Saber qué queremos

Como consecuencia de los Fets de Setembre, Catalunya será muy diferente. Ya es muy diferente, porque antes no había emprendido ningún camino y ahora sí. Sabemos hacia dónde va, este camino, pero ni siquiera podremos decir dónde llegará o si las cosas se torcerán”, escribía hace poco Xavier Bru de Sala. En la víspera del Onze de Setembre el objetivo fundamental de Artur Mas aún era el pacto fiscal. En el mensaje institucional de la Diada afirmaba: “No hay batalla más urgente ni reto más importante que la soberanía fiscal de nuestro país. Y más en estos momentos”. El orden de prelación de las ideas del president era este: hemos empezado la transición nacional, esta pasa por el derecho a decidir como pueblo y el primer paso es lograr el pacto fiscal. Pero aún no había explicitado transición hacia dónde. La manifestación del Onze de Setembre, organizada por la ANC, transmite al president un mensaje potente: hay una nación en pie que reclama un Estado para poder seguir progresando. Un mensaje potente que, quizás, no permitía saber con certeza el grado de adhesión/identificación de quienes lo seguían.

La fuerza del soberanismo cívico y su tarea continuada parecían haber calado en la mayoría de los espacios de la esfera pública: el mediático, el simbólico, el de las ideas y el de las movilizaciones en la calle, pero aún no era predominante en el el espacio institucional. El Onze de Setembre marca, según Mas, un punto de inflexión en el proceso de transición nacional que empequeñece o desborda la meta del pacto fiscal y que lo anima a dar un paso más allá. El recorrido frustrante de treinta años de Estado de las autonomías llega ahora a su fin. “Actuaremos en consecuencia y además con coherencia con este proceso de transición nacional que hemos empezado. Un proceso que liga estrechamente con lo que pasó ayer”. El momento de liderazgo del president Mas empieza aquí, cuando acoge como suyo el sentir de la gente en la calle. Es la importancia de la manifestación y el mensaje que la convocaba (“Catalunya, nou Estat d’Europa”) lo que acelera la transición nacional anunciada por Mas.

En la convocatoria de prensa del 12 de septiembre se anuncian ya los nuevos elementos clave. Se adelanta la hoja de ruta. El nuevo objetivo es dotar a Catalunya de instrumentos y estructuras de Estado dentro del marco de la UE. El president da este paso interpretando que hay voluntad, grandes mayorías y capacidad de resistir las respuestas contrarias que llegarán de Madrid. Se verbaliza públicamente el compromiso de dedicar las máximas energías a iniciar un proceso hacia la soberanía, donde el pueblo y las instituciones sólo podían ir de la mano a partir de una plasmación institucional de la voluntad popular.

El Onze de Setembre el objetivo del president consistía en cumplir un mandato del Parlament de Catalunya, el pacto fiscal. A partir del día 12 Mas interpreta que recibe un nuevo mandato de la ciudadanía, tener el instrumento de un Estado. Y esta interpretación reconfigura toda la agenda, que venía marcada por el encuentro que el día 20 debía tener con Mariano Rajoy para hablar del pacto fiscal. El ritmo de los acontecimientos quedaría condicionado por el resultado de esta reunión, pero en parte todo ya se había desbordado los días anteriores. Artur Mas era ya plenamente consciente de vivir un momento excepcional, en el que no tenía sentido jugar a ganar tiempo. Hay que recordar que en una entrevista en 8tv con Josep Cuní (16 de mayo) no escondió que su apuesta por lograr un nuevo pacto fiscal podría desembocar, según cómo fuera todo, en la entrada en un “terreno desconocido”, el de la decisión propia. Unos meses después, el 25 de octubre, a un mes de las elecciones, de nuevo en 8tv, afirmará que “ahora ya estamos en el terreno desconocido”.

El fracaso de la reunión del día 20 de septiembre para negociar el pacto fiscal (se hace difícil creer que haya habido sólo esta reunión) pone en marcha el proceso de definición de un nuevo proyecto de futuro. “Catalunya –dirá Mas– en estos próximos tiempos debe formular un proyecto lo más mayoritario posible. Porque las evidencias son que en este marco estatal es muy difícil avanzar de acuerdo con las aspiraciones catalanas. Lo único que no puedo permitir como ciudadano catalán… es que Catalunya se quede sin proyecto, porque quedarse sin proyecto significa quedarse sin futuro, a la deriva, sin rumbo”.

Hay un hilo conductor que conecta la sentencia del TC sobre la reforma del Estatut, la manifestación del 10 de julio contra esta sentencia, la manifestación de la Diada, el rechazo de Rajoy al pacto fiscal y la celebración de una consulta. Lo resumía perfectamente el jurista Javier Pérez Royo: “Si la Constitución sólo admite el ejercicio del derecho a la autonomía en los términos fijados por la sentencia del TC, entonces no podemos considerar la Constitución como nuestra. Esto es lo que vienen diciendo masiva y reiteradamente los ciudadanos de Catalunya desde que se dictó la sentencia. Si la fórmula de integración de Catalunya en España que hemos pactado con las Cortes Generales y aprobado en referéndum no cabe en la Constitución, según el TC, tendremos que buscarnos la vida fuera de la Constitución. Porque lo que no se nos puede pedir es que tengamos una voluntad distinta de la que tenemos”.

Y es aquí donde estamos ahora: queremos poder expresar qué queremos, y que se sepa. Sobre todo cuando ya nos han dicho por activa y por pasiva lo que no podemos querer. Ahora, esto no niega que tendremos que dedicar mucho tiempo a informarnos, a deliberar y a razonar. Porque está claro que queremos poder expresar nuestra voluntad. Lo que no está tan claro es si, en este nuevo escenario, sabemos qué queremos, y si estamos dispuestos a que pese más el deseo que el miedo.

Àngel Castiñeira y Josep M. Lozano, profesores de Esade-URL

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