Rusia –y Franco– son culpables

Mientras el Record Guinness de la mentira y sus ministros clones acusan a Feijóo de incumplir la Constitución por no apoyar la renovación del CGPJ de la forma y con los candidatos que al Gobierno le apetecen, que no responde a lo que la UE, una vez más, pide a España, Sánchez colecciona sentencias del TC por decisiones inconstitucionales, situación que en cualquier nación de la UE hubiese sido motivo de dimisión. Quien no cumple la Constitución, y así se ha sentenciado, es el gran mentiroso.

En la última semana se han producido algunas curiosidades y una doble traca de más calado. Las curiosidades, que no sorprenden, las protagonizaron Gabriel Rufián e Imanol Arias y las tracas, también lógicas, Yolanda Díaz y Nadia Calviño.

Comienzo por las tracas que para un enamorado de la Historia –con mayúscula– hasta resultan simpáticas. Hay que mirar al pasado que compartimos y las vicepresidentas Calviño y Díaz lo han hecho y de qué manera, al tiempo que su Gobierno niega tal posibilidad a los estudiantes tras la Ley Celáa. Desde una memoria mutilada se ideologiza y oculta la verdad histórica y ahora serán sus víctimas los estudiantes. El 24 de junio de 1941, festividad de San Juan Bautista, el entonces ministro de Asuntos Exteriores y cuñado de Franco, Ramón Serrano Suñer, convocó a miles de seguidores al grito de «¡Rusia es culpable!» como llamada de voluntarios para la División Azul. Ahora ha sido Nadia Calviño quien ha gritado «¡Rusia es culpable!» acusando así a Putin del cambio de política sobre el Sahara por decisión unipersonal, ante sí, de Sánchez. En Argelia aún no se han apagado las risas y desde luego el cabreo.

Lo de Yolanda Díaz, Yoli para sus amigos, es más viejo que el hilo negro. En un mitin andaluz pidió el voto por los represaliados del franquismo y sacó a pasear a Franco y su tiempo. Una especie de «¡Franco es culpable!» como si la gente tuviese a Franco entre sus preocupaciones que son graves y otras. Un sabio amigo recomendaba que no hiciésemos el ridículo mientras no fuese obligatorio. Todavía no lo es aunque no pocos en el Consejo de Ministros no se hayan enterado. La guerra terminó hace más de ocho decenios y Franco murió en 1975 cuando Díaz tenía cuatro añitos. Le supongo escasas lecturas políticas y me temo que todas de su cuerda. Conozco las memorias, recuerdos y declaraciones públicas de dirigentes exiliados y lo que opinan de la Segunda República no alienta la confianza y menos el optimismo. Me resisto, pero acaso un día escriba sobre las represalias de otro signo. Para abrir boca le recomiendo a Yolanda Díaz la lectura del reciente y revelador libro de Pedro Corral Vecinos de sangre que es objetivo y se apoya en una relevante base documental. Dejen en paz a Franco y a los muertos de los bandos enfrentados en una guerra incivil; murieron por lo que creían. Otros, tantos años más tarde, viven, y bien pagados, de la memoria de su sufrimiento. Me refiero a tantas asociaciones creadas al efecto con partidos y sindicatos detrás.

Y voy con las anécdotas. Al diputado Rufián, hombre consecuente al menos con su apellido, se le ocurrió tildar de «tarado» a Puigdemont y le llamó Aragonès, su principal, para que se desdijera. Le faltó tiempo para pedir perdón pública y babosamente. Ahora se dice que no seguirá en la próxima legislatura. Él mismo anunció hace años que no se encontraba cómodo en un Parlamento extranjero, pero siguió en el escaño y en el sueldo. ¿Qué haría fuera de la política? ¿De qué viviría? Antes de la política consta que se dedicó a descargar camiones de feria. Le deseo suerte y la tendrá porque la Generalidad no olvida los servicios a la causa.

Al actor Imanol Arias, jaleado por la izquierda haga lo que haga, incluso en sus tropiezos con Hacienda, nada que ver con la pena de telediario de la Pantoja, se le escapó un comentario sobre cierta censura en la veterana serie Cuéntame sobre los tiempos de la corrupción socialista. Por cierto, en aquella etapa el PSOE recibió la única condena judicial a un partido político como tal en toda la democracia. Los socialistas lo dicen del PP, pero mienten. Nunca fue condenado el PP, como tal partido, por corrupción. La falacia incluso se utilizó en la moción de censura contra Rajoy, pero una sentencia posterior del Tribunal Supremo puso la verdad en su sitio. El actor debió recibir un recadito porque se desmintió a sí mismo de inmediato: «No es verdad lo que he dicho. He mentido». Tremendo, pero hay que creerlo. O no. La izquierda cae a menudo en el ejercicio de desdecirse menos cuando afecta a Sánchez, que no rectifica nunca. Palabra del Rey Sol.

P.D.- La amnesia de Sánchez y su Gobierno es enorme y, por ello, también la del ministro Bolaños. Fue recibido por el Papa Francisco y se declaró «inspirado» por el Pontífice. «Nos inspiran los mismos valores», dijo sin inmutarse. No será en cuanto al aborto, la eutanasia, los «trans», y otras minucias… Allí estaba la embajadora Celáa que podría haber comentado su etapa como ministra de Educación y su reforma nada preocupada por los valores religiosos. Qué pensaría Francisco, el personaje mejor informado del mundo. Tan informado que acaba de opinar que la guerra en Ucrania «tal vez fue provocada o no evitada» y que ve «un interés en probar y vender armas» al tiempo que afirma que «sería simplista y erróneo» decir que está a favor de Putin «pero estoy en contra de reducir la complejidad a la distinción entre el bien y el mal». En las mismas declaraciones el Santo Padre se mostró admirado por «el heroísmo del pueblo ucraniano». Su dictamen: «Ahora, para mí, se ha declarado la Tercera Guerra Mundial». Francisco, sí, la prudencia y sabiduría desde su voz para el mundo.

Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando

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