Riqueza privada y solidaridad europea

Un factor poco discutido pero crucial en el debate sobre las transferencias de riqueza del norte económicamente más sólido de Europa a su problemático sur es la relación entre deuda pública, PBI y riqueza privada (activos financieros y no financieros de los hogares menos sus pasivos financieros) -en particular, la relación entre riqueza privada y PBI en los países de la eurozona.

Mientras que el plan de compra de bonos del Banco Central Europeo ha tranquilizado en cierta medida a los mercados financieros, algunas economías europeas -entre ellas Italia, España, Grecia y Portugal- siguen estando en riesgo, porque no están creciendo lo suficientemente rápido como para achicar sus déficits y frenar el crecimiento de sus deudas nacionales. La triste ironía aquí es que la relación entre riqueza privada y PBI en algunos de los países que necesitan el respaldo del BCE y de los miembros del norte de la eurozona es igual o mayor que en países más solventes.

Consideremos el caso de Italia, que tiene la relación entre riqueza privada y deuda pública más alta que cualquier país del G-7, y es alrededor del 30%-40% superior que en Alemania. De la misma manera, Italia y Francia comparten un ratio riqueza privada/PBI de cinco a uno, mientras que el de España -al menos antes de que la crisis golpeara al país de lleno- era seis a uno. Por el contrario, el ratio en Alemania, el principal acreedor de Europa, es sólo 3,5 a 1.

Esta discrepancia está en el centro del interrogante con el cual batallan hoy los diseñadores de políticas en Europa: ¿los contribuyentes en los países deudores deberían esperar “solidaridad” -o, con menos rodeos, dinero- de los contribuyentes en los países acreedores? ¿Por qué los contribuyentes en los países acreedores tienen que asumir la responsabilidad de financiar la crisis del euro, especialmente si se considera que los ratios elevados de riqueza privada/PBI pueden resultar de recaudaciones impositivas bajas, mientras que los ratios menores pueden reflejar ingresos tributarios superiores?

Antes de buscar o aceptar ayuda del resto de Europa, los países deberían emplear todos los recursos domésticos a su disposición. Los gobiernos deudores deberían emplazar a sus propios contribuyentes a que financien parte de la deuda nacional y así evitar tasas de interés más elevadas en los mercados de crédito. Podrían, por ejemplo, ofrecer un incentivo como una tasa de interés del 3-4% sobre los bonos y, llegado el caso, hasta eximirlos de impuestos. Esto le permitiría a Italia, España y hasta Grecia financiar sus deudas nacionales a un costo sostenible y más razonable.

El financiamiento voluntario por parte de los ciudadanos de la deuda nacional de sus países sería la manera más efectiva de reducir la presión sobre los recursos financieros de Europa, y al mismo tiempo representaría un poderoso símbolo de solidaridad. Por el contrario, transformar los pagos de impuestos de los ciudadanos de los países acreedores en subsidios forzados de las deudas de otros países minaría la cohesión europea. No se puede esperar que los países nórdicos, por ejemplo, financien las deudas de otros países en el largo plazo -especialmente si esos países no han hecho un uso pleno de sus propios recursos.

De hecho, si bien las preocupaciones sobre la supervivencia de la eurozona tienden a centrarse en sus miembros endeudados, la unión monetaria de Europa corre el riesgo de perder a uno de los pocos miembros que todavía cuenta con una calificación de crédito AAA: Finlandia. Dada la difícil situación política interna de Finlandia, sus ciudadanos pueden mirar a Dinamarca y Suecia -que hacen alarde de un rápido crecimiento y una baja deuda nacional, y no contribuyen al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera o al Mecanismo Europeo de Estabilidad- y decidir que ser miembro de la eurozona implica un costo demasiado alto y ya no vale la pena.

Italia y España tienen suficientes recursos como para rescatarse a sí mismos, y asegurar el tiempo necesario para restructurar sus economías. De hecho, incluso después de asumir toda la deuda nacional, sus ratios entre riqueza privada y PBI seguirían siendo más altos que en algunos países del norte de Europa.

Escapar a la crisis del euro no es tanto una cuestión de economía como de voluntad política. Al emplazar a los ciudadanos a financiar las deudas nacionales de sus propios países, los líderes del sur de Europa pueden reparar sus propias economías y fortalecer los principios europeos de solidaridad y subsidiaridad.

Peter Jungen, an entrepreneur and angel investor who has co-founded and invested in many start-up companies, is a member of the Governing Board of the Institute for New Economic Thinking.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *