RTVE versus neutralidad

Hablemos muy en serio. Asusta la cobertura informativa de la campaña electoral que está perpetrando Radiotelevisión Española en una sola semana. Concentrar un sesgo informativo fanático y manipulador en estos últimos días era algo previsible, pero no tanto. Han tirado directamente la objetividad por la ventana, actúan como si el 10-N se tratara de una apuesta descabellada a todo o nada.

No es un recelo de oficio ni una suspicacia gratuita o baladí. El temor es fundado y nace de la constatación de una práctica periodística cotidiana que es hostil al pluralismo; de una tenaz y calculada estrategia para favorecer a diario al Gobierno socialista en funciones sin el menor pudor, y del uso y abuso electoralista de RTVE que realiza constantemente Pedro Sánchez. Por mucho enervamiento teatral y celosas apelaciones a las esencias que provoquen estas críticas, no hay rectificación alguna, ni siquiera un sencillo reconocimiento del atropello. Si no quieres café….

Nos preocupa mucho este escandaloso comportamiento, no por la ojeriza que puedan tener al Partido Popular unos u otros directivos de esta Corporación -que son muy libres de tenerla o no tenerla-, sino porque se trata de un servicio público de comunicación que no demuestra la neutralidad ni la independencia a las que está obligado legalmente. Esta es la clave de la cuestión. Porque es un medio que no juega limpio y porque está situado, por decisión del propio Pedro Sánchez, fuera de cualquier control democrático, en un limbo de discrecionalidad absoluta, y esto no había sucedido nunca en la historia de RTVE, como no había pasado nunca que un presidente del Gobierno fuera expedientado por la Junta Electoral Central por el uso partidista de la Moncloa. Es más de lo mismo.

Al Gobierno de Pedro Sánchez le importa un bledo RTVE, su futuro, su viabilidad o su rentabilidad social. Para el PSOE se trata de un mero instrumento para alcanzar un único fin, que no es otro que el de arañar alguna ventaja política a corto plazo y empaparlo todo con la lluvia fina (a veces turbia y torrencial) de una ocupación más duradera. Por eso la estrujan, la utilizan, la manosean, y con ello la someten a un descrédito público colosal y la ponen irresponsablemente al borde de la inanición.

Los profesionales de RTVE saben hacer muy bien su trabajo y liderar la audiencia y la credibilidad cuando se desenvuelven en libertad y sin intromisiones políticas. Hay ahora en la Corporación de RTVE un sanedrín informativo que lo controla todo, que imparte doctrina a raudales, que amenaza con bravuconería cualquier discrepancia y que en el fondo presta un flaco servicio a su obligación legal de informar con rigor.

Pero, no nos confundamos. Con ser muy grave la desidia de RTVE a la hora de respetar los objetivos y funciones más elementales que tiene encomendados en materia de información y muy singularmente en fechas electorales donde se deberían extremar las garantías, el peligro tiene más recorrido. No todo es un cronómetro ocasionalmente desfavorable para un partido, ni un esporádico tiro de cámara perjudicial para un candidato, ni la omisión de una noticia negativa para el Gobierno, ni una censura al adversario por sorpresa. Esas triquiñuelas las vemos a diario sin que su frecuencia produzca en los ciudadanos otra respuesta que la de abandonar la cadena y elegir otro canal de información. Por eso TVE es la última cadena en audiencia de los informativos en este tiempo.

La ocupación de RTVE es mucho más amplia y ambiciosa y la carga ideológica que todo lo impregna muy profunda y ramificada. Que el árbol no nos impida ver el bosque. Ojalá Sánchez y sus socios saquen pronto sus manos de RTVE y la cadena pública recupere el impulso democrático antes de su ruina total.

Decía un miembro del Gobierno en funciones electorales hace unos días en el Congreso de los Diputados hablando de Cataluña que hay que garantizar un espacio público de neutralidad y libertad para todos los ciudadanos. Encomiable deseo que no han logrado en Cataluña. Podían intentarlo en RTVE. De momento, con siete días bastaba. Pero no.

Macarena Montesinos de Miguel es Portavoz Adjunta del Grupo Parlamentario Popular.

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