya nada es realmente como era antes, pues el precio que pagar por la impopularidad se ha convertido en demasiado alto.

En la actualidad, para utilizar las palabras de Zbigniew Brzezinski, politólogo y antiguo consejero de seguridad del presidente Carter, “en la era de la globalización, el conjunto de la humanidad se muestra políticamente activo”.

Pascal Boniface, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas de París. Traducción: José María Puig de la Bellacasa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *