Saber convivir con el robot

Los países fuertes en robótica están en mejores condiciones para ser competitivos, especialmente en el presente, cuando en los mercados occidentales proliferan los productos de bajo coste elaborados en economías emergentes, cuyo planteamiento comercial descansa sobre una mano de obra barata y dócil.

El libro blanco de la robótica, impulsado por el Comité Español de Automática, exponía en el año 2008 las ventajas de esta aplicación en ámbitos tan delicados como la flexibilidad, la seguridad y la calidad empresarial. Hoy la mayoría de las compañías sabe que su supervivencia depende en buen grado de la independencia y la innovación tecnológicas. Por eso, fabricantes de todo tipo – de la metalurgia y los vehículos a los plásticos y los refrescos-se valen de este recurso. Cada vez hay más robots en España que manipulan, ensamblan o desmontan piezas y materiales. De hecho, el parque de nuestro país es el séptimo del mundo en cantidad, con unas 30.000 unidades.

Además, sólo dos estados europeos, Alemania e Italia, nos superan en investigación en esta área. Cinco de los sesenta grupos que estudian en profundidad la robótica figuran entre los más relevantes del planeta, concretamente los procedentes de las universidades Carlos III (Madrid), Sevilla, Valladolid, Castellón y Politècnica de Catalunya (Barcelona).

Prácticamente, existe unanimidad entre los ingenieros y economistas a la hora de afirmar que las pequeñas y medianas empresas deberían entender la robótica como una herramienta provechosa para enfrentarse a la crisis. Por ejemplo, las nuevas técnicas de automatización en los procesos de la industria alimentaria así lo indican.

Hasta hace poco el número de empleados que envasaban, cargaban y transportaban artículos de este tipo era muy elevado. Sin aportar valor añadido al producto, el pago de sus sueldos incrementaba el coste. Los 2.000 robots que trabajan en este campo están contribuyendo a corregir ese desajuste. La tendencia es firme: en los últimos ejercicios su implantación ha aumentado un 30%.

Sin embargo, los principales retos se refieren al comportamiento de las máquinas y a su popularización a máxima escala. Y es que los científicos están consiguiendo que los robots colaboren con cierta normalidad con los operarios humanos mientras unos y otros desempeñan sus tareas.

Igualmente, las iniciativas más ambiciosas en I+ D+ i para llegar más lejos que la domótica, es decir, para trascender la integración de la tecnología en el diseño inteligente de edificios y recintos, cristalizan por doquier, especialmente mediante el uso de pequeños sistemas de consumo (casi) general.

Después de un año y medio de arduas labores, la firma barcelonesa Pal Robotics, vinculada al potente Royal Group de los Emiratos Árabes Unidos, creó a Reem-H2, un androide concebido como guía de museos, ferias, centros comerciales, hoteles u hospitales, y que incluso podría ser preparado como guardia de seguridad.

La Federación Internacional de Robótica había previsto que las ventas mundiales de robots de relaciones públicas ascenderían a 760 elementos entre 2009 y 2012. La crisis le ha obligado a rebajar sus expectativas; no obstante, el optimismo global se mantiene porque lo que se conoce como robótica de servicio está entrando en los hogares.

Procesadores de comida como el Thermomix (y sus guisos sin desaguisados) y aspiradoras autónomas como la iRobot Roomba 555 (y su marcha contra las manchas) han sido acogidos con entusiasmo en miles de domicilios de ambos hemisferios. Hay quien señala con solemnidad que tras las revoluciones industrial y digital ahora nos llega la revolución de los robots.

En las promesas para un futuro próximo, formuladas sobre todo desde Japón, aparecen máquinas programadas para el entretenimiento, la educación y el cuidado de los niños, los ancianos y los discapacitados. Ya hay robots que desactivan explosivos y luchan contra incendios, pero en breve podrían llegarles refuerzos en la medicina quirúrgica o la vigilancia de fronteras.

Podría pensarse, desde el punto de vista laboral, que los robots son los trabajadores perfectos: siempre son puntuales, nunca caen enfermos, acatan las órdenes sin chistar, no se ausentan furtivamente ni piden días de permiso para asuntos propios, les dan igual las vacaciones, es imposible que reclamen aumentos de sueldo e ignoran qué es una huelga.

Sin embargo, les falta mucho para convertirse en perpetuos empleados del mes. ¡Es evidente que todavía tienen tanto que aprender…! En realidad, algunas acciones y gestiones únicamente las pueden llevar a cabo en las películas de ciencia ficción. Por supuesto, eso no es negativo, sino que debería tranquilizarnos.

Josep Lluís Micó, codirector del Laboratori de Comunicació Digital de Catalunya-URL

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