Riqueza y desigualdad

Las listas de los más ricos del mundo se publican cada año en Estados Unidos. Los expertos discuten si las de Bloomberg o Forbes son las más fiables. Las listas nos dicen cuántas mujeres multimillonarias hay, quiénes son los más jóvenes y los de mayor edad, además de todo tipo de informaciones interesantes. En términos generales, tampoco ofrecen informaciones demasiado sensacionales pues la presentación apenas ha variado en los últimos diez años. Encabeza las listas el mexicano de origen libanés Carlos Slim Helu, cuyos ingresos disponibles se elevan a 73.000 millones de dólares. Le siguen estadounidenses, Bill Gates y Warren Buffet. Buffet obtuvo notable publicidad el año pasado pues sugirió que los superricos deberían pagar más impuestos, lo que no le hizo precisamente muy popular entre sus colegas multimillonarios. Gates, que hizo su fortuna en Microsoft, adquirió fama como filántropo. El cambio más llamativo en la lista ha sido el hecho de que Amancio Ortega ascendiera al número tres, desplazando a Buffet. Los medios de comunicación le han calificado de figura misteriosa porque no concede entrevistas y hasta hace poco incluso ha sido difícil fotografiarle. La procedencia de los más ricos presenta cierto interés. Estados Unidos encabezaba la lista, en continuo crecimiento, con 442 multimillonarios, seguido de países excomunistas: China, con 122 y Rusia, con 110. Si se añade Hong Kong a China (165), el segundo lugar de este país parece garantizado, incluso de manera aún más segura. Siguen Alemania (58), India (56) y, de forma apenas sorprendente, Turquía (43). El otro hecho señalado que se desprende del examen de la lista es que los multimillonarios, con escasas excepciones, se han mostrado muy renuentes a dedicarse a la política. Ahora bien, tal circunstancia no es válida únicamente para los casos de Rusia y China, que parece que les asusta por el triste destino de algunos colegas suyos a los que tontamente les pasó por la cabeza abrigar convicciones o ambiciones y, por consiguiente, se encontraron exiliados en Londres (si tuvieron suerte) o en el gulag. La falta de influencia política parece también aplicarse a multimillonarios en Occidente. Los hermanos estadounidenses Koch figuran en el puesto sexto de la lista; creen firmemente en la política de derechas y han prestado considerable apoyo financiero a los republicanos… sin efecto perceptible. Este año, las listas fueron de especial interés porque han confirmado que la tendencia hacia la desigualdad de los ingresos, que los economistas han estado señalando durante las dos últimas décadas, continúa como antes. Hay varias formas de medir la desigualdad (como el coeficiente de Gini y el índice de Palma), pero todas ellas muestran que desde principios de los años setenta se ha dado una tendencia mundial hacia la desigualdad, en menor medida en algunos países del norte y este de Europa y en mayor medida en otros países. Sin embargo, podría detectarse también en países relativamente igualitarios.

En Europa, Francia, Bélgica y Hungría eran las excepciones, pero padecían otros problemas económicos de gravedad. Las razones de la creciente desigualdad pueden a veces observarse con claridad, pero en otras ocasiones esto no es así en absoluto. Nos dicen que habrá consecuencias negativas de la desigualdad, pero esto es precisamente lo que los expertos han pronosticado. Las víctimas de la tendencia a la desigualdad han sido, sobre todo, las personas pertenecientes a la clase media.

Entre los países desarrollados, Estados Unidos figuraría en los últimos puestos de una lista a tal efecto, aunque no ha sido siempre así. Pero, durante los últimos veinte años, la tendencia ha sido cada vez más pronunciada, en parte como consecuencia de la reducción del impuesto sobre la renta bajo el mandato de George W. Bush. La desigualdad es acusada en Rusia: 110 multimillonarios tienen alrededor del 35% de la riqueza de Rusia. En el medio rural en China, 150 millones de personas o más viven con menos de un dólar al día, mientras que aumenta rápidamente el número de multimillonarios en Shanghai. Durante las últimas semanas se han publicado varios libros sobre este proceso, incluidos los de varios ganadores del premio Nobel (como Joseph Stiglitz y Robert Shiller que recibieron el galardón en el 2013 y calificaron el problema de la desigualdad tal vez como el más grave de nuestra época). Se publicarán más estudios serios, sin duda. Los economistas, por supuesto, están preocupados por las consecuencias económicas negativas ya que retrasa la recuperación de la crisis global del 2008-2010. Sin embargo, hay que hablar también de consecuencias políticas. La crisis económica de 1929 llevó a Hitler al poder. Ahora no hay un Hitler en el horizonte, pero se observa todo tipo de gente que proclama quimeras populistas en el plano político, lo que puede apartarnos de la democracia. No hay soluciones fáciles. Vivimos en una era peligrosa y hay que estar vigilante.

Walter Laqueur, consejero del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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